Rebeldes Sin una Causa… y Sin una Tierra

En aras de la democracia, hemos sido educados para seguir a la mayoría sin importar si está equivocada; nos han enseñado que si todo el mundo lo hace, debe ser correcto, y esto es un enorme engaño. 

Quizás los lectores recuerden la serie de películas: “Duro de matar” donde el protagonista resiste contra todo atentado que diversos personajes malévolos hacen contra su vida. Era un tipo “duro” de matar, es decir difícil o imposible para darle muerte. Algo parecido sucedió con nuestros padres cuando salieron de Mitsrayim (Egipto), cuando una y otra vez nuestro Padre Yehováh los disciplinaba para enseñarles obediencia; pero siempre se mostraron: “duros para aprender”.

Así el capítulo 14 nos narra en detalle las reacciones, los sentimientos, las quejas y los planes que consideró el pueblo ante el reporte de los diez espías. Incluso llegaron a considerar regresar a Mitsrayim (Egipto), ¡lo cual nos puede parecer increíble! Pero así fue y como consecuencia de este desatino, todos los mayores de 20 años, fueron arrastrados en esos pensamientos apoyando tan nefasta idea.

Cuando Yahoshua (Josué) y Caleb junto con Moshé y Aharon se opusieron, casi los lapidan! Yehováh entonces determinó exterminar al pueblo y empezar de nuevo con la simiente de Moshé.

Pero la intervención de Moshé, preocupado por la honra del Nombre de Yehováh y por lo que las naciones dirían de Él, hizo que Yehováh desistiera de destruirlos.

Lamentablemente hemos sido educados para seguir a la mayoría sin importar si está equivocada; nos han enseñado que si todo el mundo lo hace, debe ser correcto, y esto es un enorme engaño.

Un buen ejemplo de esto es la democracia: Como la mayoría lo apoya, entonces el aborto es bueno, la definición del matrimonio ha sido deformada, el uso de sustancias alucinógenas es correcto, etc.

El ser humano suele asumir que si la mayoría piensa algo, entonces debe ser correcto. Sin embargo, la Escritura demuestra una y otra vez que la mayoría puede estar equivocada. En aquella ocasión, diez espías convencieron a toda una generación para rechazar la promesa de Yehováh. La verdad no se determina por votación; se determina por la voluntad del Creador.

Y así lo que suele suceder es que si una mayoría simple toma decisiones, luego les son impuestas a todos los demás, aunque estas vayan en contra de la Torá; pero el Reino de Yehováh no opera así.

Una mirada nuestra propia situación

Cada uno de nosotros es responsable ante el Juez Supremo, de las decisiones que tomamos día tras día. Llegará el momento en que tendremos que comparecer individualmente ante Él y no podremos defendernos esgrimiendo argumentos tales como: “es que todos en mi iglesia lo hacían”, o: “era lo que estaba de moda”, o: “los grandes teólogos nos enseñaron así…” etc. No. Ese día serán descubiertos nuestros pensamientos e intenciones más profundas y saldrá a la luz la pereza que ejercitamos para no ir a investigar en su Palabra, el desgano para obedecer la Torá y la mediocridad para ser luz en un mundo en tinieblas.

Pero aún estamos a tiempo para no ser “duros para aprender” y a continuación te comparto algunas de las lecciones que nos deja esa porción de la Escritura:

    • La murmuración envenena y mata.
    • Es fácil olvidar los prodigios de Yehováh a nuestro favor.
    • El temor puede conducir a la rebeldía.
    • Al igual que Moshé, debemos enfocarnos en la gloria del nombre de Yehováh, no en la nuestra.
    • Las palabras tienen consecuencias, muchas veces irreversibles. El pueblo que murmuró finalmente pereció en el desierto.
    • La herencia que estaban a punto de recibir, no les pudo ser entregada hasta 40 años después, pero a sus hijos. ¿Estaremos retrasando bendiciones de Yehováh sobre nosotros y los nuestros a causa de ser “duros para aprender”?
    • El remanente que sigue a Yehováh es muy pequeño. De los miles de hombres mayores de 20 años, solo dos entraron en la tierra: Caleb y Yahoshúa. No te fíes de lo que hace la mayoría
    • Las características de Caleb y Yahoshúa:
      • Confianza en Yehováh,
      • Disposición a obedecer,
      • Tenacidad,
      • Actitud positiva: solo ellos se enfocaron en la calidad de la tierra, lo que les habían ordenado hacer.
    • Ante la disciplina declarada por Yehováh, el pueblo decide ir a la conquista pero por la motivación errada cuando ya era demasiado tarde y después de que Yehováh había dado una instrucción diferente, ¡rebelándose así una vez más contra las instrucciones de Yehováh!
    • Cuando actuamos movidos por el orgullo y no por la obediencia, terminamos luchando nuestras propias batallas sin la Presencia de Yehováh. La victoria no depende de nuestra determinación, sino de caminar conforme a Su voluntad. (Filipenses 2:3-4).

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