Ruth y Boaz

Tratando a los demás con dignidad

El Altísimo no aprueba que se aprovechen de los más vulnerables; más bien enseña que cada persona tiene valor delante de Él.

En Deuteronomio 21:10-14 encontramos una enseñanza que, aunque fue dada en un contexto muy diferente al nuestro, todavía nos habla con claridad hoy. El pasaje trata de lo que ocurría cuando Israel iba a la guerra y tomaban cautivas. La instrucción de Yehováh era que, si un hombre se sentía atraído por una mujer cautiva y quería tomarla por esposa, debía tratarla con respeto: darle tiempo para llorar a su familia, permitirle dignidad y no abusar de ella. Y si después decidía no seguir con la relación, no podía venderla ni tratarla como esclava, sino dejarla en libertad.

Esto nos muestra que incluso en medio de circunstancias duras y violentas como la guerra, el Creador exigía respeto hacia la dignidad humana. El Altísimo no aprueba que se aprovechen de los más vulnerables; más bien enseña que cada persona tiene valor delante de Él.

Podemos ver este principio reflejado en la historia de Rut. Ella no era israelita, sino moabita. Al enviudar, decidió acompañar a su suegra Noemí y vivir bajo las leyes de Israel. Humanamente hablando, ella era extranjera, pobre y sin respaldo. Sin embargo, Boaz la trató con respeto. No la menospreció por ser de otra nación, sino que reconoció su fe y valentía. Le permitió recoger espigas en su campo, la protegió y finalmente la tomó como esposa. De esa unión nació la descendencia que llevaría al rey David, y más adelante a Yeshúa. Este relato nos recuerda que cuando respetamos a los demás, el Todopoderoso puede usar ese acto para grandes propósitos.

Otro ejemplo es la historia de Rahab, la mujer de Jericó que protegió a los espías de Israel. Humanamente, los israelitas podrían haberla despreciado por ser cananea y por su pasado. Pero Yehováh la vio con otros ojos. Ella mostró fe al creer en el poder del Creador y decidió proteger a los hombres de Israel. Gracias a su valentía, su vida y la de su familia fueron salvadas. Aquí aprendemos que el respeto no se trata de juzgar el pasado de las personas, sino de valorar su fe y su disposición a caminar hacia lo correcto.

En el tiempo de Yeshúa también encontramos este principio. Un centurión romano, hombre de autoridad, se acercó a Él pidiéndole sanidad para su siervo. A los ojos de muchos judíos, un romano era un opresor extranjero, pero Yeshúa no lo despreció. Al contrario, se sorprendió de su fe y dijo: “Ni en Israel he hallado tanta fe”. El centurión mostró respeto al reconocer la autoridad de Yeshúa, y Yeshúa mostró dignidad al escuchar y atender la petición de alguien que no era de su pueblo.

Después de la resurrección, en el libro de Hechos, encontramos a Cornelio, un centurión romano que buscaba sinceramente al Altísimo. Pedro, siendo judío, al principio dudaba si debía entrar en casa de un extranjero. Pero Yehováh le mostró que no debía llamar “impuro” a nadie que Él había limpiado. Pedro entonces predicó a Cornelio y a su familia, y ellos fueron sensibles a sus palabras. Este episodio marca un cambio histórico: el Creador abría las puertas de la fe a las naciones. Todo comenzó con la disposición de Pedro a respetar la dignidad de alguien que era diferente a él.

Todos estos ejemplos, desde la instrucción dada en Deuteronomio hasta los relatos del Nuevo Testamento, nos invitan a reflexionar. El Altísimo nos trata con respeto y amor, aunque no lo merezcamos. Él escucha nuestras oraciones, nos da libertad para elegir, nos corrige con paciencia y nos recibe con misericordia.

Si Yehováh, el Todopoderoso, nos trata de esa manera, ¿cómo no vamos nosotros a tratar con respeto a los demás? En el hogar, en el trabajo, en la calle, e incluso con aquellos que piensan o viven diferente, debemos recordar que cada ser humano fue creado a imagen del Creador.

Tratar a las personas con dignidad no es solo una buena costumbre: es reflejar el corazón de nuestro Padre. Cuando lo hacemos, mostramos al mundo el carácter de Dios y nos acercamos más al propósito para el cual fuimos creados.

¡Shalom!

Mockup NT

El Canon de la Biblia – Parte 2


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profecias israel palestina

Profecías del enfrentamiento israelí-palestino


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Criticando

Este mensaje le caería muy bien a…

Lo que dice la Toráh, es para cada uno de nosotros. No es “para los judíos” solamente, sino para quienes hemos decidido poner nuestra fe en el Mesías Judío: Yeshúa.

Deuteronomio 11:26 inicia con la palabra: MIRA! y es curioso que aunque el mensaje está dirigido a todo el pueblo de Yisrael, no habla en plural: Miren: sino en singular: Mira… ¿es esto importante?

​Por supuesto que sí. Todos los detalles por pequeños que parezcan son importantes en la Toráh. La razón es simple. Nosotros tendemos a pensar que las leyes, instrucciones, advertencias, exhortaciones y demás, están bien para los demás, mas no para nosotros mismos.​

De alguna manera hemos crecido pensando que somos la excepción a todas esas cosas y que nosotros podemos actuar como mejor nos parezca. Por ejemplo, nos cuesta trabajo respetar las filas, ceder el turno cuando conducimos nuestro auto o aceptar que a otra persona la traten mejor que a nosotros.

​Por eso Yehováh nuestro Padre, nos habla a cada uno y nos dice: “Mira! Tú; sí; es contigo que hablo, no con el que está a tu lado; el mensaje es para ti…”

​La relación con nuestro Padre Yehováh es algo enteramente individual. Si bien sus promesas extienden Su protección sobre los miembros de nuestra familia en momentos de prueba, eso no significa que de manera automática tales miembros  hayan entrado en una relación personal con Él. Recuerda que Yehováh no tiene nietos, ni sobrinos, ni primos, sino solo hijos! Por tanto cada uno de nosotros deberá, en algún momento de la vida, hacer un alto y enfrentarse a esa decisión crucial.

Entonces lo que dice la Toráh, es para cada uno de nosotros. No es “para los judíos” solamente, sino para quienes hemos decidido poner nuestra fe en el Mesías Judío: Yeshúa.​

Yehováh declara de manera inequívoca que aquellos a quienes Él considera su pueblo, tienen una identidad que se evidencia en varias cosas:

  1. Guardan el Shabbat: “Santificad mis shabbatot, para que sean señal recíproca, para que se sepa que Yo Soy Yehováh vuestro Dios. Ezequiel 20.20
  2. Obedecen su Toráh: “…pondréis éstas mis palabras sobre vuestro corazón y sobre vuestra alma, y las ataréis por señal sobre vuestra mano, y vendrán a ser como frontales entre vuestros ojos”. Deuteronomio 11:18. “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama…”  Juan 14.21
  3. Invocan el Nombre de Yehováh: “…todo el que invoque el nombre de Yehováh, escapará, porque en el monte Sión y en Yerushalayim quedará un remanente, conforme ha dicho Yehováh, y entre los supervivientes estarán los que Yehováh llamó. Joel 2.32

​En conclusión, necesitamos dejar de crear argumentos para no obedecer lo que nuestro Padre Yehováh nos ha dicho de manera clara y sencilla que debemos hacer.

Sí. El mensaje es para cada uno de nosotros y somos responsables individualmente de la manera que conducimos nuestra vida; porque un día cercano estaremos delante del Juez de toda la Tierra, para dar cuenta de lo que hayamos hecho mientras estábamos en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 

Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Yeshúa, el Mesías. Si sobre el Fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la mostrará, pues por el fuego será revelada, y el fuego probará la clase de obra de cada uno. Si la obra de alguno que sobreedificó, permanece, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; si bien él mismo será salvo, aunque así como por medio de fuego. ¿No sabéis que sois santuario de Yehováh, y el Espíritu de Yehováh mora en vosotros? 1 Corintios 3:11-16

Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Yeshúa, el Mesías, para que cada uno recoja lo que practicó estando en el cuerpo, sea bueno o malo. 2 Corintios 5:10

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La importancia de seguir Sus Instrucciones

Tenemos la responsabilidad de elegir llevar una vida de acuerdo a esos mismos estatutos y decretos, modelados por Yeshúa, y re-confirmados por él.

Un aspecto sobre el cual necesitamos reflexionar es que Yehováh le plantea a Yisrael, que una vez hayan entrado en la tierra, TODOS  los mandamientos que han recibido serán vigentes:

Pondréis cuidado pues en observar todos los estatutos y decretos que yo pongo hoy delante de vosotros.
Deuteronomio 11:32

Encontramos en esto una sombra de lo que es nuestra vida una vez que hemos sido rescatados por Yeshúa: Antes vivíamos en el mundo (Mitsrayim-Egipto) sin Dios y sin Toráh. Yeshúa llegó a nosotros nos rescató de la esclavitud del pecado (de los deseos, las pasiones, la culpa, el temor, etc.) y en cierto sentido “cruzamos el Jordán” es decir hicimos una tevilá (inmersión o bautismo), y declaramos públicamente que hemos entrado en una nueva vida.

Pero de la misma manera que la nación de Yisrael una vez establecida en la tierra prometida tenía la responsabilidad de elegir vivir de acuerdo a los estatutos y decretos entregados por Yehováh, nosotros, tenemos la responsabilidad de elegir llevar una vida de acuerdo a esos mismos estatutos y decretos, modelados por Yeshúa, y re-confirmados por él.

En otras palabras, si afirmamos que estamos en Yeshúa, nuestra vida ha de ser regida por sus Instrucciones – Toráh, porque como él claramente proclamó:

No penséis que he venido a abrogar (anular) la Toráh o los Profetas; no vine a abrogar, sino a dar cumplimiento.
Mateo 5:17

Declaración confirmada por Yojanán (Juan) en su primera carta:

En esto sabemos que le hemos conocido: si guardamos sus mandamientos. El que dice: yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y la verdad no está en él…  
1 Juan 2:3-6

Razón de la obediencia

Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Yehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.
Deuteronomio 12:28

Si observas cuidadosamente, te darás cuenta de que en ningún pasaje donde se invita a la obediencia, Yehováh dice que al hacerlo alcanzaremos la vida eterna! No! la obediencia es para que podamos establecer familias sanas, relaciones interpersonales adecuadas, negocios justos y una sociedad equilibrada que sea ejemplo para las demás naciones de la tierra. La salvación siempre fue planeada por misericordia mediante el sacrificio de Yeshúa, el cual fue anunciado desde Génesis 3:15.

En otras palabras Yehováh nunca tuvo la intención de que los seres humanos fueran salvos por el cumplimiento de la Ley – Toráh. Esta no fue dada con ese propósito. En cambio, sí encontramos vez tras vez que seguir sus Estatutos lo mejor que podamos, nos dará como resultado una vida de libertad, abundancia y comodidad en esta tierra.


Prosperidad sin Dios

¿Puede el éxito alejarnos del Creador?

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Yehováh advierte a Su pueblo sobre un peligro silencioso que aparece cuando llegan las bendiciones… Pero, ¿qué podría ser? La respuesta es: Olvidarse de Él. Esto dice la Escritura:

“Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Yehováh tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Yehováh tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos… y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Yehováh tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas…” Deuteronomio 8:10,14,17-18.

Muchas veces, cuando luchamos y tenemos poco, clamamos al Creador cada día. Pero cuando llega la estabilidad económica, un ascenso laboral, un título universitario o una meta cumplida, el riesgo es pensar: “Yo lo logré por mi esfuerzo”.

Claro que el esfuerzo es importante, pero la Escritura nos recuerda que la capacidad para trabajar, aprender y tener éxito viene del Todopoderoso. Él abre las puertas, pone personas clave en nuestro camino y nos guarda de peligros que ni siquiera vemos.

Yosef, el hijo de Ya’akov, pasó de ser vendido como esclavo a ser el segundo en autoridad en Egipto (Génesis 41). Cuando el faraón le pidió interpretar sus sueños, Yosef pudo haber aprovechado la oportunidad para engrandecerse, pero dijo:

“No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” . Génesis 41:16

Yosef sabía que su inteligencia y habilidad eran regalos del Altísimo. En nuestros días, esta actitud nos enseña que cuando recibimos un ascenso, ganamos un premio o logramos algo importante, debemos reconocer públicamente que el Creador nos dio las capacidades y la oportunidad.

Cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo y los egipcios fueron derrotados, Miriam, la hermana de Moisés, tomó un pandero y cantó:

“Cantad a Yehováh, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete”. Éxodo 15:21

Ella no celebró la astucia humana ni la fuerza militar, sino que exaltó al Todopoderoso como el verdadero vencedor. Así también nosotros, cuando superamos una enfermedad, salimos de una crisis o vemos cumplirse un sueño, debemos reconocer que no fue casualidad ni por nuestra capacidad únicamente, sino la mano del Creador obrando a nuestro favor.

David fue perseguido durante años por el rey Saúl y luego por su propio hijo Absalón. Sin embargo, siempre reconoció que Yehováh lo libró. En 2 Samuel 22:2-4 dijo:

“Y dijo: Yehováh es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste. Invocaré a Yehováh, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.”

En el mundo actual, donde la gente suele atribuir sus logros solo a estrategias o contactos, este ejemplo nos recuerda que debemos reconocer la protección invisible del Altísimo en cada paso que damos.

El mismo Yeshúa, nos dio el ejemplo perfecto de humildad y dependencia. En Juan 5:19 dijo:

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…”

Aun teniendo poder para hacer milagros, Yeshúa siempre dio gloria al Padre. En nuestras vidas, esta actitud significa reconocer que cada idea brillante, cada cliente nuevo, cada oportunidad de negocio, viene de la provisión del Creador.

El apóstol Pablo pasó de ser perseguidor de los creyentes a uno de los más grandes predicadores del Evangelio. Él nunca se atribuyó el mérito de su cambio, sino que dijo:

“Pero por la gracia de Yehováh soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo”. 1 Corintios 15:10

Pablo nos enseña que incluso nuestras transformaciones internas, la capacidad de dejar malos hábitos o de enfrentar retos, provienen de la obra del Altísimo en nosotros.

La reina Ester no buscó gloria personal cuando salvó a su pueblo, sino que confió en que el Altísimo la había puesto en ese lugar “para un tiempo como este” (Ester 4:14). Ella arriesgó su vida sabiendo que la victoria final dependía de Yehováh. En nuestros logros, debemos entender que muchas veces el Creador nos posiciona con un propósito más grande que nosotros mismos.

Hoy, vivimos en una cultura que promueve el “tú puedes con todo” y el “si lo logras, fue por tu esfuerzo”. Pero la Escritura nos invita a vivir diferente: reconociendo que todo lo bueno que tenemos viene de Dios.

Esto no significa que no debamos trabajar duro, estudiar o esforzarnos. Significa que debemos reconocer que el Altísimo es quien nos dio la salud para levantarnos cada mañana, la mente para entender, la energía para perseverar y las oportunidades para avanzar.

Cuando alcanzamos un título universitario, debemos decir: “Gracias, Yehováh, porque me diste la capacidad y abriste las puertas”. Cuando nuestra empresa crece, debemos declarar: “El Todopoderoso ha sido mi proveedor”. Cuando superamos una etapa difícil, debemos proclamar: “El Creador me sostuvo”.

Enseñando a nuestros hijos a glorificar a Dios

Las Escrituras no solo nos habla a nosotros, sino que nos recuerda que debemos transmitir estas verdades a la siguiente generación. Si nuestros hijos ven que damos gloria a Dios en cada logro, aprenderán que la vida no se trata solo de acumular éxitos, sino de honrar al Altísimo con ellos.

Podemos enseñarles con acciones simples:

  • Orar en familia cuando se logra una meta.
  • Agradecer públicamente al Creador en una graduación o en un evento especial.
  • Contarles historias bíblicas de personas que reconocieron que su victoria venía de Dios.

Conclusión

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Como dice Proverbios 3:6:

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

El reto para nosotros es no dejar que el éxito nos haga olvidar al Todopoderoso Yehováh, sino que cada logro sea una oportunidad para decir: “A Él sea la gloria”.

¡Shalom!

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¿Acaso el Cristianismo ha sido mejor que el Judaísmo?

El misterio de iniquidad está en acción desde la época de Yeshúa y se ha ido desarrollando permeando todo esfuerzo de los grupos que han tratado de detener el influjo de la maldad o que han querido renovar la fe a lo largo de los siglos.


A menos que tengamos claridad en nuestra mente, respecto a la diferencia entre practicar una religión y tener en realidad una relación vibrante con nuestro Padre Yehováh, no podremos entender y mucho menos poner en práctica las instrucciones provistas por medio de la Torá.

Las religiones han sido creadas por los hombres al añadir y/o quitar de la Palabra de Yehováh, en clara desobediencia a su instrucción:

Ahora pues, oye Israel los estatutos y decretos que os enseño, a fin de observarlos, para que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que Yehováh, el Elohim de vuestros padres, os da. Nada añadiréis a la palabra que yo os mando ni de ella quitaréis, para que guardéis los mandamientos de Yehováh vuestro Dios que yo os ordeno. Deuteronomio 4:1-2

Toda la palabra que yo os ordeno cuidaréis de hacerla. No añadirás a ello, ni quitarás de ello. Deuteronomio 12:32

No hay lugar a dudas. No debemos ni añadir, ni quitar NADA a las palabras de nuestro Padre Yehováh. Pero… ¿qué ha sucedido?

La Casa de Y’hudah (Judá) ha añadido durante siglos, innumerables reglas, tradiciones, interpretaciones, normas, agüeros e historias inventadas, para dar a luz lo que hoy se conoce como el Judaísmo; una religión desarrollada por hombres que Yeshúa  criticó y desaprobó personalmente.

Ah! En cambio la Iglesia… no ha sido mejor! Si bien no ha añadido, ha quitado mandamientos, estatutos, decretos, leyes y demás. Sin mencionar las mezclas que se ha atrevido a hacer en pro de la “evangelización”.

Por ejemplo la Iglesia decidió desechar el Shabbat y reemplazarlo por el domingo; desechó el calendario de Yehováh y en su lugar sigue el calendario pagano Gregoriano (romano); ha desechado las leyes dietéticas dadas por el Creador del Universo y se halla consumiendo alimentos declarados como “inmundos” por la Palabra de Yehováh; ha desechado las Fiestas establecidas por Yehováh y las ha reemplazado con celebraciones idólatras de claro origen pagano, pretendiendo “cristianizarlas”; el TANAK, erróneamente llamado: Antiguo Testamento, ha sido degradado, al considerarlo “antiguo” y por tanto no aplicable o pasado de moda, pues como muchos fanáticamente argumentan: “fue escrito para los Judíos!”; así también las raíces culturales fueron removidas al divorciarse de su herencia Semita y desechar el trasfondo Hebreo de las Escrituras; el nombre del Padre fue removido de la mayoría de versiones modernas, reemplazándolo con la palabra SEÑOR, y el nombre del Mesías: Yahoshúa (Yeshúa, en su versión corta) fue también reemplazado por un nombre griego: Jesús; y la lista es interminable.

Resultado: el cristianismo actual también es una religión desarrollada por hombres, contaminada, mundanalizada y anclada en la cultura y tradiciones griegas y paganas; y al igual que el judaísmo será desechada por Yeshúa cuando regrese por su Pueblo.

¿Qué hacer entonces?

Lo mismo que le recomendaríamos que hiciera sin demora un niño como el de la imagen: SALIR DE ALLI CUANTO ANTES!

​El mundo actual es una buena ilustración de la condición de los actuales sistemas religiosos. Contaminamos nuestro hermoso planeta de manera irresponsable y TODOS ponemos nuestro grano de arena. Cuando consumimos productos industrializados, sobre empacados, no reciclables, etc. estamos ayudando al problema. Aunque es verdad que hay unas pocas organizaciones tratando de detener este torrente de contaminación, lo que pueden hacer es ínfimo respecto de la dimensión trágica del problema.

En el ámbito espiritual sucede algo parecido. El misterio de iniquidad está en acción desde la época de Yeshúa; nunca se ha detenido; por lo contrario, se ha ido desarrollando permeando todo esfuerzo de los grupos que han tratado de detener el influjo de la maldad o que han querido renovar la fe a lo largo de los siglos.

Hoy somos testigos de que los torrentes de maldad son incontenibles contaminándolo todo: Gobiernos, economías, iglesias, instituciones educativas y todo tip de organizaciones e individuos. Pensar que Dios traerá un avivamiento que finalmente cambiará las cosas por medio de líderes humanos, es un sueño que nunca se hará realidad, porque Yehováh ha anunciado que, en lugar de eso, llegarán juicios sobre esta generación torcida y perversa antes de hacer nuevas todas las cosas.

Por esa razón Su llamado para nosotros es: Salid de Babilonia pueblo mío y no toquéis lo inmundo…

Desde su origen (en Babel) la característica de Babilonia ha sido la rebelión, la arrogancia, la confusión. Babilonia se ha jactado de abrazar todos los credos para dar cabida a quienes se acerquen a ella para beber del vino de sus fornicaciones. Babilonia no tiene arreglo; por eso Yehováh la destruirá totalmente y a nosotros nos corresponde huir de allí.

Lo único que podemos hacer, es advertir a quienes más podamos, del peligro que está por llegar para que salgan del sistema al igual que nosotros. Pero tratar de descontaminar un sistema que nació corrupto, no es posible. Yehováh lo destruirá con su fuego poderoso.

¿Y tú? ¿seguirás jugando a la religión humana arriesgando tu estado eterno, mientras estás satisfecho con lo que practicas actualmente? Piénsalo bien:

¡El tiempo es corto y estamos llegando al punto de NO RETORNO!


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IA y Espiritualidad

Cortesía del Club de Patrocinadores

la IA desafía la creencia de que solo Dios puede crear seres conscientes y racionales.

La inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en una parte integral de nuestras vidas, transformando la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Pero, ¿qué impacto tiene la IA en nuestra vida espiritual y en nuestra conexión con Yehováh? Conforme avanza la tecnología, surge la pregunta de cómo la IA influirá en la espiritualidad y si puede coexistir con nuestras creencias más profundas.

La creación de sistemas de IA avanzados cuestiona la naturaleza misma de la conciencia y la espiritualidad. ¿Acaso una máquina podría entender algo como «una experiencia espiritual»? Al no poder hacerlo puesto que carece de alma (intelecto, voluntad y sentimientos), ¿cómo podría relacionarse con los seres humanos que poseen esa dimensión más allá de lo puramente medible o científico y que además se halla arraigada en nosotros por generaciones y hasta está presente en nuestro ADN? Estos interrogantes nos empujan a explorar las conexiones entre los seres humanos y la inteligencia artificial, y cómo pueden coexistir.

La IA desafía la creencia de que solo Dios puede crear seres conscientes y racionales. A medida que los humanos diseñan algoritmos y sistemas capaces de tomar decisiones (?) y de aprender, surge la pregunta de si esta puede ser considerada una forma de creación. ¿Es la IA una manifestación moderna de la creación humana, o es simplemente una herramienta para explorar y comprender mejor la creación divina?

No podemos olvidar que cuando Yehováh nos creó, lo hizo a Su imagen y semejanza. Pero sabemos que no se refería a una semejanza corporal porque Él es espíritu. Así que lo que Él hizo, fue darnos facultades similares a las suyas: una mente -con conciencia, capacidad de raciocinio, de reflexión, de investigación, de creación-; una dimensión sentimental: capacidad de amar, odiar, tener misericordia, perdonar, etc., y la parte más maravillosa e inigualable: nos dotó con una voluntad, es decir la capacidad de tomar decisiones. De manera que a diferencia de la IA que solo se basa en información codificada, – el equivalente a nuestra mente- nosotros combinamos todos esos atributos para hacer decisiones y eso es algo que una máquina nunca podrá hacer.

Sí; quizás una máquina pueda acumular mucha más información que nuestro cerebro, pero nunca poseerá la parte subjetiva que proviene de sentir, de percibir, de intuir, porque esas facultades residen en el alma, esa parte invisible que es el halo del Creador en nosotros.

Las máquinas siempre carecerán de la capacidad de «sentir» la cual reside en el alma


Según sus «creadores», la IA se programa con el propósito de la toma de decisiones éticas y teniendo en cuenta los valores culturales. Sin embargo aquí surge otra gran pregunta: ¿Con referencia a qué, se codifican esos principios éticos? ¿Tal programación refleja los valores morales-espirituales provistos por Yehováh? ¿cuál es su marco? Es decir, ¿está la IA, siendo programada para respetar la dignidad humana y promover la justicia según lo enseñado en la Toráh de Yehováh?

Otros problemas serios tienen que ver con la privacidad y la autonomía. Yehováh nos concedió el derecho a una vida privada y a ejercer lo que conocemos como libre albedrío. Pero… ¿podrá la IA ser programada para entender lo que significa tanto el derecho a la privacidad, como el respeto que nos fue otorgado por nuestro Creador para tomar decisiones aunque estas sean erróneas?

En última instancia, el efecto de la inteligencia artificial en la vida espiritual del hombre es un tema que requiere cuidadosa reflexión. La IA puede ofrecer oportunidades para explorar mucha información al respecto, pero también cuestiona la esencia misma de lo espiritual y la relación del hombre con lo divino.

Quienes avanzamos por el Camino de la Verdad, somos responsables de «vigilar» atentamente las sutilezas de las que el Oponente puede echar mano, porque la advertencia de Yeshúa sigue en pie:

…aparecerán falsos Mesías y falsos profetas que harán grandes milagros -¡cosas asombrosas!- para engañar, si es posible, incluso a los elegidos.

Mateo 24:24

Si hoy apareciera un profeta tal como lo concebimos, probablemente no tendría credibilidad alguna. Pero si surge un científico, una mente brillante, capaz de seducir con sus argumentos las mentes de la gente que están acostumbradas a rendir culto a la ciencia, entonces tal individuo podría conducir a las multitudes por la senda que desee; y muy probablemente una de sus herramientas, sea la IA. Piensa en esto y reflexiona seriamente.

Davar

Davar (דָבָר) – La Palabra

La palabra “d’varim”, es la misma palabra que le da nombre al libro de Deuteronomio, ya que cada libro en la Toráh recibe su nombre de una de las palabras que se encuentran en el primer verso de cada libro. 

Lo más fascinante sobre la palabra דָבָר  es que es utilizada no solo para decir “palabra”, sino también para decir “cosa”. Esto tiene perfecto sentido cuando tomamos en cuenta que cada cosa (davar) en este universo fue creada a través de la palabra (davar). ¡Fascinante! ¿No?

Observe el siguiente verso:

Después de estas cosas (d’varim) vino la palabra (davar) de Yehováh a Abram en visión.
Genesis 15:1

Aquí pueden verse ambas acepciones siendo utilizadas. En el primer caso: cosas, es d’varim en lugar de davar por estar en plural.

Y hablando de la palabra “d’varim”, esta es la misma palabra que le da nombre al libro de Deuteronomio, ya que cada libro en la Toráh recibe su nombre de una de las palabras que se encuentran en el primer verso de cada libro. Y así comienza el libro de Deuteronomio:

Estas son las palabras (d’varim) que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto.
Deuteronomio 1:1

Por lo cual, leyéndolo en hebreo, si prestó atención a este artículo, comprenderá que este último versículo podría bien traducirse como estas son las cosas que habló Moisés”. Como ve, en la riqueza de la lengua hebrea tenemos a menudo varios significados para una sola palabra, por lo cual no es asunto de culpar al traductor por elegir una de las definiciones, ya que esta es la única manera de llevar a cabo la tarea de traducción, pero sí es importante estudiar la lengua original de las escrituras para poder enriquecernos de tantas otras dimensiones de entendimiento del mensaje comunicado por el Creador.

Llorando sin causa

¿Vale la pena llorar por eso?

El llanto, cuando nace de la desesperanza y no de la fe, puede ser rechazado por el cielo.

Y llorasteis delante de Yehováh, pero Él no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.

Devarim / Deuteronomio 1:45

Llorar no siempre mueve el corazón del Creador. Sí, leíste bien.

No todas las lágrimas agradan a Yehováh. Las Escrituras muestran que el llanto nacido de la incredulidad puede ser tan ofensivo como las palabras de rebelión.

Así ocurrió con nuestros antepasados en el desierto. Lloraron amargamente… pero no fue un llanto santo. No brotó del arrepentimiento, sino de la incredulidad. No nació de la humildad, sino del miedo. No fue un clamor que buscaba a Yehováh, sino la expresión de un corazón que había dejado de confiar en Sus promesas.

El contexto es claro. Yehováh les había prometido una tierra buena, amplia y abundante. Sin embargo, cuando escucharon el informe de los espías, dejaron de mirar al Creador y comenzaron a mirar a los gigantes. Las promesas quedaron opacadas por las circunstancias, y entonces lloraron.

Pero aquellas lágrimas no cambiaron el corazón de Yehováh, porque el verdadero problema no era el miedo, sino la falta de fe.

Años después volvieron a llorar. Esta vez, cuando comprendieron las consecuencias de su desobediencia, intentaron subir a conquistar la tierra por su propia cuenta. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Yehováh les había dicho que no subieran, y aun así insistieron. Fueron derrotados y regresaron llorando delante de Él.

La lección es profunda: Las lágrimas nunca sustituyen la obediencia.

El día que quedó marcado por el llanto

La tradición judía identifica este episodio con el 9 de Av, el noveno día del quinto mes del calendario hebreo.

El Talmud (Ta’anit 29a) preserva una conocida enseñanza atribuida a Yehováh:

Ustedes lloraron sin motivo; Yo les daré un motivo
para llorar en este día.

Aunque esta afirmación pertenece a la tradición judía y no aparece literalmente en las Escrituras, resulta llamativo que muchas de las mayores tragedias de la historia de Israel terminaran asociándose con esa misma fecha: la destrucción del Primer y del Segundo Templo, la expulsión de los judíos de España, y otros acontecimientos dolorosos.

Más allá de cómo cada uno valore esta tradición, el mensaje espiritual permanece vigente: una generación que deja de confiar en las promesas de Yehováh termina prolongando innecesariamente su desierto.

¿Qué nos enseña esto hoy?

Muchos creyentes continúan llorando por lo que no tienen, en lugar de agradecer por lo que Yehováh ya les ha prometido.

Se quejan del tamaño de los gigantes, pero olvidan la grandeza del Dios que los llamó. Se concentran en la dificultad del camino, mientras pierden de vista la herencia que les espera. Y, sin darse cuenta, vuelven a repetir la historia.

Pregúntate:

¿Estoy llorando porque las circunstancias parecen imposibles, o porque realmente he quebrantado mi relación con Yehováh?

¿Me paraliza el “no puedo” más de lo que me fortalece el “Yehováh puede”?

Tres clases de lágrimas

  • Lágrimas de arrepentimiento

Nacen de un corazón quebrantado que reconoce su pecado y vuelve al Padre.

Los sacrificios de Elohim son el espíritu quebrantado…
Salmo 51:17

Estas lágrimas abren el camino a la restauración.

  • Lágrimas de dolor con esperanza

El sufrimiento es real. Perder a un ser amado, enfrentar enfermedad o atravesar pruebas produce lágrimas legítimas.

Pero cuando ese dolor está acompañado por la confianza en Yehováh, las lágrimas no terminan en desesperación, sino en esperanza.

Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.
Salmo 126:5

  • Lágrimas de incredulidad

Estas revelan un corazón que ha dejado de confiar en las promesas de Yehováh. No son lágrimas de arrepentimiento, sino de resistencia a creer. Por eso Moisés recordó a aquella generación:

Y llorasteis delante de Yehováh, pero Él no escuchó vuestra voz.
Devarim 1:45

¿Qué podemos hacer hoy?

Examina tu corazón. ¿Nacen tus lágrimas del quebranto o de la frustración? De ser así, confiesa tu incredulidad. Si has permitido que el temor sea mayor que la confianza, vuelve a Yehováh.

Llora con propósito. No llores solamente por tus circunstancias. Llora por tu pecado; llora por quienes aún no conocen a Yehováh. Llora por la restauración de Israel; llora por quienes se han apartado del camino.

Pero no permitas que el miedo te haga llorar por el mismo desierto del que Yehováh ya prometió sacarte. Las lágrimas, por sí solas, no impresionan al Creador. La fe sí.

Las Escrituras dicen que Yehováh guarda nuestras lágrimas (Salmo 56:8), pero también muestran que Él busca corazones que le crean. Por tanto no repitas el error de aquella generación. Mira más a las promesas, que a los gigantes y confía más en la voz de Yehováh que en las circunstancias.

Y si vas a llorar… que tus lágrimas rieguen la obediencia, y no la incredulidad.