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No aprendáis el camino de las naciones

“¿Por qué no celebramos la navidad?” le pregunté a mi hija de tres años, y ella me respondió: “Porque somos pueblo apartado de Dios”. Su respuesta fue clara y simple, a una pregunta que a mí como adulto me parecía complicada de responder, debido a la gran influencia que tiene la navidad en nuestra cultura y a nivel mundial.

Cuando estudiamos el contexto de la navidad, nos damos cuenta que la misma no tiene nada que ver con el nacimiento de Yeshúa, el cual, de acuerdo a la cronología de los Evangelios ocurrió en el otoño, probablemente durante el mes de septiembre. De hecho, estudios acerca de la navidad denotan que no es una fiesta dedicada al Altísimo, más bien todo lo contrario, es una fiesta que hace referencia al nacimiento de Tamuz, el hijo de Semirámis, la diosa babilónica del sexo.

En las Escrituras hebreas encontramos claramente que Yehováh nos dijo que no siguiéramos las costumbres de las naciones (de los pueblos paganos) que habitaban la tierra de Canaán antes de que los hijos de Israel tomáramos posesión de ella:

“Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Yehováh el Elohim de tus padres te ha dado para que tomes posesión de ella, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra. Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso. Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar. No haréis así a Yehováh vuestro Elohim…” Deuteronomio 12:1-4.

En otras palabras, los paganos tienen sus maneras de adorar a sus dioses falsos, y Yehováh no quería que nosotros lo adoráramos a Él tal como las naciones lo hacían con sus dioses.

Pero, ¿qué sucedió con nosotros? ¿cómo llegamos nosotros a esto? ¿cuándo se torció el camino?

Después de los días del rey David, el pueblo fue dividido en dos, a causa del pecado de Salomón quien se relacionó con mujeres extranjeras que causaron el desvío de su corazón hacia dioses ajenos (1 Reyes 11:1-2). Seguidamente, las diez tribus que conformaron el reino del norte (la Casa de Israel), fueron gobernadas por Yeroboam el cual condujo al pueblo a la idolatría (1 Reyes 12:28) y a la observancia de fiestas que no habían sido establecidas por Yehováh (1 Reyes 12:32).

Yehováh nos había ordenado destruir los lugares donde las naciones servían a sus dioses, incluyendo aquellos sitios “debajo de todo árbol frondoso”. Pero a pesar del mandamiento, Israel desobedeció y copió las prácticas paganas al punto que “levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso…” (2 Reyes 17:11).

La frase “debajo de todo árbol frondoso” la asocio con la navidad, y la razón es muy sencilla, pues es hoy en día es muy común poner el “pasito” o las imágenes de José, María y el niño Jesús así como los regalos de navidad debajo del árbol de navidad.

Hay otra referencia en el libro de Jeremías que en lo personal también la asocio con la celebración de navidad y el árbol:

“…leño (árbol) del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder” (Jeremías 10:3b-5).

Al leer estos pasajes, puedo interpretar que participar de la navidad no es algo que agrade al Padre. Mucho menos lo es llevar arboles a casa, “adornarlos, afirmarlos para que no se muevan y permanezcan derechos” y además colocar imágenes debajo de estos mismos arboles … Esto simplemente no representa al Elohim de Israel ni a su pueblo.

No nos damos cuenta, pero hasta regalos les llevamos a estos “dioses” que “no hablan, y que son llevados, porque no pueden andar”, y los ponemos a sus pies… No se equivocó el profeta Jeremías al decirnos que “ciertamente hemos heredado mentiras de parte de nuestros padres, vanidad, y no hay en ello provecho” (Jer 16:19).

Escucha oh Israel la palabra de Yehováh, ¡no aprendáis el camino de las naciones! ¡arrepintámonos de nuestras vanidades e idolatrías y volvamos en pos del Elohim de Israel, porque ¡No hay semejante a ti, oh Yehováh; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío!

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El Mishkán (מִשְׁכָּן) – Tabernáculo

A pesar de que la palabra “Tabernáculo” haya sido popularizada para referirse al mishkán, es necesario ahondar en estos términos para poder aclarar las similitudes y diferencias entre ambos. El asunto es que la palabra tabernáculo es utilizada en varios contextos en las escrituras, los cuales utilizan en el hebreo palabras diferentes. Por ejemplo, la palabra tabernáculo es utilizada en relación con la “Fiesta de tabernáculos”, pero la palabra hebrea aqui es sucot (sucá en singular) y no mishkán. 

Ambas palabras están relacionadas con el concepto de una “morada”. Pero mientras que sucá tiene que ver con una vivienda física temporal que se erigía para protegerse de la intemperie y cubrirse del sol, el mishkán tiene más que ver con una vivienda permanente. Es por esto mismo que fue la voluntad del Eterno establecer su mishkán para que Él morase entre nosotros, y no simplemente una sucá. 

A diferencia de la palabra sucá, la palabra mishkán proviene de la raíz verbal: שכן (shaján). Es este mismo verbo que es utilizado para la palabra “morar” o “habitar”:

Y harán un santuario (mikdash) para mí, y habitaré (shajánti) en medio de ellos. (Ex 25:8)

 Vemos como fue la voluntad del Padre que Su pueblo construyese un “tabernáculo”, llamado aqui mikdash, que es literalmente un ‘santuario’ para poder morar entre ellos

Y la gloria de Yehováh reposó (shaján) sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. (Ex 24:16)

 En este último pasaje fíjese como la raíz verbal shaján es traducida como “reposar”, en lugar de morar, lo cual haría que pase totalmente inadvertida en nuestros estudios si nos basásemos solamente en la traducción en español.

La razón por la que el “tabernáculo” en el desierto fue llamado mishkán en hebreo, fue porque dentro de esta estructura temporal se encontraba el “lugar santo” (kódesh), dentro del cual estaba a su vez el lugar santísimo (kódesh kodashim), en donde se encontraba el artefacto más santo y más valioso en todo el campamento de los hijos de Israel: el Arca del Pacto. Era entre los dos querubines de oro que la presencia del Todopoderoso se manifestaba. Y era este lugar su morada. Su mishkán.

De aquí proviene el concepto rabínico de la sh’jiná. Un término que no aparece conjugado de esa manera en las Escrituras pero significa la “Presencia divina del Creador”.

Posteriormente, el Eterno hizo mucho énfasis en que todo el pueblo fuese en peregrinación al “lugar en donde Él eligiese para poner allí su Nombre” (Deuteronomio 12:5 entre muchísimos otros). Esa palabra “poner”, es una traducción muy pobre del hebreo (nuevamente) ¡SHAJÁN! Literalmente, el lugar en donde Él ‘hará morar’ Su Nombre.

Ya sea sobre el Monte Sinaí, en el Jardín del Edén o en el Templo de Salomón en Yerushaláyim, el patrón es el mismo, y la intención la misma: el Dios Todopoderoso quiere morar con los hombres, quiere estar en comunión con nosotros.

En un sentido personal, nosotros mismos somos ese mishkány a través de nuestra consagración y dedicación, anhelamos que esa misma presencia divina sea manifiesta en nosotros.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (2 Corintios 6:16)

Errores en la Biblia 2

Errores en la Biblia – Episodio 2 de 4


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El nacimiento de Juan Bautista y los turnos sacerdotales

Los cuatro autores del Evangelio detallan las cinco facetas del ministerio del Mesías: aquella como el Rey, el siervo, el hijo del hombre, el hijo de Dios, y en el libro de Apocalipsis, el juez todopoderoso; cada autor narrando la historia desde su inspirada perspectiva personal. Algunos de los eventos aparecen en más de un relato del evangelio, otros aparecen solo una vez, pero son todos los detalles combinados de todos los registros del evangelio, lo que verdaderamente refleja la vida y el ministerio de Yeshúa de Nazaret, el profeta de quien Moisés profetizó. El profeta al cual debemos ‘Shemá’ escuchar y obedecer, o de lo contrario seremos juzgados por no acatar sus instrucciones. Este es el que separaría las reglas de la religión hecha por el hombre, de las instrucciones eternas del Creador del universo. Esta es la historia más grandiosa jamás contada. Se trata de Yeshúa, el profeta, el Mesías prometido.

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Yehováh tu Dios; a él oiréis. Deuteronomio 18:15 

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Tienes ojos… ¿y no ves? Oídos… ¿Y no oyes?

El pueblo de Yisrael entró voluntariamente en el pacto que implicaba cumplir la Toráh (Instrucciones) de Yehováh. Era de esperarse que haría lo mejor por cumplirlo. Sin embargo pareciera que su compromiso fue algo para salir del paso, porque cuando hablaron, estaban aterrados por el espectáculo de escuchar directamente la voz de Elohim.

La historia nos narra los continuos fracasos de Yisrael hasta finalmente llegar a abandonar a Yehováh y reemplazarlo por dioses falsos. 

De manera similar, quienes afirmamos ser seguidores de Yeshúa, en algún momento hicimos una decisión voluntaria y libre.  Nadie nos la impuso. Pero tal decisión, también llevaba implícito un compromiso de seguir Sus caminos, es decir de obedecer sus instrucciones. Esto es lo que significa “someter mi vida a Él como Señor”. Por tal razón, Yeshúa pregunta:

 ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
Lucas 6.46
 

Comparemos este verso con Deuteronomio 26:17:

(Yisrael), hoy has declarado solemnemente que Yehováh es tu Elohim, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos para obedecer su voz.
 Yisrael, había tomado una decisión similar a la nuestra: Declarar que Yehováh sería su Señor y su Elohim (Dios), y que por tanto seguiría sin vacilación alguna los mandamientos y demás instrucciones dadas por Él. Como bien lo sabemos, el pueblo de Yisrael no cumplió.  ¿Por qué no pudo hacerlo? ¿Nos sucede lo mismo a los seguidores de Yeshúa?

La verdadera razón del fracaso

A la apostasía no se llega de golpe. Es un proceso lento y sutil por el que somos arrastrados, haciendo uso de nuestro razonamiento para justificar la desobediencia. Por supuesto que la teología cristiana tradicional que nos han enseñado, es una gran aliada en este proceso cuando nos dice: “Jesús, abolió la Ley”; “obedecer los mandamientos es legalismo”; “el Antiguo Testamento no está vigente” etc. Mentiras todas, tan bien articuladas que las aceptamos sin reparo, porque estamos convencidos de que los teólogos son los que saben y además nos da pereza investigar.

Así, nuestros ojos son cegados poco a poco al igual que nuestros oídos son ensordecidos. Mientras tanto jugamos a la religión yendo a la iglesia sin falta, sirviendo en ella incluso frenéticamente, diezmando y quizás hasta evangelizando! Tanto que no nos queda tiempo para escudriñar la Palabra y cuestionar lo que no está de acuerdo con ella.

El “activismo ministerial” nos permite llevar una vida de tolerancia al pecado y de conveniencia social para no parecer fanáticos legalistas; porque la otra mentira que se nos enseñó es que: obedecer los Mandamientos es renunciar a la obra salvadora del Mesías! Habrase visto…! Corrijamos de una vez por todas esa falsedad y el engaño de esa mentira observando lo que Moshé le dice a Yisrael:

 …hasta el día de hoy Yehováh no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Deuteronomio 29:4

El verso pareciera hacer responsable a Yehováh de la dureza de corazón de nuestros padres israelitas, mas no es así. El pueblo había tenido suficientes evidencias (vs: 5-7) para concluir cuál es el carácter de su Elohim Protector y Benefactor; pero a causa de su estilo de vida pagano y alejado de Él, tan arraigado, habían blindado su corazón, siendo insensibles de manera que no podían ni entender, Quién actuaba a su favor, ni ver la mano poderosa de Elohim día tras día y mucho menos oír su voz dirigiendo sus vidas.

Pero lo que realmente hace Moshé es motivarles a buscar esa revelación de Yehováh para ellos. Y es lo mismo que puede suceder en nuestras vidas: Las circunstancias pueden parecernos bajo control, la vida desarrollarse de forma plácida y tranquila; o por lo contrario puede parecer fuera de control, llena de altibajos, de pruebas desgarradoras y difíciles; pero si no buscamos diligentemente a Yehováh por medio de Yeshúa para que nos de un corazón entendido, ojos para ver y oídos para oír, estaremos siempre considerándonos víctimas de nuestro entorno, o de las personas que nos rodean, perdiendo así de vista el propósito que nuestro Padre Eterno tiene con nosotros.

A esto hace alusión Yeshúa cuando expresa:

Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.  Mateo 25:29 

A una persona que se acerca a la Palabra buscando obedecer, más le será mostrado; el Ruaj (Espíritu) de Yehováh le dará más. Pero aquél que teniendo la oportunidad de crecer se limita por lo que ya conoce debido a la comodidad de permanecer en sus deleites, vicios y pecados ocultos, aún la poca luz que tiene le será quitada!

Un claro ejemplo de esto es el de Faraón en el tiempo del Éxodo: Ante los prodigios y señales evidentes, razonó y no aceptó el poder manifiesto de Yehováh; como resultado, su corazón se endureció; en otras palabras la luz que fluía de esas señales, en vez de iluminarlo más, lo cegó sumiéndolo en una profunda oscuridad, hasta llevarlo a la destrucción de su pueblo, de su ejército y de sí mismo en el mar.

Así mismo, quienes nos acercamos deseosos de conocer más, de mejorar nuestra obediencia, nuestro carácter, de agradar a nuestro Padre, recibimos como respuesta Suya más entendimiento, más luz, más discernimiento, y estas cosas son las que contarán en estos tiempos finales.