Boaz y Ruth

Yehováh y la dignidad humana

El Altísimo no aprueba que se aprovechen de los más vulnerables; más bien enseña que cada persona tiene valor delante de Él.

En Deuteronomio 21:10-14 encontramos una enseñanza que, aunque fue dada en un contexto muy diferente al nuestro, todavía nos habla con claridad hoy. El pasaje trata de lo que ocurría cuando Israel iba a la guerra y tomaban cautivas. La instrucción de Yehováh era que, si un hombre se sentía atraído por una mujer cautiva y quería tomarla por esposa, debía tratarla con respeto: darle tiempo para llorar a su familia, permitirle dignidad y no abusar de ella. Y si después decidía no seguir con la relación, no podía venderla ni tratarla como esclava, sino dejarla en libertad.

Esto nos muestra que incluso en medio de circunstancias duras y violentas como la guerra, el Creador exigía respeto hacia la dignidad humana. El Altísimo no aprueba que se aprovechen de los más vulnerables; más bien enseña que cada persona tiene valor delante de Él.

Podemos ver este principio reflejado en la historia de Rut. Ella no era israelita, sino moabita. Al enviudar, decidió acompañar a su suegra Noemí y vivir bajo las leyes de Israel. Humanamente hablando, ella era extranjera, pobre y sin respaldo. Sin embargo, Boaz la trató con respeto. No la menospreció por ser de otra nación, sino que reconoció su fe y valentía. Le permitió recoger espigas en su campo, la protegió y finalmente la tomó como esposa. De esa unión nació la descendencia que llevaría al rey David, y más adelante a Yeshúa. Este relato nos recuerda que cuando respetamos a los demás, el Todopoderoso puede usar ese acto para grandes propósitos.

Otro ejemplo es la historia de Rahab, la mujer de Jericó que protegió a los espías de Israel. Humanamente, los israelitas podrían haberla despreciado por ser cananea y por su pasado. Pero Yehováh la vio con otros ojos. Ella mostró fe al creer en el poder del Creador y decidió proteger a los hombres de Israel. Gracias a su valentía, su vida y la de su familia fueron salvadas. Aquí aprendemos que el respeto no se trata de juzgar el pasado de las personas, sino de valorar su fe y su disposición a caminar hacia lo correcto.

En el tiempo de Yeshúa también encontramos este principio. Un centurión romano, hombre de autoridad, se acercó a Él pidiéndole sanidad para su siervo. A los ojos de muchos judíos, un romano era un opresor extranjero, pero Yeshúa no lo despreció. Al contrario, se sorprendió de su fe y dijo: “Ni en Israel he hallado tanta fe”. El centurión mostró respeto al reconocer la autoridad de Yeshúa, y Yeshúa mostró dignidad al escuchar y atender la petición de alguien que no era de su pueblo.

Después de la resurrección, en el libro de Hechos, encontramos a Cornelio, un centurión romano que buscaba sinceramente al Altísimo. Pedro, siendo judío, al principio dudaba si debía entrar en casa de un extranjero. Pero Yehováh le mostró que no debía llamar “impuro” a nadie que Él había limpiado. Pedro entonces predicó a Cornelio y a su familia, y ellos fueron sensibles a sus palabras. Este episodio marca un cambio histórico: el Creador abría las puertas de la fe a las naciones. Todo comenzó con la disposición de Pedro a respetar la dignidad de alguien que era diferente a él.

Todos estos ejemplos, desde la instrucción dada en Deuteronomio hasta los relatos del Nuevo Testamento, nos invitan a reflexionar. El Altísimo nos trata con respeto y amor, aunque no lo merezcamos. Él escucha nuestras oraciones, nos da libertad para elegir, nos corrige con paciencia y nos recibe con misericordia.

Si Yehováh, el Todopoderoso, nos trata de esa manera, ¿cómo no vamos nosotros a tratar con respeto a los demás? En el hogar, en el trabajo, en la calle, e incluso con aquellos que piensan o viven diferente, debemos recordar que cada ser humano fue creado a imagen del Creador.

Tratar a las personas con dignidad no es solo una buena costumbre: es reflejar el corazón de nuestro Padre. Cuando lo hacemos, mostramos al mundo el carácter de Dios y nos acercamos más al propósito para el cual fuimos creados.

¡Shalom!

Bla bla bla

Construye tu Credibilidad

Cuando cumplimos lo que hemos dicho, edificamos una vida marcada por la confianza y el buen testimonio como hijos de la Luz.

Una de las grandes tragedias de nuestra generación es la falta de confiabilidad en las personas. Con demasiada facilidad hacemos compromisos sin la verdadera intención de cumplirlos, olvidando que cada palabra dicha construye o destruye nuestro carácter, nuestra credibilidad y la reputación que dejamos ante los demás.

En la parashá de esta semana, Yehováh nos recuerda con firmeza:

“Lo que salga de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme prometiste a Yehováh tu Elohim…” Deuteronomio 23:23 (23:24 en versiones hebreas)

Aunque el texto se refiere directamente a los votos hechos a Yehováh, el principio va más allá: nos enseña lo que se espera de nosotros en toda relación humana.

Las Escrituras están llenas de advertencias acerca del poder y la responsabilidad de la lengua:

  • Yehováh destruirá todos los labios lisonjeros y la lengua que habla jactanciosamente.” Salmo 12:3
  • “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.” Salmo 34:13
  • “La lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.” Proverbios 15:4
  • “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” Proverbios 21:23
  • “Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.” Mateo 5:37
  • “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”  Mateo 12:36-37

Cuando cumplimos lo que hemos dicho, edificamos una vida marcada por la confianza y el buen testimonio como hijos de la Luz. Esa fidelidad interior produce satisfacción y forja un carácter digno de respeto. Y al mismo tiempo, Yehováh es honrado, porque quienes nos rodean reconocen en nosotros a sus hijos.

Lo contrario también es cierto: romper la palabra empeñada destruye nuestra imagen, menosprecia el Nombre de Yehováh y nos hunde en la pérdida de autoestima y en la ruina del carácter.

Un escritor hebreo expresó sabiamente:

“Cuando valoras lo que dices —sea mucho o poco—, estás declarando cuán importante es tu palabra.”

Por eso, la próxima vez que pronuncies algo, asegúrate de cumplirlo. Tu obediencia honrará a Yehováh y te honrará a ti mismo, porque tu palabra será reconocida como digna de confianza.


San Gottardo tunnel

Los Disfraces del Ocultismo

Lo que la Toráh llama abominación, hoy millones de jóvenes lo siguen en TikTok como una moda inofensiva.

Acaso has notado cuántas series, películas y videojuegos giran alrededor de vampiros, zombis, brujería y “gobernadores de las tinieblas”? Incluso muchos superhéroes —antes modelos de virtud— hoy libran batallas “místicas” que romantizan poderes de oscuridad. El ocultismo ya no se presenta como peligro, sino con ropajes intelectuales y elegantes: “energías”, “poderes psíquicos”, “fenómenos paranormales”. Lo que la Escritura llama acciones de huestes espirituales de maldad, nuestra cultura lo empaqueta como entretenimiento o “ciencia alternativa”. Nada de esto es nuevo: estas fuerzas han existido desde antes de que el primer hombre pisara la tierra.

Una contradicción absurda

Mientras la ciencia y la tecnología alcanzan hitos impensados, crece el interés por lo esotérico. Datos recientes muestran que 3 de cada 10 adultos en EE. UU. consultan al menos una vez al año la astrología, el tarot o a los adivinos, y alrededor de 27% cree en la astrología (Pew Research, mayo 21, 2025).  Esto no es un fenómeno marginal ni exclusivo de “no religiosos”; ya en 2018 Pew había reportado que 6 de cada 10 estadounidenses aceptaban al menos una creencia de “Nueva Era” (psíquicos, energía en objetos, reencarnación o astrología). 

Exposición desde la niñez

Desde tierna edad hemos sido expuestos a horóscopos, a “juegos inocentes” de magia, a la adivinación, a la lectura del cigarrillo o de la mano. Hoy, caricaturas, historietas y películas familiares normalizan la hechicería y otros contenidos contrarios a las Escrituras, presentándolos como una diversión inofensiva.

En este contexto surge también “WitchTok”, una tendencia dentro de la red social TikTok que reúne miles de millones de visualizaciones en videos de hechizos, tarot, astrología, cristales mágicos y rituales. Lo que antes estaba escondido en libros de ocultismo hoy se presenta como diversión juvenil o estilo de vida alternativo, y de esta manera muchos adolescentes y jóvenes consumen tales contenidos como entretenimiento sin notar que son puertas abiertas a las esferas oscuras del engaño espiritual y una preparación cultural para aceptar lo que la Escritura llama abominación.

Ceremonias públicas y controversias recientes

No se trata solo de pantallas. Eventos masivos han incorporado simbología que muchos perciben como abiertamente blasfema u “ocultista”. En 2024, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París incluyó un escenario que evocó La Última Cena, lo que provocó críticas del Vaticano y sectores cristianos; los organizadores discretamente se disculparon por la ofensa causada. 

Otro ejemplo contundente fue la inauguración del túnel de San Gotardo en Suiza (2016). Con más de 600 actores, la ceremonia incluyó escenas grotescas, figuras semidesnudas, máscaras demoníacas y la aparición de un “hombre-cabra”, símbolo asociado a Bafomet. Aunque los organizadores lo justificaron como “arte cultural” inspirado en mitos alpinos y en el sacrificio humano durante la construcción, la connotación satánica era evidente a los ojos de millones de espectadores. Con el tiempo, este espectáculo se difundió en redes atribuyéndolo erróneamente a la inauguración del CERN, lo cual es falso. No obstante, el hecho real confirma hasta qué punto el ocultismo ha dejado de ser clandestino para mostrarse con beneplácito oficial bajo el disfraz de entretenimiento.

¿Qué está pasando en el corazón?

C. S. Lewis advirtió que hay “dos errores iguales y opuestos respecto a los demonios: negar su existencia o interesarse en ellos de modo insano” (Cartas del diablo a su sobrino).  Nuestra generación hace ambas cosas a la vez: racionaliza lo espiritual cuando conviene y, al mismo tiempo, se sumerge en prácticas que abren puertas a la esclavitud.

La voz de la Toráh

“No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o su hija por el fuego, ni quien practique adivinación ni hechicería, ni sortílego, ni encantador, ni médium, ni evocador de muertos. Porque cualquiera que hace estas cosas es abominable a Yehováh…”
Devarim/Deuteronomio 18:10-12

La instrucción es clara. La curiosidad por “lo oculto” conlleva el riesgo real del engaño y, con él, cadenas difíciles de romper.

Consecuencias en la vida real

No hablamos solo de teoría. Muchos hogares se han fracturado cuando, por celos o inseguridades, uno de los cónyuges consultó adivinos o trajo “amuletos de buena suerte” a casa. Esos objetos y rituales abren puertas espirituales: se deteriora la comunicación, crecen los celos, la agresión verbal y, muchas veces, la violencia, pero la gente no relaciona estas situaciones con algo que empezó de forma aparentemente inofensiva, curiosa o divertida.

El llamado hoy

  1. Discierne y apártate. No sigas la moda que el mundo aplaude. Si la Escritura lo llama abominación, no lo maquilles de “ciencia”,  “bienestar” o “autoayuda”.

  2. Cierra puertas. Si hay objetos consagrados, prácticas (tarot, limpias, amuletos, invocaciones, rezos, astrología) o “juegos” en tu vida o en tu casa, córtalos y deséchalos. (Hch 19:19 es un buen referente).

  3. Llena el vacío con la Palabra de Yehováh. La obediencia trae luz. La memorización de la Palabra, la oración, el ayuno y la comunión restauran el orden en el hogar.

  4. Protege a los niños. Supervisa los contenidos de lo que ellos están mirando, habla claro sobre lo que la Toráh enseña y modela una fe que no negocia con la oscuridad.

El mundo está normalizando lo oculto, pero el pueblo de Yehováh camina en luz. No te dejes arrastrar por la tendencia; elige la santidad, incluso si eso te hace “ir contra la corriente”.


Mockup NT

El Canon de la Biblia – Parte 2


PATROCINADORES EXCLUSIVOS

Para acceder a este contenido, debe ser miembro de Club de Patrocinadores o iniciar sesión.

shutterstock_704559307

haSatán – שָׂטָן – El propósito de la Adversidad

Como creyentes en el Creador, tendemos a creer que solamente la “luz”, lo “bueno” y lo “santo” provienen del creador, mientras que las “tinieblas”, lo “malo” y lo “profano” provienen del enemigo; de Satanás.

Si usted creció dentro de la fe cristiana, seguramente estará familiarizado con el concepto de cielo e infiero, así como también “Dios versus el Diablo”. Esto forma parte de un paradigma que se aprende desde pequeño, ya sea por medio de la educación en casa, la escuela, la iglesia, y hasta los programas y películas de televisión.

Lo interesante es que desde una perspectiva netamente hebrea y escritural, podemos llegar a conclusiones totalmente diferentes. O al menos un poco más amplias. Muchos creen que Satanás es el “archienemigo” de Dios, que trata de arruinar los planes del Todopoderoso para llevar al mundo al caos y la destrucción. Una nube de suspenso envuelve el desenlace de la historia y escatología bíblica… ¿Quién ‘ ganará’ la batalla final?

Como creyentes en el Creador, tendemos a creer que solamente la “luz”, lo “bueno” y lo “santo” provienen del creador, mientras que las “tinieblas”, lo “malo” y lo “profano” provienen del enemigo; de Satanás. Pero veamos como era la concepción de lo bueno y lo malo en tiempos de Isaías el profeta:

Yo soy Yehováh, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Yehováh, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Yehováh soy el que hago todo esto. (Is 45:5-7)

Para muchos, este pasaje de Isaías es recibido con gran sorpresa y hasta un poco de decepción. ¿Porqué el Creador del universo, de quién proviene todo lo que es bueno, ha creado tinieblas y adversidad? 

Espero que al final de este artículo, tenga una mejor idea acerca de esto.

Tal vez la mayor diferencia entre el “Satanás del cristianismo” y el concepto del satán hebreo, es que el satán hebreo no precisa escribirse con mayúscula. En otras palabras, hasatán (el satán) no es una persona. Es un principio que puede ser aplicado a cualquier persona o cosa, así como también es un verbo que hasta puede conjugarse.

En las escrituras, existe lo que llamamos la “regla del primer uso”. Esto significa que cuando encontramos una palabra que aparece por primera vez, el significado de la misma de acuerdo al contexto, nos dará la pauta de qué es lo que esta palabra nos quiere decir. Veamos la primera instancia en donde encontramos la palabra שָׂטָן (satán).

Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Yehováh se puso en el camino por adversario (satán)  suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. (Números 22:21-22)

Podemos ver claramente en este episodio de Balaam, que el mismísimo angel de Yehováh es quien es llamado “satán”. Y esto no es debido a que este sea quien es conocido en el cristianismo como “Satanás”, sino a la función que este angel estaba cumpliendo. Este angel se puso en el camino para obstruir el paso de Balaam y su asna. Es por eso que esta palabra fue traducida simplemente como “adversario”.

En el siguiente versículo dice:

Y el ángel de Yehováh le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 

Las palabras “para resistirte” en el hebreo son literalmente “como satán”. “Yo he salido como satán”. Como un obstáculo, como un adversario.

En el primer libro de Samuel 29:4, los filisteos temen llevar a David a la batalla porque creen que el se puede convertir en un satán (traducido “enemigo”) contra ellos. En el segundo libro de Samuel 19:22, David llama a los hijos de Sarvia “satán”, en este caso traducido como “adversarios”.

En el primer libro de los Reyes 11:14, Yehováh mismo prepara un “satán”, un adversario, contra el rey Salomón.

Podemos observar en todos estos ejemplos un común denominador, que está relacionado con un principio negativo. Y no me refiero a negativo en el sentido de inherentemente malo, sino en el sentido de lo opuesto al principio positivo. La polaridad opuesta. Imagínese cómo funciona la electricidad, o una simple batería; la energía positiva no fluye a menos que haya una negativa.

Imagínese otro escenario: cuando uno levanta pesas, es la misma resistencia, aquello que nos “tira para abajo”, precisamente lo que nos hace mas fuertes. Si el Creador creó este principio negativo denominado satán, no es para que suframos sin razón, sino para fortalecernos en la adversidad.

Todos queremos vivir una vida sin adversidad y sin problemas, pensando que ese tipo de vida es justamente la que nos trae complacencia. Sin embargo, es cuando nos encontramos en la adversidad que nos arrodillamos ante el Creador y sacamos coraje y valentía para sobreponernos a todo obstáculo. Y esto, al fin y al cabo, es lo que nos llevará a convertirnos en la persona que fuimos designados a ser.


Criticando

Este mensaje le caería muy bien a…

Lo que dice la Toráh, es para cada uno de nosotros. No es “para los judíos” solamente, sino para quienes hemos decidido poner nuestra fe en el Mesías Judío: Yeshúa.

Deuteronomio 11:26 inicia con la palabra: MIRA! y es curioso que aunque el mensaje está dirigido a todo el pueblo de Yisrael, no habla en plural: Miren: sino en singular: Mira… ¿es esto importante?

​Por supuesto que sí. Todos los detalles por pequeños que parezcan son importantes en la Toráh. La razón es simple. Nosotros tendemos a pensar que las leyes, instrucciones, advertencias, exhortaciones y demás, están bien para los demás, mas no para nosotros mismos.​

De alguna manera hemos crecido pensando que somos la excepción a todas esas cosas y que nosotros podemos actuar como mejor nos parezca. Por ejemplo, nos cuesta trabajo respetar las filas, ceder el turno cuando conducimos nuestro auto o aceptar que a otra persona la traten mejor que a nosotros.

​Por eso Yehováh nuestro Padre, nos habla a cada uno y nos dice: “Mira! Tú; sí; es contigo que hablo, no con el que está a tu lado; el mensaje es para ti…”

​La relación con nuestro Padre Yehováh es algo enteramente individual. Si bien sus promesas extienden Su protección sobre los miembros de nuestra familia en momentos de prueba, eso no significa que de manera automática tales miembros  hayan entrado en una relación personal con Él. Recuerda que Yehováh no tiene nietos, ni sobrinos, ni primos, sino solo hijos! Por tanto cada uno de nosotros deberá, en algún momento de la vida, hacer un alto y enfrentarse a esa decisión crucial.

Entonces lo que dice la Toráh, es para cada uno de nosotros. No es “para los judíos” solamente, sino para quienes hemos decidido poner nuestra fe en el Mesías Judío: Yeshúa.​

Yehováh declara de manera inequívoca que aquellos a quienes Él considera su pueblo, tienen una identidad que se evidencia en varias cosas:

  1. Guardan el Shabbat: “Santificad mis shabbatot, para que sean señal recíproca, para que se sepa que Yo Soy Yehováh vuestro Dios. Ezequiel 20.20
  2. Obedecen su Toráh: “…pondréis éstas mis palabras sobre vuestro corazón y sobre vuestra alma, y las ataréis por señal sobre vuestra mano, y vendrán a ser como frontales entre vuestros ojos”. Deuteronomio 11:18. “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama…”  Juan 14.21
  3. Invocan el Nombre de Yehováh: “…todo el que invoque el nombre de Yehováh, escapará, porque en el monte Sión y en Yerushalayim quedará un remanente, conforme ha dicho Yehováh, y entre los supervivientes estarán los que Yehováh llamó. Joel 2.32

​En conclusión, necesitamos dejar de crear argumentos para no obedecer lo que nuestro Padre Yehováh nos ha dicho de manera clara y sencilla que debemos hacer.

Sí. El mensaje es para cada uno de nosotros y somos responsables individualmente de la manera que conducimos nuestra vida; porque un día cercano estaremos delante del Juez de toda la Tierra, para dar cuenta de lo que hayamos hecho mientras estábamos en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 

Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Yeshúa, el Mesías. Si sobre el Fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la mostrará, pues por el fuego será revelada, y el fuego probará la clase de obra de cada uno. Si la obra de alguno que sobreedificó, permanece, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; si bien él mismo será salvo, aunque así como por medio de fuego. ¿No sabéis que sois santuario de Yehováh, y el Espíritu de Yehováh mora en vosotros? 1 Corintios 3:11-16

Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Yeshúa, el Mesías, para que cada uno recoja lo que practicó estando en el cuerpo, sea bueno o malo. 2 Corintios 5:10

shutterstock_1315920878

La importancia de seguir Sus Instrucciones

Tenemos la responsabilidad de elegir llevar una vida de acuerdo a esos mismos estatutos y decretos, modelados por Yeshúa, y re-confirmados por él.

Un aspecto sobre el cual necesitamos reflexionar es que Yehováh le plantea a Yisrael, que una vez hayan entrado en la tierra, TODOS  los mandamientos que han recibido serán vigentes:

Pondréis cuidado pues en observar todos los estatutos y decretos que yo pongo hoy delante de vosotros.
Deuteronomio 11:32

Encontramos en esto una sombra de lo que es nuestra vida una vez que hemos sido rescatados por Yeshúa: Antes vivíamos en el mundo (Mitsrayim-Egipto) sin Dios y sin Toráh. Yeshúa llegó a nosotros nos rescató de la esclavitud del pecado (de los deseos, las pasiones, la culpa, el temor, etc.) y en cierto sentido “cruzamos el Jordán” es decir hicimos una tevilá (inmersión o bautismo), y declaramos públicamente que hemos entrado en una nueva vida.

Pero de la misma manera que la nación de Yisrael una vez establecida en la tierra prometida tenía la responsabilidad de elegir vivir de acuerdo a los estatutos y decretos entregados por Yehováh, nosotros, tenemos la responsabilidad de elegir llevar una vida de acuerdo a esos mismos estatutos y decretos, modelados por Yeshúa, y re-confirmados por él.

En otras palabras, si afirmamos que estamos en Yeshúa, nuestra vida ha de ser regida por sus Instrucciones – Toráh, porque como él claramente proclamó:

No penséis que he venido a abrogar (anular) la Toráh o los Profetas; no vine a abrogar, sino a dar cumplimiento.
Mateo 5:17

Declaración confirmada por Yojanán (Juan) en su primera carta:

En esto sabemos que le hemos conocido: si guardamos sus mandamientos. El que dice: yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y la verdad no está en él…  
1 Juan 2:3-6

Razón de la obediencia

Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Yehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.
Deuteronomio 12:28

Si observas cuidadosamente, te darás cuenta de que en ningún pasaje donde se invita a la obediencia, Yehováh dice que al hacerlo alcanzaremos la vida eterna! No! la obediencia es para que podamos establecer familias sanas, relaciones interpersonales adecuadas, negocios justos y una sociedad equilibrada que sea ejemplo para las demás naciones de la tierra. La salvación siempre fue planeada por misericordia mediante el sacrificio de Yeshúa, el cual fue anunciado desde Génesis 3:15.

En otras palabras Yehováh nunca tuvo la intención de que los seres humanos fueran salvos por el cumplimiento de la Ley – Toráh. Esta no fue dada con ese propósito. En cambio, sí encontramos vez tras vez que seguir sus Estatutos lo mejor que podamos, nos dará como resultado una vida de libertad, abundancia y comodidad en esta tierra.


Prosperidad sin Dios

¿Puede el éxito alejarnos del Creador?

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Yehováh advierte a Su pueblo sobre un peligro silencioso que aparece cuando llegan las bendiciones… Pero, ¿qué podría ser? La respuesta es: Olvidarse de Él. Esto dice la Escritura:

“Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Yehováh tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Yehováh tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos… y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Yehováh tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas…” Deuteronomio 8:10,14,17-18.

Muchas veces, cuando luchamos y tenemos poco, clamamos al Creador cada día. Pero cuando llega la estabilidad económica, un ascenso laboral, un título universitario o una meta cumplida, el riesgo es pensar: “Yo lo logré por mi esfuerzo”.

Claro que el esfuerzo es importante, pero la Escritura nos recuerda que la capacidad para trabajar, aprender y tener éxito viene del Todopoderoso. Él abre las puertas, pone personas clave en nuestro camino y nos guarda de peligros que ni siquiera vemos.

Yosef, el hijo de Ya’akov, pasó de ser vendido como esclavo a ser el segundo en autoridad en Egipto (Génesis 41). Cuando el faraón le pidió interpretar sus sueños, Yosef pudo haber aprovechado la oportunidad para engrandecerse, pero dijo:

“No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” . Génesis 41:16

Yosef sabía que su inteligencia y habilidad eran regalos del Altísimo. En nuestros días, esta actitud nos enseña que cuando recibimos un ascenso, ganamos un premio o logramos algo importante, debemos reconocer públicamente que el Creador nos dio las capacidades y la oportunidad.

Cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo y los egipcios fueron derrotados, Miriam, la hermana de Moisés, tomó un pandero y cantó:

“Cantad a Yehováh, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete”. Éxodo 15:21

Ella no celebró la astucia humana ni la fuerza militar, sino que exaltó al Todopoderoso como el verdadero vencedor. Así también nosotros, cuando superamos una enfermedad, salimos de una crisis o vemos cumplirse un sueño, debemos reconocer que no fue casualidad ni por nuestra capacidad únicamente, sino la mano del Creador obrando a nuestro favor.

David fue perseguido durante años por el rey Saúl y luego por su propio hijo Absalón. Sin embargo, siempre reconoció que Yehováh lo libró. En 2 Samuel 22:2-4 dijo:

“Y dijo: Yehováh es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste. Invocaré a Yehováh, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.”

En el mundo actual, donde la gente suele atribuir sus logros solo a estrategias o contactos, este ejemplo nos recuerda que debemos reconocer la protección invisible del Altísimo en cada paso que damos.

El mismo Yeshúa, nos dio el ejemplo perfecto de humildad y dependencia. En Juan 5:19 dijo:

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…”

Aun teniendo poder para hacer milagros, Yeshúa siempre dio gloria al Padre. En nuestras vidas, esta actitud significa reconocer que cada idea brillante, cada cliente nuevo, cada oportunidad de negocio, viene de la provisión del Creador.

El apóstol Pablo pasó de ser perseguidor de los creyentes a uno de los más grandes predicadores del Evangelio. Él nunca se atribuyó el mérito de su cambio, sino que dijo:

“Pero por la gracia de Yehováh soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo”. 1 Corintios 15:10

Pablo nos enseña que incluso nuestras transformaciones internas, la capacidad de dejar malos hábitos o de enfrentar retos, provienen de la obra del Altísimo en nosotros.

La reina Ester no buscó gloria personal cuando salvó a su pueblo, sino que confió en que el Altísimo la había puesto en ese lugar “para un tiempo como este” (Ester 4:14). Ella arriesgó su vida sabiendo que la victoria final dependía de Yehováh. En nuestros logros, debemos entender que muchas veces el Creador nos posiciona con un propósito más grande que nosotros mismos.

Hoy, vivimos en una cultura que promueve el “tú puedes con todo” y el “si lo logras, fue por tu esfuerzo”. Pero la Escritura nos invita a vivir diferente: reconociendo que todo lo bueno que tenemos viene de Dios.

Esto no significa que no debamos trabajar duro, estudiar o esforzarnos. Significa que debemos reconocer que el Altísimo es quien nos dio la salud para levantarnos cada mañana, la mente para entender, la energía para perseverar y las oportunidades para avanzar.

Cuando alcanzamos un título universitario, debemos decir: “Gracias, Yehováh, porque me diste la capacidad y abriste las puertas”. Cuando nuestra empresa crece, debemos declarar: “El Todopoderoso ha sido mi proveedor”. Cuando superamos una etapa difícil, debemos proclamar: “El Creador me sostuvo”.

Enseñando a nuestros hijos a glorificar a Dios

Las Escrituras no solo nos habla a nosotros, sino que nos recuerda que debemos transmitir estas verdades a la siguiente generación. Si nuestros hijos ven que damos gloria a Dios en cada logro, aprenderán que la vida no se trata solo de acumular éxitos, sino de honrar al Altísimo con ellos.

Podemos enseñarles con acciones simples:

  • Orar en familia cuando se logra una meta.
  • Agradecer públicamente al Creador en una graduación o en un evento especial.
  • Contarles historias bíblicas de personas que reconocieron que su victoria venía de Dios.

Conclusión

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Como dice Proverbios 3:6:

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

El reto para nosotros es no dejar que el éxito nos haga olvidar al Todopoderoso Yehováh, sino que cada logro sea una oportunidad para decir: “A Él sea la gloria”.

¡Shalom!