Simjat Torah 2025 1

La Historia de Simjat Torá – Gozo de la Torá

Aunque no es una celebración ordenada en la Torá escrita, es una tradición desarrollada por el pueblo judío con el fin de celebrar la centralidad de la Palabra en la vida espiritual de Israel.

¿Qué es Simjat Torá?

Simjat Torá (שמחת תורה) significa literalmente “gozo de la Torá”. Esta fecha marca el cierre y reinicio del ciclo anual de lectura de la Torá, un momento de celebración comunitaria por el privilegio de recibir la Instrucción de Yehováh. Aunque no es una celebración ordenada en la Torá escrita, es una tradición desarrollada por el pueblo judío con el fin de celebrar la centralidad de la Palabra en la vida espiritual de Israel.

¿Cuándo se celebra?

En el calendario hebreo, Simjat Torá ocurre inmediatamente después de Sheminí Atzeret, el “octavo día de asamblea” mencionado en Levítico 23:36.

  • En Israel: Sheminí Atzeret y Simjat Torá se celebran el mismo día (22 de Tishrei).

  • En la diáspora: Simjat Torá se celebra el 23 del Séptimo mes (Tishrei), al día siguiente de Sheminí Atzeret.

Fundamento Espiritual: El Gozo por la Torá

Aunque Simjat Torá no se menciona en la Torá, el principio de regocijarse en la Instrucción de Yehováh está profundamente arraigado en las Escrituras:

Deleitarse en la Torá

¡Oh, cuánto amo yo tu Torá! Todo el día es ella mi meditación.
Salmos 119:97

Sino que en la Torá de Yehováh está su delicia, y en Su Torá medita de día y de noche. Salmos 1:2

Los mandamientos de Yehováh son rectos, que alegran el corazón.
Salmos 19:8

Estas palabras no describen una obligación vacía, sino una relación íntima entre el creyente y la Instrucción divina: amor, deleite, gozo.

El ciclo de la lectura anual

Cada año, la Torá (los cinco libros de Moisés) se dividen en 54 porciones semanales llamadas parashot (cada una se llama parashá – en singular), que se leen públicamente en las sinagogas y comunidades.

El último Shabat de Sucot, se lee:

  • Devarim (Deuteronomio) 34 — la muerte de Moshe.

  • Bereshit (Génesis) 1 — el inicio de la Creación.

Este acto representa que nunca se termina de estudiar la Torá, y que nuestro andar con Yehováh es un caminar continuo, circular, sin interrupción.

¿Cómo se celebra?

Durante Simjat Torá es costumbre en la Sinagogas:

  • Sacar todos los rollos de la Torá del arca.

  • Realizar siete procesiones de canto, danza y celebración con la Torá.

  • Honrar a miembros de la comunidad con lecturas especiales:

    • Jatán Torá (el que lee el final).

    • Jatán Bereshit (el que lee el comienzo).

  • Incluir a los niños con banderas, cantos y dulces.

  • Celebrar con alegría y comunidad, destacando el valor eterno de la Palabra.

¿Y qué de quienes seguimos a Yeshúa, el Mesías?

Para quienes seguimos al Mesías Yeshúa, Simjat Torá adquiere un sentido aún más profundo. Yeshúa es la Torá viviente, la Palabra hecha carne:

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros… Yojanán (Juan) 1:14

No penséis que he venido para abrogar la Torá o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

Yeshúa no anuló la Torá, la confirmó, la vivió y la enseñó con fidelidad. Por tanto, celebrar la Torá es celebrar al Mesías, quien nos enseñó a andar conforme a la voluntad de Su Padre.

Versículos clave que llaman a leer y vivir la Torá continuamente

Aquí algunos textos fundamentales que muestran el llamado a volver constantemente a la Torá, como fundamento de vida:

Estas palabras que Yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón… las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino… Devarim 6:6-7

Cuando se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí en un libro una copia de esta Torá… y la leerá todos los días de su vida. Devarim 17:18-19

No se apartará de tu boca este libro de la Torá, sino que meditarás en él día y noche… Josué 1:8

Reunirás al pueblo… y leerás esta Torá delante de todo Israel, para que oigan y aprendan. Devarim 31:10-12

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Elohim y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. Eclesiastés 12:13

Reflexión Final

En un mundo que desprecia la verdad y celebra la confusión, el regocijo en la Torá es un acto de resistencia espiritual. Simjat Torá nos invita a volver a las raíces, a la Palabra dada en Sinaí, y a comprometernos —una vez más— con vivirla, enseñarla y deleitarnos en ella.

Nuestro Padre Yehováh no nos pide lo imposible. Nos pide fidelidad. Nos da Su Palabra, y nos invita a caminar con ella.


Caminante perdido 2

Descarriados, mas nunca abandonados

¿Te lo habías preguntado alguna vez?  ¿Quién determinó las fronteras de cada nación y su tamaño? Nuestra mente responde: el hombre con sus guerras de independencia y ambición de conquista. Pero no fue así. Yehováh, nuestro Padre lo hizo! Él actúa como autoridad suprema y absoluta, distribuyendo los pueblos según su plan perfecto.

Como siempre sucede, las palabras de alguien que está por partir tienen una trascendencia especial porque representan el legado de toda una vida; y si había alguien que pasó por experiencias únicas, ese fue Moshé. Entonces vale la pena leer esta porción detenidamente y en dependencia del Ruaj HaKodesh para poder descubrir ese legado que nos ha de enriquecer para lo que resta de nuestras vidas.

Tan importante es éste cántico que en el verso 19 del capítulo anterior, Moshé le dice a Yahoshúa (Josué):

“Escribid este cántico para vosotros, y tú, enséñalo a los hijos de Yisrael. Ponlo en su boca, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Yisrael”. 

Así, el pueblo memorizó estas palabras, lo cual bien haríamos en hacer como descendientes que somos de Israel, además porque nuestra experiencia no difiere mucho de la de ellos.

Sólo me referiré a algunos de los versos que resaltan y enseñan grandes verdades. Pero seguramente Yehováh te guiará a otros tesoros, que por cierto agradecería los compartieras con otros lectores en la parte inferior de la página.

¡Atribuid la grandeza a nuestro ‘Elohim! Él es la Roca, cuya obra es perfecta, todos sus caminos son justos, Dios de fidelidad, sin injusticia, justo y recto es Él. La corrupción no es suya, de sus hijos es la mancha.  Deut. 32:3-5

Es fascinante mantener este concepto claro en nuestro corazón. Nuestro Padre es todo lo que dicen estos versos y más. Pero… ¿estamos convencidos de ello realmente? O… ¿nos mantenemos culpándole por situaciones que nosotros mismos hemos provocado, o que simplemente han llegado a nuestra vida y consideramos que es injusto que así sea? La corrupción NO ES SUYA! de sus hijos es la mancha. Cuando aprendamos a pensar de esta forma y asumamos la responsabilidad que corresponde a nuestro actuar, entonces y solo entonces, recibiremos la dirección, el soporte, el consuelo, el ánimo, la ayuda y demás que necesitemos de Sus manos.

LAS FRONTERAS DE LAS NACIONES

¿Te lo habías preguntado alguna vez?  ¿Quién determinó las fronteras de cada nación y su tamaño? Nuestra mente responde: el hombre con sus guerras de independencia y ambición de conquista. Pero no fue así. Yehováh, nuestro Padre lo hizo! El actúa como autoridad suprema y absoluta, distribuyendo los pueblos según su plan perfecto. Por ejemplo en Deut. 2:5, Yehováh declara que ha entregado cierta tierra a la descendencia de Esav (Esaú) (uno de los grupos árabes actuales) y en el 2:9 declara que otra tierra ha sido entregada a la descendencia de Lot.

A pesar de la bondad de Yehováh para con Israel, ilustrada en los versos 10 al 14, Yeshurún (nombre poético para Israel), una vez “que creció y se engordó”, es decir se creyó autosuficiente y poderoso, menospreció a la Roca de su salvación! de manera que desde allí hasta el verso 35, podemos leer de las consecuencias terribles de ese desatino. Toda suerte de males nos sobrevendrían, pero nunca seríamos totalmente abandonados.

¿ES AHORA DIFERENTE?

¿Somos nosotros mejores que ellos? ¿No nos ha sucedido que cuando las cosas prosperan y “nos engordamos”, nuestro corazón se ensoberbece y la relación con nuestro Padre se torna vacilante, obligatoria, fría, rutinaria y tediosa? Entonces ni nos damos cuenta que le hemos volteado la espalda y aunque sigamos jugando a la religión (con entrega de diezmos, sericio socail y todo lo demás), caemos en un abismo de materialismo que nos impide percibirle y mucho menos obedecerle.

En otras palabras nos comportamos tal y como lo hicieron nuestros padres. Por esa razón, todas las declaraciones de Moshé se cumplen también en nosotros, porque somos descendientes de Israel.

La teología cristiana tradicional afirma que Yehováh reemplazó a Israel con la Iglesia, lo cual constituye un craso error! Nunca en la mente de Yehováh hubo la idea de rechazar a Israel; de desecharlo o abandonarlo para reemplazarlo por un supuesto “Israel espiritual” como muchos pretenden. Yehováh restaurará finalmente a Israel y es lo que vemos a partir del verso 36.

Tan cierto es esto, que a quienes somos rescatados por Yeshúa se nos concede la ciudadanía de Israel (hablo de parte de Yehováh y no del gobierno terrenal actual). Somos vinculados a esa nación y a partir de allí todo lo que se ha prometido a Israel, es verdad para nosotros.

Poco antes de morir, Moshé enfatizó la importancia de

“poner en nuestro corazón todas estas palabras y poner por obra las palabras de esta Toráh, porque no es palabra vana sino Palabra de Vida”.

No debió ser sencillo para Moshé conocer que el pueblo que él había liderado iba finalmente a comportarse de tal forma y en consecuencia habría de pasar por semejantes adversidades por haberse rebelado contra las instrucciones de Yehováh; pero seguramente para ese momento ya Moshé sabía que el Todopoderoso Yehováh no se equivoca en sus propósitos y saca partido aún de las situaciones más adversas.

Podemos deducir que Yehováh es quien determinó las fronteras de Colombia, de USA, de México, de Canadá, etc. Obviamente eso sucedió a trvés de las históricas batallas que nos enseña la historia; pero no fueron solamente las conquistas de los revolucionarios! Y observa con qué criterio Yehováh hizo esa ditribución:

Cuando ‘Elyon daba a cada pueblo su heredad, y distribuía a los hijos del hombre, trazando las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Israel… Deut 32:8

¿Qué nos sugiere esto? Pues ahora entendemos que los hijos de Israel estarían esparcidos por todas las naciones y nosotros somos parte de ellos. De manera que no es locura inferir que  Yehováh, de alguna manera incompresible para nosotros, llevó a cabo la tarea de distribuir la tierra teniendo en cuenta a los descendientes de Israel que llegarían a esas tierras. utilizando los medios que registra nuestra historia.


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El Peligro de Olvidarnos de Yehováh en la Abundancia

Los seres humanos solemos buscar desesperadamente al Todopoderoso en tiempos de crisis, pero cuando todo marcha bien, nos enorgullecemos y se nos olvida quién nos dio la bendición.

En Deuteronomio 31 hay unos versos que son muy preocupantes. Yehováh le dice a Moisés:

“Este pueblo se levantará y se prostituirá tras los dioses ajenos… me dejará y quebrantará mi pacto. Entonces mi furor se encenderá contra él” .
Deuteronomio 31:16-17

Suena fuerte, ¿cierto? Pero el mensaje fue muy claro para ellos y lo sigue siendo para nosotros hoy:

cuando Israel entre en la tierra y disfrute de paz, comida y prosperidad, correrá el riesgo de olvidarse del Creador.

Miremos nuestra realidad. Vivimos en una sociedad llena de comodidades. Tenemos tecnología, comida al alcance de la mano, entretenimiento por todas partes. Y aunque todo esto parece una bendición, también acarrea un peligro: que nuestros corazones sean seducidos y nos enfriemos. Entonces Yehováh pasa a un segundo plano porque sentimos que ya no lo necesitamos.

Esto mismo sucedió en tiempos antiguos. El profeta Oseas lo dijo claramente:

Cuando tuvieron pastos se saciaron; y al saciarse se enorgulleció su corazón; por esta causa se olvidaron de mí. Oseas 13:6

¿No es exactamente lo que vivimos hoy?

Los seres humanos solemos buscar desesperadamente al Todopoderoso en tiempos de crisis, pero cuando todo marcha bien, nos enorgullecemos y se nos olvida quién nos dio la bendición. Moisés lo advirtió en Deuteronomio 8:

“Cuídate de no olvidarte de Yehováh tu Dios… no sea que digas en tu corazón: mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”.

Yeshúa también habló de esto en la parábola del sembrador. La semilla que cayó entre espinos representa a los que escuchan la Palabra, pero las riquezas y las preocupaciones de la vida la ahogan (Mateo 13:22). La abundancia no es el problema; el problema está en olvidar al Dador de esa abundancia.

La historia nos da ejemplos claros. Salomón, con toda su sabiduría y riquezas, terminó desviando su corazón porque dejó que lo material lo apartara de Yehováh (1 Reyes 11:4). En cambio, Job, que también tenía mucho, nunca olvidó al Creador. Cuando perdió todo, declaró:

“Yehováh dio, Yehováh quitó; sea bendito el nombre de Yehováh”. Job 1:21

Hoy el reto es el mismo: no permitir que el confort o la prosperidad nos hagan olvidar de quién dependemos realmente. Yehováh es la fuente de toda provisión, y sin Él, incluso la mayor riqueza se convierte en vacío.

El apóstol Pablo lo resumió muy bien:

He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación… todo lo puedo en el Mesías que me fortalece.  Filipenses 4:11-13

La verdadera seguridad no está en lo que tenemos, sino en caminar cerca de Yehováh nuestro Padre.

No dejemos nunca que las bendiciones de Yehováh nos aparten de Él. Más bien, hagamos de cada bendición un recordatorio de su amor y fidelidad. Porque, al final, la abundancia sin Yehováh se puede convertir en una trampa para nosotros.
¡Shalom!

Ayunando en Yom Kippur

“Cerrando la puerta” en Yom Kippur

Para los seguidores de Yeshúa, el Camino, Yom Kippur es una gran oportunidad para hacer un autoevaluación o auditoría seria y concienzuda y para ver como ha sido nuestro caminar.

El Séptimo mes del calendario de Yehováh – inicia con la celebración de Yom Truá, – Día de Trompetas (o de aclamación) y diez días después llegamos a Yom Kippurim – día de las Expiaciones.

La creencia del judaísmo

El nombre más común para este período de diez días, es Aseret Yemei Teshuváh ó Diez Días de Arrepentimiento. La tradición judía considera que Yom Truá es un día de juicio cuando Dios abre Su libro, examina las obras o acciones de su pueblo, y decide quién vivirá y quién morirá; o quién tendrá una buena vida, y quién la tendrá llena de problemas en el año siguiente. Si bien el judaísmo considera que Dios hace tal decreto sobre la vida de cada quién ese primer día del Séptimo mes, tal decreto no es sellado o confirmado en el Libro de la Vida hasta Yom Kippur.

El día de Yom Kippur, tienen un servicio religioso de cierre que se llama Nillah, lo cual significa “el cierre de la puerta”.

La tradición judía sostiene que hasta este último momento, es posible arrepentirse y orar por la misericordia de Yehováh para que el decreto, de ser desfavorable, sea cambiado. De hecho, se dice que el acceso a través de esta puerta nunca es más fácil que en las horas previas a Yom Kippur. Según sus creencias, este es un tiempo cuando los cielos están abiertos de par en par. Pero al llegar el crepúsculo y finalizar el ayuno de Yom Kippur, la puerta se cierra y el juicio (el decreto) se sella y ya no puede ser cambiado.

Vale la pena afirmar que todo lo anterior no se encuentra de manera explícita en la Torá o en el Tanaj (Antiguo Testamento) y tampoco Yeshúa o sus discípulos hicieron referencia a tal cosa.

Qué nos dice el Brit Jadasháh (Nuevo Testamento)

Yeshúa declaró que Él es la puerta de entrada de Sus ovejas. Esa Puerta está abierta durante todo el año para aquellos que quieran entrar a través de Él para tener acceso al Padre.

“Yo soy la puerta; todo el que entra por mí, será salvo” (Juan 10: 9)

Para entender lo que Yeshúa quiso decir con esto, reflexionemos sobre el propósito de las puertas: Ellas nos dan acceso a lugares distintos del que nos encontramos; para llegar al otro espacio, cruzamos por la puerta. De manera similar, es a través de Yeshúa, que obtenemos acceso desde este lado de la vida, al otro lado donde habita nuestro Padre Eterno Yehováh:

‘Yo soy el camino, la verdad y la Vida; nadie puede venir al Padre, sino por mí.
Juan 14:6

Una puerta también proporciona un camino a través de una barrera. Nuestras injusticias  nos hacen merecedores de una separación (muerte) eterna de nuestro Padre; pero a través de Yeshúa, tanto judíos como gentiles tenemos acceso a Él. Por eso Yeshúa declaró:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, de ningún modo morirá eternamente. Juan 11.25-26

Por todo lo anterior, quienes hemos tenido un encuentro genuino con Yeshúa, poseemos la certeza incontrovertible, de que nuestras injusticias, o pecados, o errores o fracasos, han sido perdonados y no tenemos que esperar a ver si Dios nos extiende otro año de vida en Yom Kippur.

Para nosotros, los seguidores de Yeshúa, el Camino, ese día es una gran oportunidad para hacer una autoevaluación o auditoría seria y concienzuda; para ver como ha sido nuestro caminar. Es un tiempo que nos regala nuestro Padre para hacer un alto en nuestra carrera por la vida, detenernos y revisar nuestro comportamiento a la luz de Su Palabra (Torá).

Como resultado deberá haber reparación de las relaciones que hayamos roto o deteriorado; deberá haber restitución de lo que hayamos defraudado: Piensa ¿a quién le debes honra? ¿a quién hay que devolverle algo material? ¿a quien le debes demostraciones de afecto o amor? ¿a quién le quedaste debiendo unas: “gracias” o favor y está esperando por tu respuesta?

De eso se trata Yom Kippur. Ciertamente (como diría Pablo), ese día es un gran regalo que debemos aprovecharlo para buscar una intimidad mayor con nuestro Padre y con nuestro Señor Yeshúa, para exponernos a su luz de manera que hasta los rincones más ocultos de nuestra vida, y que no conocemos, sean alumbrados para limpiarlos y sacar todo lo que no debe estar allí.

Deseo que tengas un Yom Kippur diferente este año. Shalom

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Yom Truá – La Coronación del Rey

Hay que poner atención al hecho de que la palabra tru’á no significa “trompeta” ni “shofar”, y sería mejor traducida como “estruendo”; un fuerte ruido.

El sonido del shofar es la característica principal que se relaciona con Yom Truá, el primer día del séptimo mes. En el judaísmo moderno así como también a través de la historia, miles de judíos que normalmente no asisten a la sinagoga hacen la excepción en este día, para poder escuchar el sonido del shofar. Tradicionalmente se asocia este sonido con un llamado a despertarse del letargo y retornar al Creador. Mencionado en la literatura judía también como Yom haDin, o Día del Juicio, da inicio también a una serie de 10 días “terribles” hasta YomKipur, el Día de la Expiación, en lo que es un período de introspección y evaluación personal y comunal.

Hay que poner atención al hecho de que la palabra tru’á no significa “trompeta” ni “shofar”, y sería mejor traducida como “estruendo”; un fuerte ruido. En consecuencia, encontramos en las Escrituras distintas instancias en las que un “tru’á” representa gritos fuertes de la gente, y en otras instancias puede ser una trompeta o shofar, o una combinación de todo esto, como cuando cayeron las murallas de Jericó. Otra manera de expresarlo podría ser que un sonido de shofar es siempre tru’á“, pero un “tru’áno siempre es sonido de shofar.

La Coronación del Rey

Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; 34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta (shofar), diciendo: ¡Viva el rey Salomón!

1 Reyes 1:33-34

Es una larga tradición de Israel el sonar el shofar cuando se coronaba a un rey. Esta costumbre permaneció con ciertos pueblos europeos, aclamando a sus reyes con sonidos de trompeta.

Hay dos momentos históricos cuando el Rey del Universo se manifiesta como el Todopoderoso y Dios de Israel de manera masiva, uno en el pasado y otro por venir.

La primera instancia, que cambió el curso de la historia de la humanidad, sucedió hace alrededor de 3400 años en el Monte Sinaí, cuando sonó un gran shofar y en medio de truenos y estruendos (tru’á), Él se dio a conocer a todo Israel entregando la Torá (Ley Universal) por mano de Moshé.

La siguiente instancia será, creemos con nuestra fe, al final de la Era, cuando Él se dará a conocer a toda la humanidad y todos lo reconocerán, finalmente, como el Rey.

Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Yehová.

Salmo 98:6

En este versículo vemos como David, rey de Israel, reconoce al Todopoderoso como Rey del Universo, y hace referencia a su aclamación a través del sonido del shofar.

Conclusión

Cualquier similitud con “la última trompeta” de la cual habla Pablo, o las trompetas del libro de Apocalipsis, sin dudas no es una coincidencia.

A través del sonido del shofar (u otro sonido fuerte) en Yom tru’á debemos despertarnos del sueño y caer en conciencia de que “el Rey se aproxima”. No en un futuro distante o un año especulativo formulado por teólogos, sino AQUÍ y AHORA, ya que Él es Rey del Universo desde y hasta la Eternidad.


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¡Basta de procastinar! Es tiempo de renovar el Pacto

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Nuestro Padre es atemporal y vive en un eterno presente. De manera que, para Él, ese día que habló fue su “hoy” tanto como lo es éste en el que estamos leyendo estos pasajes.

¿Qué es Procastinar?

Es un término contemporáneo que significa diferir o aplazar o posponer.

Una manera elegante de decir: No

Antes de existir los supermercados, en las tiendas de barrio era usual que las familias vecinas abrieran cuentas para comprar sus alimentos fiados, con el propósito de pagarlos el fin de semana cuando recibieran su paga. Sin embargo, cuando los clientes comenzaron a fallar su compromiso, los tenderos cerraron los créditos; y de manera coloquial y humorística, colocaron letreros que decían: “hoy no fío; mañana, sí”; así procastinaban, aplazaban, su servicio, y quedaban bien con sus clientes, pero ese día nunca llegaría.

Un “hoy” que siempre es presente

En Deuteronomio 29:10-15 nos hallamos con el caso contrario cuando Yehováh usa la palabra hoy, con el propósito de enfatizar la vigencia permanente del Pacto que había realizado con su pueblo Yisrael. Cinco de las ocho veces que aparece la palabra en este capítulo, están relacionadas directamente con dicho Pacto. Tales declaraciones fueron pronunciadas hace miles de años; pero cuando las leemos hoy, nos encontramos que todo su contenido es aplicable a nosotros hoy y nos afecta profundamente. Veamos esos versos:

Hoy todos vosotros estáis ante la presencia de Yehováh vuestro Dios: vuestros jefes, vuestras tribus, vuestros ancianos, vuestros oficiales, todos los hombres de Yisrael, vuestros pequeños, vuestras mujeres, y el extranjero que está dentro de tus campamentos, desde el leñador hasta el que saca tu agua, para que entres en el Pacto con  tu Dios, y en su juramento que Yehováh  tu Dios hace hoy contigo, para confirmarte hoy como pueblo suyo, y que Él sea tu Dios, tal como te ha hablado y como juró a tus padres Avraham, Yitzhak y Ya’akov. No con vosotros solos hago este Pacto y este juramento; ciertamente es con los que están hoy aquí con nosotros en presencia de Yehováh nuestro Dios y también con los que no están hoy aquí con nosotros.

Nuestro Padre es atemporal y vive en un eterno presente. De manera que, para Él, ese día que habló fue su “hoy” tanto como lo es éste en el que estamos leyendo estos pasajes.

Cuando lo entendemos de esta manera, nos damos cuenta de que estamos incluidos en esa multitud que estuvo presente aquel día. Por si quedaran dudas, mira de nuevo con atención el verso 15:

ciertamente es con los que están hoy aquí con nosotros en presencia de Yehováh nuestro Dios y también con los que no están hoy aquí con nosotros.

¡Esto nos incluye a ti y a mí! No estábamos físicamente presentes en aquél “hoy”, pero lo estamos en el de este día: hoy. Y siendo que Yehováh no cambia, podemos estar seguros de que somos parte de ese pacto si realmente entendemos y aceptamos que hemos sido injertados en Israel mediante la obra de nuestro Mesías Yeshúa.

Como podemos concluir, Yehováh está expectante de que nosotros en nuestro presente, nuestro hoy, entremos en el Pacto que hizo con nuestros padres en el pasado. Desea que seamos Su pueblo y que le reconozcamos a Él como nuestro Dios. El asunto es que esto no es algo que se hace solo con una oración de fe; requiere de una forma de vida alineada con la Torá porque de eso trata el Pacto en el que hemos entrado. (Ver tema: ¿La oración de fe nos salva?)

No procastinemos (pospongamos), no aplacemos. Hoy, tenemos la oportunidad de decir Sí a nuestro Padre, y cada día deberá ser de la misma manera, puesto que no solo la Torá mantiene su vigencia por generaciones, sino que su obediencia es también la credencial que identifica al auténtico pueblo de Yehováh hoy y siempre.

Programa de Radio relacionado:

¿Nos hace salvos la oración de salvación?

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El significado real de la palabra Bendición בְּרָכָה (brajá)

Una bendición, en el sentido bíblico, está intrínsecamente relacionada con el concepto de dar algo.

Una bendición es un hermoso gesto de amor. Puede darse a otros, así como también recibirse. Bendecimos a una persona, porque es alguien que nos importa, alguien para quien deseamos el bien y alguien a quien respetamos. Cuando alguien nos bendice a nosotros, eso nos hace sentir bien, significa que esa persona quiere lo mejor para nosotros.

Es difícil conceptualizar una bendición y la acción de bendecir, separado del contexto cristiano en el que lo aprendimos. Raramente se escucha acerca de alguien que bendiga a otra persona, fuera del marco de la iglesia, la congregación, o una reunión entre creyentes.

La palabra bendición viene del latín benedicere, que significa simplemente “hablar (dicere) bien (ben)”. Decir algo bueno, pronunciar una buena palabra sobre alguien… con esta definición, una bendición y un cumplido tienen poca diferencia.

¿Qué podemos aprender de esta palabra en la lengua hebrea?

בְּרָכָה  (brajá)

La primera vez que el concepto de bendecir (en forma de acción) aparece en las escrituras, es en el primer capítulo de Génesis, cuando el Creador bendice a los animales en el agua y el aire para que sean fructíferos y se multipliquen. Como veremos, una bendición siempre está relacionada con otorgar algo en la Torá. En este caso, el Eterno le entrega a los animales esa capacidad para ser fructíferos y multiplicarse.

La primera vez que la palabra brajá, aparece en forma de sustantivo en la Torá, es en Génesis 12:2, en donde el Altísimo le dice a Abraham que lo bendecirá, y hará que él mismo se convierta en una brajá.

Más tarde vemos como Ya’akov toma la brajá que le correspondía a Esaú (Gen 27:35-38). Aquí vemos nuevamente una bendición como algo que “se entrega” de padre a hijo. Posteriormente vemos este ritual en Génesis 49, cuando Ya’akov bendice a sus hijos.

Tal como el padre da la bendición a su hijo, podemos ver también como Yehováh, nuestro padre celestial, otorga sus bendiciones a nosotros en la tierra:

…entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años.
Levítico 25:21

En todos estos casos podemos ver como una bendición, en el sentido bíblico, está intrínsecamente relacionada con el concepto de dar algo. En este último caso, una abundancia en la cosecha antes del año de jubileo, y en el caso de los padres, ellos entregaban una parte de todo lo que poseían (su herencia) a sus hijos, siendo el hijo primogénito quien recibía una doble porción de todo.

Cuando observamos la palabra hebrea brajá, y analizamos su raíz, encontramos la palabra berej (ברך), que significa “rodilla”. La bendición puede ir en dos direcciones: cuando un padre bendice a su hijo es una, y la otra es cuando nosotros bendecimos a nuestro Padre celestial. En este caso, nos arrodillamos ante Él, tal como podemos ver en el siguiente pasaje:

…Salomón había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, de cinco codos de ancho y de altura de tres codos, y lo había puesto en medio del atrio; y se puso sobre él, se arrodilló delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo.
2 Crónicas 6:13

Hasta el día de hoy, hay mucha gente que se arrodilla para orar o bendecir al Eterno. En la tradición judía, cuando se recitan las bendiciones se acostumbra doblar las rodillas en señal de reverencia, haciendo honor a esta antigua tradición.


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Todo lo que hacemos hoy —actividades legales y honestas— es posible gracias a las capacidades, talentos, habilidades y relaciones que Yehováh nos ha permitido desarrollar.

Uno de los primeros actos de obediencia que Yehováh demanda a Su pueblo es “recoger” (cosechar y apartar) tanto los primeros frutos de la cosecha como aquellos producidos por su trabajo con los animales, para ayudar con los gastos de la Casa de Yehováh (Templo), para compartirlos con personas en necesidad y para ayudar con el sostenimiento de los levitas, quienes se dedicaban a tiempo completo al servicio de los asuntos de Su Casa (Templo). Surge entonces una pregunta natural: dado que en el presente la mayoría no nos dedicamos a la agricultura ni a la cría de animales, ¿sigue este mandamiento teniendo validez? De ser así, ¿cómo podemos obedecerlo?

En el mundo actual, es imposible vivir sin algún tipo de ingreso periódico, ya sea salario, renta, donativo o cualquier otra forma de sustento. Cabría preguntarnos, entonces, si estos ingresos pueden equipararse a los beneficios que se obtenían de la tierra y el ganado, los cuales eran reconocidos como bendición de Yehováh para Su pueblo trabajador y fiel.

Todo lo que hacemos hoy —me refiero a actividades legales y honestas— es posible gracias a las capacidades, talentos, habilidades y relaciones que Yehováh nos ha permitido desarrollar. Por lo tanto, ¿no son las ganancias o beneficios resultantes del ejercicio de esos dones igualmente bendiciones Suyas? Y si concluimos que sí lo son, entonces, ¿no tenemos también la responsabilidad de cumplir de la mejor manera este mandamiento?, porque al hacerlo estamos reconociendo a Yehováh como su fuente principal.

Un poco de historia

Una vez que el pueblo de Israel entró en la tierra prometida y recogió sus primeros frutos, tuvo que presentarse ante Yehováh y declarar delante del sacerdote:

«3 …Hoy declaro ante Yehováh tu Dios, que he entrado en la tierra que Yehováh juró a nuestros padres que nos daría… 4 Y el sacerdote tomará el cesto de tu mano y lo mecerá delante del Altar de Yehováh tu Dios… 10 Y ahora, he aquí traigo las primicias del fruto del suelo que me diste, oh Yehováh. Y lo colocarás delante de Yehováh tu Dios, y te postrarás delante de Yehováh tu Dios». Deuteronomio 26:3,4,10

Pero no era esto solamente lo que la gente de Israel debía separar como muestra de gratitud a Yehováh. También debía poner aparte una provision para los necesitados de su pueblo:

«He apartado lo consagrado de mi casa, y se lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me mandaste; no he quebrantado tus mandamientos ni me he olvidado de ellos».
Deuteronomio 26:13

¡Espera! Aquí no solo se habla de apartar lo consagrado para Yehováh, las primicias que se entregaban a los sacerdotes, sino de proveer además para el extranjero, el huérfano y la viuda. ¡Esto es profundamente significativo! Es un llamado a la generosidad en general y al desapego de lo material.

Si no obedecemos estas instrucciones, tendremos muy poca base escritural para esperar las bendiciones de Yehováh en nuestras finanzas.

Hablemos del controvertido “Diezmo”

Yehováh prometió que si le obedecemos apartando la décima parte de lo que obtenemos mediante el uso de las habilidades y talentos que Él nos dio, detendrá al devorador para beneficio nuestro:

“¡Traed todos los diezmos a la tesorería (de la Casa de Yehováh – Templo) y haya alimento en Mi Casa! Y probadme luego en esto, dice Yehováh Sebaot, si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Os alejaré al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra ni os hará estéril la vid en el campo, dice Yehováh Sebaot.”
Malaquías 3:11

Por lo cual, despreciar o ignorar estas instrucciones, trae consecuencias. Si fallamos en apartar la porción que le corresponde a Yehováh (el diezmo), y la que corresponde a quienes están en necesidad, estamos quebrantando el pacto que tenemos con Él; como resultado, no solo se ve afectado el desarrollo de los ministerios, sino que también sufren quienes sirven en ellos, así como las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Mas no por descuido de Yehováh, sino porque quienes deberíamos ser canal de ayuda para todos ellos, cerramos nuestro corazón y retenemos lo que no nos pertenece. Así caemos bajo maldición y damos al devorador la base legal para dañar nuestras finanzas.

Aunque Yeshúa nos liberó del justo veredicto de culpa que pesaba sobre nosotros por quebrantar la Torá, no nos eximió de la responsabilidad de seguir Su ejemplo, viviendo una vida apartada de los patrones de este mundo. Cuando reconocemos que estamos pecando en alguna área, es nuestro deber arrepentirnos y volver a la obediencia.

Esto aplica también en el ámbito financiero. Al separar nuestro diezmo —la porción de nuestros ingresos que le pertenece a Yehováh—  nos estamos volviendo a Él y Él se vuelve a nosotros:

«Volveos a mí, y Yo me volveré a vosotros», dice Yehováh de los ejércitos. «Pero vosotros decís: “¿En qué hemos de volvernos?”. ¿Robará el hombre a ’Elohim? Pues vosotros Me habéis robado. Y decís: “¿En qué te hemos robado?”. ¡En los diezmos y en las ofrendas! Sois malditos con maldición, porque vosotros, la nación entera, Me habéis robado».
Malaquías 3:7-9

Un corazón agradecido, comparte con quienes están en necesidad

¿Qué hacen nuestros hermanos de Y’hudah?

Dentro del judaísmo, encontramos una profunda sabiduría en la práctica de la Tzedakáh. Este término, que comúnmente se traduce erróneamente como ‘caridad‘, significa en realidad justicia social o rectitud. No se trata de hacer una mera donación voluntaria, sino de un mandamiento obligatorio (mitzvá) que busca restaurar la justicia y el equilibrio en la comunidad. Es considerado un precepto tan fundamental que, según la tradición, quien se niega a cumplirlo demuestra una desconexión tan grave de los valores esenciales del pueblo judío que incluso se llega a dudar de la autenticidad de su fe y de su legado. Algunos sabios afirmaron que la Tzedakáh equivale a todos los mandamientos juntos, y quien no la practica es comparable a un idólatra, pues pone su confianza en las riquezas en lugar de en Dios.

Con razón Yeshúa afirmó:

«…donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón».

Este principio se refuerza en el Nuevo Testamento (Brit Hadashá), donde se señala que si no damos al ver a un hermano en necesidad material, es dudoso que el amor de Yehováh more en nosotros:

«…el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano en necesidad, y cierra su corazón contra él, ¿cómo morará el amor de Dios en él?».
1 Juan 3:17

Por supuesto, Yehováh recompensa la compasión y la generosidad. Promete que cuando damos a los pobres, necesitados, viudas y huérfanos, Él nos retribuirá:

«El que da al pobre presta a Yehováh, y Él le recompensará».
Proverbios 19:17

Entonces… ¿Qué podemos hacer con los diezmos?

Antes que todo, es necesario entender que la práctica del diezmo es ante todo un testimonio para quien lo entrega. Sí, porque al hacerlo está reconociendo que sus capacidades vienen de Yehováh.

Originalmente, el diezmo se entregaba en la Casa de Yehováh (el Templo) para su mantenimiento y para sostener a levitas y sacerdotes. Sin embargo, con el tiempo, muchos sacerdotes se corrompieron, y lo recibido ya no bastaba para saciar su codicia. Por eso, en tiempos de Yeshúa, la casta sacerdotal estableció negocios de cambio de moneda y venta de animales en los patios del Templo, lo que provocó que Yeshúa los expulsara, acusándolos de convertir la Casa de Su Padre en cueva de ladrones:

«…y Yeshúa entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y les decía: “¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones’? Pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”».
Marcos 11:15-17

Tras la destrucción del Templo de Herodes en el año 68 d.C. ya no hubo lugar para llevar los diezmos. ¿Diriamos entonces que “nos libramos” de tal responsabilidad? Al responder que sí, estamos mostrando que no hemos entendido el propósito de esa instrucción, ¿recuerdas cuál es? Reconocer que todo viene de Yehováh y mostrarle gratitud y honra. La pregunta entonces persiste: ¿Qué debemos hacer con la porción que separamos para Yehováh?

Personalmente veo dos opciones:

  1. Atendiendo a lo que dijo Yeshúa a sus discípulos cuando los envió en misión: «El obrero es digno de su salario» (Lucas 10:7) es perfectamente lícito y apropiado usarlo para dar apoyo financiero a quienes nos guían y nos dan soporte espiritual.
  2.  Utilizarlo también para dar ayuda a los necesitados: La viuda, el huérfano, el extranjero… es decir a personas que están en real necesidad.

Seguramente habrá situaciones que dificultarán apartar el diezmo completo. En tales casos, debemos hacer lo posible dentro de nuestras limitaciones. Lo importante es que no haya excusa para dejar de compartir las cargas de quienes sirven a Yehováh, o para no ayudar a quienes están en necesidad. Y aunque estuviésemos en una situación financiera difícil, como Pedro al paralítico, deberíamos estar dispuestos a decir:

«No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy» (Hechos 3:6).

Entonces finalmente, te invito a reflexionar y a considerar: ¿Qué puedo dar? ¿Cómo puedo ayudar? ¿De qué manera puedo mostrar gratitud a Yehováh y a Yeshúa? Ora y permite que Yehováh te guíe al respecto.

Lo cierto es que en los tiempos que nos ha correspondido vivir, no podemos endurecer nuestro corazón, ni poner nuestra confianza en el dinero; porque está profetizado que llegará el momento en que no podremos usarlo (ni comprar, ni vender) y entonces será tiempo de cosechar lo que hayamos sembrado:

  • Salmo 41:1
    «Feliz quien atiende al desvalido, Yehováh lo salvará en el día de la adversidad.»

  • Isaías 58:7-8
    «¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras…? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto…»

  • Mateo 25:40 (palabras de Yeshúa)
    «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»

¡Shalom!