Decisiones

¡Por supuesto que hoy podemos recibir la guía de Yehováh!

Ya hemos cometido suficientes errores interpretando la vida según los patrones de un mundo que vive al margen de Dios. Es tiempo de revisar la eficiencia de tales patrones y aprender los que Yehováh nuestro Padre, nos revela.

La toma de decisiones es uno de los asuntos más delicados de la vida. Existen decisiones sin mayor trascendencia, pero hay otras que implican cambios profundos y cuyas consecuencias afectan no solo nuestra propia vida, sino también la de quienes nos rodean o dependen de nosotros. Sus efectos pueden extenderse por largo tiempo o incluso ser permanentes. Decisiones de ese calibre no pueden tomarse a la ligera; requieren discernimiento y la capacidad de elegir con sabiduría.

Por eso, la pregunta más importante que todo hijo de Yehováh —consciente y agradecido por haber sido rescatado— debe aprender a formular es:

“Padre, ¿qué quieres que haga? ¿Cuál es tu voluntad a partir de ahora? ¿Qué debo hacer en esta circunstancia?”

Hemos cometido suficientes errores interpretando la vida según los patrones de un mundo que vive al margen de Dios. Ya conocemos el dolor y las desilusiones que producen los métodos “garantizados” del sistema; hemos visto cómo se desvanece la esperanza después de escuchar una y otra vez las promesas vacías de líderes políticos, sociales e incluso religiosos. Entonces, ¿por qué insistir en recorrer el mismo camino?

El problema surge cuando deseamos conocer la dirección de Yehováh y descubrimos nuestra dificultad para escucharle. Nos cuesta discernir sus señales, su voz y sus indicaciones, porque durante años aprendimos a guiarnos por nuestros propios impulsos o por voces equivocadas.

No se trata aquí de cuestiones morales básicas. Todos sabemos que robar, mentir o agredir está mal. El desafío real está en las decisiones cotidianas: ¿debo asistir a esta reunión?, ¿conviene hacer esta compra?, ¿es el momento adecuado para dar este paso? Para enfrentar estas situaciones, existen principios claros que nos ayudan a discernir la dirección de Yehováh.

PAUTAS PARA TOMAR DECISIONES ACERTADAS

  • ¿QUE DICE LA ESCRITURA? (Deuteronomio 28:13; Josué 1:8–9)

    Cuando la opción que tenemos delante está claramente definida en las Escrituras, no hay nada que debatir. La obediencia no admite matices ni excepciones. Así debe hacerse.

    La Palabra de Yehováh no relativiza Sus mandamientos. No dice: “No robarás, excepto si la otra persona tiene de sobra”, ni tampoco: “No mentirás, salvo que sea una mentira pequeña que no perjudique a nadie”. No. Quien roba es ladrón, sin importar el monto; quien miente es mentiroso, sin importar la frecuencia.

    Cuando la Escritura es clara, la respuesta es simple: obedecer.

  • LA VOZ DE YEHOVÁH (Exodo 15:26; 19:5)

    Yehováh habla de diversas maneras, pero la principal es Su Palabra revelada. Sin embargo, no todas las circunstancias específicas de la vida aparecen descritas literalmente en las Escrituras. En esos casos, Él también puede guiarnos por medio del pensamiento: ideas que nos llevan a reflexionar, a evaluar una situación, o a considerar una acción que no habíamos contemplado.

    El problema es que el enemigo también utiliza la mente para sugerir conductas erradas. Por eso, el discernimiento es esencial. La diferencia está en la naturaleza de esos pensamientos. Yehováh nunca impulsa a la autocompasión, la venganza, el rencor, el engaño ni la ventaja injusta sobre otros.

    La manera de protegernos es andar en obediencia a la Torá, las Instrucciones de Yehováh. Al hacerlo, permanecemos bajo un “paraguas” espiritual que nos capacita para discernir el origen de los pensamientos que llegan a nuestra mente.

  • UNA MENTE RENOVADA (1Corintios 2:16)

    Durante años vivimos en tinieblas antes de conocer a Yeshúa. Y aun después de decidir seguirle, muchos hemos justificado la desobediencia apelando a una teología cristiana tradicional que afirma que ya no es necesario obedecer los mandamientos de Yehováh. Esto endurece el corazón y nos vuelve lentos para oír Su voz.

    Por eso es imprescindible renovar nuestra manera de pensar: aprender a pensar como Yehováh, adquirir Su perspectiva de la vida y del mundo que Él creó.

    El apóstol Shaúl lo expresa con claridad:

    “Así que, hermanos, os exhorto por la misericordia de Dios a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Yehováh, que es vuestro servicio racional. No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la voluntad de Yehováh: buena, agradable y perfecta.”

    Romanos 12;1-2

    La mente se renueva cuando acudimos a la Palabra, la memorizamos, meditamos en ella y la obedecemos. Es un proceso que exige decisión, esfuerzo y constancia, pero es posible. A medida que nuestra mente se alinea con la de Yehováh, nuestros impulsos y reacciones comienzan a reflejar Su carácter, y discernir qué hacer en momentos críticos se vuelve más claro.

  • EL CONSEJO DE UN SEGUIDOR DE YESHÚA MAS MADURO (Salmo 1)

    Para adquirir la experiencia de la vida, no existen atajos. No puedes ver la vida como una persona de muchos años, si no tienes muchos años! Aquí es donde la autosuficiencia de la juventud, nos hace una mala jugada. Pensamos que por dominar un poco de tecnología somos más sabios que los mayores, y eso es falso!

    Entonces ¿por qué no acudir a personas que llevan un buen recorrido en el sendero de la obediencia a Yehováh y cuyo testimonio es evidente para escuchar sus puntos de vista respecto a nuestra situación? Esas son personas equipadas para orientar. Pero ten cuidado: no busques que ellos decidan por ti. Las decisiones finalmente son responsabilidad tuya delante de Yehováh y eres tú quien debe evaluarlas, orar por ellas y buscar que Yehováh te las confirme de alguna manera, tal como Yitró le recomendó a Moshé en Éxodo 18:23. Evita a toda costa, el consejo de personas que no conocen a Yehováh ni Su Palabra, porque inevitablemente te conducirán por caminos errados:

 

¡Cuán bienaventurado es el varón que no anduvo en consejo de malos,
ni se detuvo en camino de pecadores,
ni en silla de escarnecedores se ha sentado!
sino que en la Ley de Yehováh está su delicia,
y en su Ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de agua,
que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita,
y todo lo que hace prosperará.

Salmo 1:1-3

  • LAS CIRCUNSTANCIAS
    Podemos vernos tentados a tomar decisiones porque las circunstancias parecen favorecerlo todo. Pero esto no es suficiente. El enemigo puede plagiar o acomodar situaciones, bajo el permiso de Yehováh, para  ponernos a prueba y saber si somos realmente obedientes a Sus Instrucciones o no.

    Otras veces las circunstancias parecerán ser totalmente adversas, lo cual no necesariamente significa que debiéramos renunciar a lo que perseguimos, porque tales obstáculos pudieran estar allí para poner a prueba nuestra convicción de lo que queremos lograr. 

    Entonces si bien las circunstancias pueden favorecer o no una decisión, no deben ser consideradas como el único parámetro a tener en cuenta.

Estos principios constituyen un buen punto de partida para aprender a buscar y discernir la dirección de Yehováh. Practicarlos de manera constante te dará experiencia y sensibilidad espiritual, y con el tiempo descubrirás otros aspectos que te ayudarán a andar como anduvo Yeshúa.

Religión vs. Tora

Yeshúa condenó la religión, pero defendió la Torá


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Trabajo esclavo

¿Fue Abolida la Esclavitud Realmente?

¿Se terminó la esclavitud realmente el Siglo pasado? ¿O el concepto “evolucionó” para presentarse hoy con otro lenguaje?

Cuando nos enteramos de la manera que se producen industrialmente muchos bienes (ropa, zapatos, computadores, etc.) no podemos dejar de considerar las condiciones en las que la gente es llevada a trabajar. En la mayoría de casos, las jornadas de trabajo son extensas, los salarios bajos y el trato es inhumano. Es entonces cuando nos debemos preguntar si realmente la esclavitud se terminó el Siglo pasado, o si más bien el concepto “evolucionó” para presentarse con otro lenguaje.

El capítulo 21 del libro de Éxodo, nos habla de la relación entre los señores o amos y los siervos o esclavos, lo cual nos invita a reflexionar acerca de las relaciones laborales modernas; dicho de otra forma: “Las relaciones entre jefes y subalternos”.

¿Crees que ya no existe la condición de esclavitud en los países desarrollados o en vías de desarrollo? Una mirada cruda a la realidad que quizás tú mismo estés viviendo te convencerá de lo contrario.

Si bien en aquél tiempo era una práctica aceptable “adquirir” ó “vender” un siervo, Yehováh establece una perspectiva humanitaria al respecto. Tales expresiones hoy nos parecen repulsivas, por cuanto hablar de comprar o vender un ser humano no solo es detestable sino cruel e injusto. Pero esta situación sigue ocurriendo en nuestros días solo que sutilmente disfrazada y utilizando otros nombres.

No es un secreto que existen patrones o dueños de compañías que se comportan como si poseyeran las vidas de sus empleados o subalternos; por tal razón los mantienen amedrentados bajo amenazas de despido si es que no actúan conforme a sus caprichos y les hacen sentir como personas sin valor al enfatizarles que son individuos prescindibles o en otras palabras: desechables y de fácil reemplazo, cuando ya no se ajusten a los deseos de sus jefes, gerentes, ejecutivos, supervisores o quien sea que ejerza autoridad sobre ellos.

Cuando a una persona se da la oportunidad de trabajar pero sin darle días de descanso, o bien condicionándoselos a las necesidades de la empresa; cuando el salario no corresponde con el esfuerzo o la capacitación que exige tal empleo; cuando se establece una diferencia de pago según el sexo de la persona, etc., entonces estamos ante condiciones de esclavitud, porque el empleador teniendo conocimiento de que hay decenas o cientos de potenciales empleados, se aprovecha de tal circunstancia para hacer demandas que podríamos calificar de  detestables, crueles e injustas, y así usamos las mismas palabras que describen lo que sentimos ante el concepto de la trata de personas mencionada anteriormente.

¿Estás en una posición de autoridad en tu trabajo?

Cualquiera que sea el nivel de autoridad que manejas en tu lugar de trabajo, tienes la responsabilidad (si es que eres un seguidor de Yeshúa), de actuar conforme a las instrucciones de Yehováh al respecto (Exodo 21:2-6; Efesios 6:9)

Y vosotros, amos (jefes, gerentes), haced lo mismo con ellos, no recurriendo a la amenaza, sabiendo que el Señor (la autoridad), tanto de ellos como vuestro, está en los cielos, y que no hay acepción de personas en su presencia. Efesios 6:9

Yehováh sabe que hay seres humanos con menos oportunidades, con menos influencias, o con talentos limitados. Tales personas necesitan ser guiadas para completar bien una tarea; pero eso no los hace seres humanos inferiores! Sencillamente son dependientes en ciertos aspectos de su vida; por tanto aquellos que tienen capacidad de dirección, son responsables de cuidar de ellos, buscando desarrollarles para que puedan crecer y prosperar.

El propósito de nuestro Creador no es ampliar la cantidad de personas subyugadas, sino permitir que quienes están mejor capacitados ayuden a los menos favorecidos. Así es que, un patrón o jefe que teme a Yehováh y respeta Sus decretos u ordenanzas (Toráh), respetará también a sus empleados o subalternos preocupándose diligentemente por el bienestar de ellos y de los suyos.

¿Eres subalterno?

También en este caso las Escrituras nos proveen instrucciones:

Los siervos, obedeced a los señores según la carne, con temor y temblor, con sinceridad de corazón, como al Mesías; no sirviendo al ojo, como los que procuran agradar a los hombres, sino como siervos del Mesías, haciendo la voluntad del Señor desde lo íntimo del ser. Servid con buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres; sabiendo que cada uno, según lo bueno que haga, esto obtendrá de Señor, sea esclavo o sea libre. Efesios 6:5-8

Siervos, obedeced en todo a vuestros señores según la carne, no sirviendo al ojo, como los que agradan a hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor. Cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia: a Mesías el Señor servís. Pero el que obra con injusticia, recibirá conforme a la injusticia que obró, porque no hay acepción de personas. Colosenses 3:22-25

Estos dos pasajes enseñan claramente, que la actitud que debemos tener cuando realizamos un trabajo o cuando hacemos un servicio, es la misma que debiéramos tener si tal acción la estuviésemos realizando para nuestro Padre Yehováh. En eso consiste ser luz en un mundo de tinieblas.

Esta actitud no impide que anhelemos progresar en el trabajo o “ascender” como se dice mas popularmente, es más bien un llamado a evitar la mediocridad, la irresponsabilidad y la falta de testimonio, cosas por las cuales los nombres de Yehováh y de Yeshúa son menospreciados entre quienes conocen de nuestra identidad espiritual.

Actuar con integridad en el trabajo abre las puertas para escalar a posiciones mejores porque realmente quien está detrás de todo esto, es Yehováh y quizás te está entrenando por medio de tales experiencias para que puedas ejercer cargos de mayor cuidado y responsabilidad cuando llegues a Su Reino.


TV a la 1-AM

El Síndrome de Faraón: ¡Prometemos y volvemos a caer!

Cuando cometemos errores y, vemos sus consecuencias, nos sentimos acorralados; nos duele haber fallado y llegamos a avergonzarnos. Entonces vienen las promesas, juramentos o alianzas con tal de minimizar los daños.

No deja de sorprender cómo el Faraón, en reiteradas ocasiones, cambiaba su decisión de dejar partir a los hebreos. Cuando las plagas lesionaban su reino y no hallaba explicaciones, bajaba la cabeza, reconocía su error e ¡incluso llegó a pedir que oraran por él! En esos momentos, decidía sinceramente dejarlos ir. Pero, cuando todo se calmaba, su orgullo retornaba y permitía que su arrogancia tomara de nuevo el control.

En efecto, era una manera absurda de proceder. Pero… ¿acaso nosotros no hacemos lo mismo? Cometemos errores y, al notar las consecuencias, nos sentimos acorralados; nos duele haber fallado y llegamos a avergonzarnos. Es entonces cuando hacemos promesas, juramentos o alianzas con tal de minimizar los daños y evitar repetirlos. Es probable que seamos sinceros en ese instante y lamentemos nuestro comportamiento; al menos hasta la próxima vez cuando, una vez asimilado el dolor u olvidadas las consecuencias, volvemos a cometer la misma falta.

Así opera la naturaleza humana. Te quedas mirando la televisión hasta la 1a.m. un día de semana y prometes que mañana será diferente. Realmente lo deseas. Pero cuando el mañana llega, la culpa y la frustración han disminuido, no te sientes tan cansado y hay buenos programas… y a la 1 a. m. te prometes de nuevo que no volverá a ocurrir.

Volvamos al Faraón. ¿Estaba listo para otra plaga solo porque el dolor de la anterior había disminuido? ¡Es una locura! Nosotros hacemos lo mismo y es igualmente alocado. Sin embargo, puede haber una diferencia con el Faraón: reconocer que estamos actuando de forma irracional.

Si lo reconocemos, existe la posibilidad de cambiar, y esa decisión solo la podemos tomar nosotros. El problema es que, cuanto más la retrasemos, mayor será el control que aquello que deseamos abandonar ejercerá sobre nosotros.

¿Cuál es tu desafío? ¿Cuál es tu reto? El apóstol Shaúl (Pablo) afirma:

“Porque no nos ha dado Yehováh espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

2 Timoteo 1:7

Pensar —al igual que el Faraón— que esa manera errática de vivir finalmente nos traerá la solución es, simplemente, posponer lo inevitable. El momento es hoy; es ahora. Toma la decisión que has estado retrasando y, de una vez, modifica para bien tu vida y la de aquellos que te rodean.


Yosef no asimilado

Y Tú… ¿Ya fuiste asimilado?

Yosef no fue el primero en enfrentarse al problema de la asimilación cultural, venciéndolo con éxito.

Ante todo, precisemos la expresión: Asimilación Cultural. Es el proceso mediante el cual una persona o grupo adopta, de manera parcial o total, las costumbres, valores, normas, idioma y comportamientos de otra cultura, a menudo dominante o diferente a la suya. Este proceso puede ser voluntario, como una forma de integración, o resultado de presiones sociales, económicas o políticas. Aunque facilita la convivencia y la adaptación en un nuevo entorno, también puede implicar la pérdida o dilución de la identidad cultural original.

Yosef en Egipto

Yosef no fue el primero en enfrentarse al problema de la asimilación cultural, venciéndolo con éxito. Abraham, Yitsjak (Isaac) y su padre Israel (Ya’akov), habían sido capaces de mantener su identidad y su lealtad a Yehováh, a pesar de estar rodeados de gente pagana.

¡Ahora Yosef estaba solo! Por supuesto que Yehováh estaba con él; pero no había nadie más de su familia; sin embargo fue capaz de mantener sus valores y su confianza en ‘El, Elohim de sus padres, lo cual se hace evidente cuando les dice a sus hermanos durante su primer encuentro después de 17 años:

Yo temo a Elohim (Dios) Genesis 42:18

Yosef no solo no había asimilado, sino que influyó en quienes estaban cerca de él, lo cual es evidente cuando en el segundo viaje, al retornar el dinero al siervo de Yosef, este lo recibe y dice a sus hermanos:

Paz a vosotros, no temáis.  Vuestro ‘Elohim, el ‘Elohim de vuestro padre os dio un tesoro escondido en vuestros costales; vuestra plata llegó a mi. Génesis 43:23.

Así a pesar de que Yosef lucía externamente como un egipcio, hablaba la lengua egipcia y tenía un nombre egipcio: Tsafnat Panéaj, nunca dejó de ser Yosef, el hijo de Ya’akov. Pensemos: una vez establecido en Egipto, Yosef podría haberse olvidado de su familia y de sus creencias; después de todo, le habían rechazado fríamente vendiéndolo como si no fuera de la familia; sin embargo, mantuvo su identidad.  Esta convicción, es lo que dirige las acciones de Yosef aún respecto de su familia.

¿Y tú, ya te asimilaste?

No eres del mundo; porque fuiste “sacado de Egipto” cuando aceptaste someterte a Yeshúa el Mesías. Pero…  si vistes siguiendo la moda del mundo, hablas como cualquier persona del mundo, comes lo que todo el mundo come, tus metas son las que establece el mundo (dinero, buen nombre y poder), si la manera en que haces tus negocios es la misma del mundo que te rodea y además celebras las fiestas del mundo y sus tradiciones entonces, la respuesta es un lamentable SI. ¡HAS SIDO ASIMILADO!

Maccabees

La Prueba Macabea: Fe Bajo Presión

Para algunos no es evidente, que la presión de la sociedad y el sistema del mundo, actualmente nos están llevando a una situación similar a la de los Macabeos.

Por estos día celebramos Janucá; la Fiesta principalmente hace memoria de la victoria que Yehováh otorgó a nuestros padres cuando los ejércitos griegos invadieron Judea y quisieron eliminar todo vestigio de la Toráh y de su influencia en el pueblo de Israel, profanando el Templo y obligando a la gente a abdicar de su obediencia a la Toráh.

Pero una familia, la de Sh’món Macabeo, se levantó y lideró un pequeño ejército que derrotó la enorme máquina militar de los griegos; posteriormente llevaron a cabo la re-dedicación del Templo, para limpiarlo de toda contaminación, y así se estableció que anualmente se hiciera memoria de todos estos hechos en las generaciones por venir.

Vale la pena aclarar, que hay una leyenda respecto a la multiplicación milagrosa del aceite para mantener encendida la Menorá del Templo tras su purificación en aquél tiempo, y que da origen a la tradición del encendido de un candelabro de nueve brazos llamado hanukia. Según los rabinos debe seguirse un orden inventado por ellos para encender las velas cada día, recitando ciertas plegarias en el momento indicado.

Lamentablemente, esta tradición ha desplazado la verdadera razón de la celebración, que debe ser el valor, la decisión, el compromiso, la bravura, y la dependencia total de Yehováh de los Macabeos, para vencer a los enemigos que amenazaron su libertad y sus creencias.

¿Qué de Yeshúa?  

Yeshúa participó en esta Fiesta de la Dedicación, tal como lo nos relata el Evangelio según Juan. Sin embargo al ignorar la conexión de esta festividad con la historia de los macabeos, perdemos totalmente el sentido de responsabilidad y compromiso que Yeshúa tenía con su cultura y las tradiciones de su pueblo.

Entonces cabe preguntarnos… ¿Estamos en condiciones similares hoy?

Para algunos no es evidente, aunque la presión de la sociedad y el sistema del mundo, actualmente nos están llevando a situaciones similares. Ahora bien, antes tales presiones podemos asumir una de tres posiciones:

  1. Abiertamente transgredir la Toráh, con una actitud desafiante, alegando que tales Instrucciones no me conciernen.
  2. Ignorar la Toráh y sus exigencias, pensando en que quizás ya no es relevante para hoy y resulta muy fanático obedecerla.
  3. Tomar partido por la obediencia que corresponde a un hijo de Yehováh, actuando como lo hicieron los Macabeos.

Estos son tiempos que ponen a prueba nuestras convicciones; la presión irá en aumento y nos veremos obligados a asumir una de las tres posiciones mencionadas. Tú… ¿Qué harás?


Esau y Jacob 25

Viendo la Vida como la vio Jacob

Piénsalo bien:
¿Qué hombre rico, en su lecho de muerte, no entregaría toda su fortuna por un año más de vida?
¿O por una sola semana?
¿Quién cambiaría salud por dinero? Nadie.

Ya’akov vio a su hermano Esav por primera vez después de muchos años de vivir escondido. En su juventud, Esav ardía en enojo, creyendo que Ya’akov le había robado la primogenitura. Ahora, al reencontrarse, Ya’akov trató de ofrecerle parte de su rebaño como un gesto de paz. Esav rechazó la ofrenda y dijo:

Tengo abundancia, hermano mío; quédate con lo tuyo.”
Pero Ya’akov respondió: “No, por favor… acepta mi regalo, porque ver tu rostro benévolo es como ver el rostro de ’Elohim. Toma este presente que he traído para ti, porque ’Elohim me ha favorecido y yo tengo todo.

Génesis 33:9–11

Una lección de vida

Hay un contraste enorme entre lo que Esav quiso decir con “tengo abundancia” y lo que Ya’akov expresó cuando declaró: “yo tengo todo.”

Esav, enfocado en las posesiones materiales, hablaba en términos cuantitativos. Para él, abundancia significaba tener mucho. Su identidad dependía de lo que poseía. Si algún día perdía sus bienes, sentía que ya no tendría nada.

Ya’akov, sin embargo —rodeado de su familia y consciente del favor de Yehovah— podía decir con certeza: “Yo tengo todo.”

Porque lo esencial —vida, salud, familia, propósito— no se compra con dinero. Son regalos del Altísimo.

Por generaciones, los sabios han repetido esta verdad, pero seguimos luchando por aceptarla. Pregunta a cualquier anciano por sus mayores arrepentimientos: casi siempre mencionarán no haber pasado más tiempo con su familia, no haber cuidado su salud, no haber valorado las pequeñas bendiciones de cada día. Nunca verás una lápida que celebre logros financieros o empresariales. Las que hablan, honran a la persona como esposo, esposa, padre, madre, hermano o amigo. Y cuando esas virtudes faltaron, la piedra simplemente calla.

La sociedad aplaude el éxito material, pero ese no es el criterio con el que se evalúa una vida… ni ante los hombres, ni ante Yehovah.

El éxito profesional es bueno y, en muchos casos, necesario. Yehovah nos diseñó para crecer, producir y avanzar. Pero ignorar lo que es invaluable hasta que se pierde es una tragedia. Ya’akov sabía que tenía “todo” porque lo más importante seguía firme.

Piénsalo bien:
¿Qué hombre rico, en su lecho de muerte, no entregaría toda su fortuna por un año más de vida?
¿O por una sola semana?
¿Quién cambiaría salud por dinero? Nadie.

Sin embargo, muchos viven como si no tuvieran nada porque ven la vida con los ojos de Esav: siempre enfocados en lo que falta, nunca en lo que ya tienen.

Si mides tu vida como Esav, vivirás frustrado. Pero si abrazas la perspectiva de Ya’akov, descubrirás que, en lo que verdaderamente importa, ya tienes todo.

Reflexión devocional

Tómate hoy un momento de honestidad.
Reflexiona sobre lo que Yehovah ya puso en tus manos: tu vida, tu salud, tu familia, tu fe, tu propósito. No lo des por sentado. No permitas que la cultura defina qué significa “tener”.

Ora así:
Yehovah, abre mis ojos para reconocer la verdadera riqueza. Líbrame de la mentalidad de Esav, que fija la mirada en lo que falta. Forma en mí el corazón de Ya’akov, que reconoce tu favor y sabe que Contigo lo tiene todo.

Y mañana, cuando despiertes, graba esta convicción en tu alma:
“Tengo todo, porque Yehovah está conmigo.”

Sembrador

Una ley universal que se cumplirá, tarde o temprano

Si tratamos a los demás conforme a los Mandamientos, Estatutos, Leyes y Ordenanzas de Yehovah, eso mismo regresará a nosotros.

La Escritura relata que desde su nacimiento, Ya’akov mostró un impulso por adelantarse a su hermano. Aunque nació de segundo, salió aferrado al talón de Esaw (Génesis 25:26). Por esto recibió el nombre de “suplantador” (Génesis 27:36).

Pero vale preguntarnos:
¿Influyó ese nombre en su carácter?
¿O simplemente reflejaba algo que ya estaba en su interior?

Cuando Esav (Esaú) perdió la bendición, acusó a su hermano de haberle “robado” la primogenitura. Sin embargo, eso no era cierto. Él mismo la entregó voluntariamente, mediante un trato justo, sin engaño alguno.
Años después, el verdadero problema surgió cuando, con ayuda de su madre, Yaaqov se hizo pasar deliberadamente por Esaw para recibir la bendición que —aunque ya era suya por el acuerdo previo— obtuvo mediante engaño.

Lo interesante es que, con el tiempo, Ya’akov cosechó lo mismo que sembró.

Su tío Laván le prometió a Rajel como esposa, pero en la noche de bodas le dio a Leah. Lavan quebrantó el pacto, lo engañó, y Ya’akov terminó siendo víctima del mismo tipo de suplantación que él había cometido años antes.
Durante los años que trabajó bajo Lavan, este le cambió el salario en repetidas ocasiones, siempre buscando la ventaja.

Más adelante, cuando ya vivía en Canaán, el engaño llegó una vez más a su casa: sus propios hijos vendieron a Yosef como esclavo y mentieron al respecto. Mojaron su túnica en sangre de un cordero—sangre que suplantó la de Yosef—para hacerle creer a su padre que una bestia lo había devorado.
Aquella mentira fue el último fruto maduro de una siembra larga y dolorosa.

Rajel también sembró semillas equivocadas. Al robar los ídolos de su padre y mentir al respecto, quedó bajo la maldición que Ya’akov mismo declaró:

Aquel con quien halles tus dioses, ¡que no viva!

Génesis 31:32

Tiempo después, Rajel murió prematuramente en el camino a Canaán mientras daba a luz a Binyamín. Fue un golpe devastador para Ya’akov, pues ella era su esposa amada.

Todo esto nos enseña algo muy claro:

La vida es una escuela divina. Entramos en ella al nacer y, con cada etapa, Yehováh nos pone lecciones que forman nuestro carácter. Si no aprobamos una, la repetimos hasta aprenderla. Y al final de nuestra vida, el tipo de persona que somos revela qué tanto dejamos que Él nos moldeara.

En el caso de Ya’akov, cada prueba lo llevó a convertirse en un hombre íntegro, sabio, humilde, paciente y quebrantado—exactamente el instrumento que Yehováh necesitaba para ser padre de quienes formarían las Doce Tribus de Israel.

Esta Ley sigue activa hoy

El universo que creó nuestro Padre Yehovah funciona bajo leyes inquebrantables. Él las estableció, y no fallan.

Lo que sembramos, es lo que cosecharemos.

Si sembramos egoísmo, eso mismo recibiremos.
Si sembramos resentimiento, cosecharemos conflicto.
Si sembramos engaño, mentira o traición, tarde o temprano enfrentaremos esas mismas cosas.

Pero la otra cara de la moneda también es cierta.

Quien siembra compasión, generosidad, perdón y misericordia, encontrará esos mismos frutos en su camino. Por eso Yehovah nos advierte con firmeza:

Pongo hoy delante de vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia— amando a Yehováh tu Dios, escuchando su voz y permaneciendo fiel a Él. Porque Él es tu vida…

Deuteronomio 30:19–20

En otras palabras:
Si tratamos a los demás conforme a los Mandamientos, Estatutos, Leyes y Ordenanzas de Yehovah, eso mismo regresará a nosotros.

Shaúl lo reafirma de manera contundente:

“No os engañéis; Yehovah no puede ser burlado:
todo lo que el hombre siembre, eso cosechará.
…No nos cansemos de hacer lo bueno, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Gálatas 6:6–10

Y el autor del Eclesiátés añade:

Echa tu pan sobre las aguas, y después de muchos días lo hallarás.
Reparte a siete, y aun a ocho, porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.

Eclesiastés 11:1–2

La elección siempre ha sido nuestra.
Si hemos sembrado mal y estamos cosechando dolor, todavía estamos a tiempo de cambiar la semilla.

Sembremos lo correcto. Sembremos lo que agrada a Yehovah.
Y cuando llegue la temporada, cosecharemos vida y bendición… si no desmayamos.

Sepelio honroso

Cremación o Sepultura: Lo Que la Biblia Realmente Enseña

En ningún caso las Escrituras presentan la cremación como una opción honorable. Todo lo contrario: quien es quemado lo es porque cayó bajo condena, o porque se busca borrar su memoria como acto profético.

La porción de Génesis 25 (parashá Jayei Sarah) nos lleva al final de la vida de la primera matriarca. Y es ahí, en ese momento solemne, donde Yehováh nos deja una enseñanza que no cambia con el tiempo: la importancia de dar una sepultura digna a nuestros muertos. Abraham no improvisó; no buscó lo barato, ni buscó lo rápido. Él se levantó, habló con los hijos de Het y adquirió, pagando un altísimo precio, la Cueva de Macpelá para honrar la memoria de Sara (Génesis 23:3–20).
Así actúa un hombre que teme a Yehováh y respeta la vida como un don del Creador, incluso después de la muerte.

Abraham entendía que sepultar no es solo un acto cultural: es un acto profético, un reconocimiento de que el cuerpo, la obra maestra de las manos de Yehováh, merece descanso y honra hasta el día de la resurrección. Por eso no la incineró; no la redujo a cenizas; no “dispuso” se sus restos como algo que hubiera perdido su valor. La sepultura fue su última muestra de fidelidad y amor.

La cremación en las Escrituras: un símbolo de juicio, no de honra

Aunque hoy la cremación se ha normalizado, en las Escrituras aparece casi siempre en un contexto que nadie querría para sí mismo. El fuego no representa descanso, sino juicio. Esto no es sentimentalismo moderno; es el lenguaje bíblico.

La incineración de cadáveres, está ligado en las Escrituras a juicio divino

 

Algunos ejemplos claros:

Josué 7:24–26 – Acán y los suyos fueron quemados después del juicio divino por haber tomado lo prohibido.

Levítico 20:14; 21:9 – La quema de cuerpos aparece como sentencia para pecados graves.

Amós 2:1 – Yehováh juzga a Moab por quemar los huesos del rey de Edom, mostrando que incinerar huesos era considerado un ultraje.

2 Reyes 23:16–20 – Josías quema huesos sobre los altares como señal profética de juicio y profanación.

En ningún caso la Escritura presenta la cremación como una opción honorable. Todo lo contrario: quien es quemado lo es porque cayó bajo condena, o porque se busca borrar su memoria como acto profético.

Es cierto que algunos textos mencionan cuerpos envueltos en fuego por causa de guerra, desastre o juicio directo de Dios (como Nadab y Abiú en Levítico 10:1–2), pero incluso en esos casos el fuego es señal de la gravedad del juicio, no de un rito funerario.

La sepultura: una señal de esperanza, pacto y resurrección

Sepultar o enterrar es sembrar. Y una semilla solo germina cuando es puesta en la tierra. La resurrección —esperanza firme del pueblo de Yehováh— siempre se modela con la imagen del cuerpo descendiendo a la tierra para esperar la redención (Daniel 12:2; Isaías 26:19; Juan 5:28–29; 1 Tes. 4:16).

Por eso:

  • Abraham fue sepultado (Génesis 25:9).
  • Yitsjak y Rivka fueron sepultados (Génesis 49:31).
  • Ya’akov pidió expresamente ser sepultado en la tierra prometida (Génesis 49:29–33).
  • Yosef ordenó que llevaran sus huesos a la Tierra para sepultarlos allí (Éxodo 13:19).
  • Incluso Yeshúa fue sepultado, no cremado, cumpliendo las Escrituras (Mateo 27:59–60; Isaías 53:9).

La sepultura bíblica expresa continuidad, identidad, honra y esperanza futura. Yeshúa resucita desde una tumba, no desde cenizas, y sus discípulos siguen ese mismo patrón.

Es importante transmitir esta instrucción a nuestra familia

Vivimos en una era donde la presión cultural busca borrar los patrones de Yehováh y reemplazarlos con soluciones rápidas, baratas o “prácticas”. Y muchos creyentes —sin mala intención, pero por falta de instrucción— dejan a sus familias tomando decisiones que van en contra de lo que enseñan las Escrituras.

No esperemos a que llegue el día difícil. ¡El momento de hablar es ahora!

Habla con tu familia.
Deja instrucciones claras.
Explica por qué la sepultura honrosa importa.
No lo dejes al azar ni a la improvisación.

Si honramos a Yehováh en vida, también debemos honrarle en la forma en que dejamos que nos despida nuestra familia. Así protegemos nuestro testimonio, evitamos confusiones y damos gloria al Dios que prometió resucitar a los suyos.