Llorando sin causa

¿Vale la pena llorar por eso?

El llanto, cuando nace de la desesperanza y no de la fe, puede ser rechazado por el cielo.

Y llorasteis delante de Yehováh, pero Él no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.

Devarim / Deuteronomio 1:45

Llorar no siempre mueve el corazón del Creador. Sí, leíste bien.

El llanto, cuando nace de la desesperanza y no de la fe, puede ser rechazado por el cielo. Así ocurrió con nuestros antepasados en el desierto. Lloraron amargamente… pero no fue un llanto santo, fue un llanto de incredulidad. No fue de arrepentimiento, sino de autocompasión. No de humildad, sino de rebelión disfrazada de dolor.

El contexto es claro: Yehováh les había prometido una tierra buena, amplia, bendecida. Pero al escuchar el informe de los espías, el pueblo no elevó su mirada al Cielo, sino que bajó los ojos al suelo, temblando ante los gigantes. Lloraron. Y Yehováh selló aquel día como uno de llanto para las generaciones venideras.

Ese día fue el 9 de Av.

Desde entonces, el 9 de Av (día 9 del quinto mes hebreo), se ha convertido en una fecha marcada por tragedias: la destrucción del Primer y Segundo Templo, la expulsión de los judíos de España, la persecución durante las Cruzadas y mucho más. ¿Casualidad? ¡No! Fue Yehováh mismo quien dijo: “Si lloran sin causa, les daré razón para llorar en esta fecha” (según el Talmud, Ta’anit 29a).

Esto no es venganza. Es una lección espiritual.

¿Qué nos enseña esto hoy?

Muchos creyentes siguen llorando por lo que no tienen, en lugar de agradecer por lo que ya se les ha prometido. Se quejan de la dificultad del camino, en vez de celebrar que van rumbo a la herencia eterna. Y así, ¡repiten la historia!

Y tú… ¿estás llorando por miedo o por falta de confianza? ¿Te paraliza el “no puedo” más que te impulsa el Yehováh puede”?

Hay un tipo de llanto que penetra en los cielos: el llanto de arrepentimiento (como el de David, como el de Pedro). Pero hay otro que los cierra: el llanto de incredulidad o de amargura.

Tres tipos de llanto: ¿cuál es el tuyo?

  1. Lágrimas de arrepentimiento:

    Nacen de un corazón quebrantado. Son como incienso delante del trono.

    “Los sacrificios de Elohim son el espíritu quebrantado…” (Salmo 51:17)

  2. Lágrimas de dolor con esperanza:

    Son legítimas. El sufrimiento duele. Pero si están bañadas en fe, traen consuelo.

    “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Salmo 126:5)

  3. Lágrimas de queja y temor:

    Estas no tocan el corazón de Yehováh; más bien, revelan una actitud de incrdulidad a Su Palabra.

    “Llorasteis… pero Él no escuchó vuestra voz.” (Devarim 1:45)

¿Qué podemos hacer hoy?

Examina tu corazón: ¿Tus lágrimas vienen del quebranto o de la frustración?

Confiesa tu incredulidad: Si te has quejado en vez de confiar, arrepiéntete.

Ora con intención: No basta con llorar. Llora con propósito. Llora por ti. Llora por Israel. Llora por los que no conocen a Yehováh. Y si vas a llorar… que sea por algo que valga la pena:

Llora por las almas perdidas; llora por los que se apartaron; llora por tu pecado; llora por la restauración de Israel, pero no llores porque el camino es difícil. Eso solo prolonga la travesía.

No repitas el error de nuestros padres. Levántate. Cree. Y si lloras… que tus lágrimas sean contadas en los cuencos del Cielo.


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Yehováh recuerda a los suyos por su nombre


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¡Tú necesitas hacer votos y promesas!

Los votos y promesas nos hacen esforzados para superar debilidades, moldear nuestro carácter y mejorar nuestras relaciones familiares o sociales. Mas si evadimos hacerlos, nos convertiremos en personas mediocres, que viven al ir y venir de las conveniencias o de las circunstancias.

Un voto es un compromiso solemne y voluntario que una persona hace con Yehováh o en presencia de Él. Implica una obligación sagrada de cumplir lo que se ha dicho, y muchas veces está asociado con un acto religioso o espiritual.

  • En hebreo, el término es “néder” (נֶדֶר).

  • Puede ser condicional (“Señor: si Tú haces esto… yo prometo…”) o pueder ser incondicional.

  • Un voto puede incluir acciones, abstenciones, entregas materiales, o dedicación personal.

Si un hombre hace un voto a Yehováh o hace un juramento que impone una obligación sobre sí, no debe faltar a la promesa; debe cumplir todo lo que ha salido de su boca.  Números 30:2

Aquí se habla de votos a Yehováh.  Aclaremos un poco más; diríamos entonces que los votos son algo que hacemos para superar nuestras debilidades, mejorar nuestro testimonio, nuestras relaciones, crecer más espiritualmente, honrar más a nuestro Padre y Creador, etc.  Son cosas como: ‘Antes de desayunar voy a leer 15 minutos las Escrituras’; ó: ‘dedicaré dos horas a la semana para discipular a alguien’, etc.; cosas todas que deben quedar entre tú y tu Padre y que no necesitan ser publicadas para que “todo el mundo se entere”.

En el capítulo 30 de Números, es notable que en caso de que una mujer haga un voto, este puede ser anulado o confirmado por el varón que está en línea de autoridad sobre ella: Su padre ó su esposo. No es el pastor ni el líder.  Recuerda cómo es la organización que Yehováh estableció para el hogar:

Beneficios de hacer votos

Mas si no hay nadie en autoridad sobre la mujer, porque es viuda o divorciada o quizás soltera independiente, ella es directamente responsable ante Yehováh por sus votos.

No debemos temer hacer votos. Ellos nos permiten resolver de antemano situaciones que habremos de enfrentar, pues ya habremos definido nuestra posición frente a asuntos que pueden aparecer sorpresivamente, y que usualmente nos presionan a tomar decisiones erradas. Así, los votos nos hacen esforzados para superar debilidades, moldear nuestro carácter, mejorar nuestras relaciones familiares o sociales, etc. Mas si evadimos hacerlos, nos convertiremos en personas mediocres, que viven al ir y venir de las conveniencias o de las circunstancias.

¿Qué es una promesa y en qué se diferencia de un Voto?

Una promesa es un compromiso verbal o escrito de hacer o no hacer algo. Puede hacerse entre personas o ante Dios, pero no siempre con el mismo nivel de solemnidad o consecuencias espirituales que un voto.

  • En hebreo, el término más común es “havtajah” (הַבְטָחָה).

  • Es más general y puede implicar una intención firme, pero no necesariamente está sujeta a una consagración espiritual.

Ejemplo: “Prometo ayudarte con tu mudanza mañana.”

Esto no es un voto, aunque podría tener valor moral o ético.

Diferencias Clave

Característica

Voto

Promesa

Solemnidad

Alta, normalmente ante Dios

Menor, puede ser entre humanos

Implicación espiritual

Sagrada y con consecuencias si se incumple

No necesariamente espiritual

Formalidad

Tiene una estructura definida

Puede ser informal

Condiciones

Puede ser condicional o incondicional

Similar, pero sin consagración

Ejemplo bíblico

Ana y su voto por Samuel (1 Sam. 1:11)

Jacob promete volver a Betel (Gén. 28)

Una seria advertencia

Cuando a Dios haces voto, no tardes en cumplirlo; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Es mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
Eclesiastés 5:4-5

Esfuérzate y comprométete en dar pasos para ser mejor y serle fiel a Yehováh y a quienes te rodean. No dudes en hacer votos y promesas porque cuando tomes en serio éste tipo de decisiones, habrás resuelto tu comportamiento ante muchas tentaciones; habrás determinado tus prioridades y habrás dado a tu Padre y a Su Palabra el lugar que les corresponde en tu vida.

Yehováh nos ha dado espíritu de amor, poder y dominio propio para que hagamos la parte que nos corresponde, y Él entonces hará la suya.


Hombre haciendo un juramento

Cumple tus Promesas a Yehováh

Cumplir nuestras promesas también es una forma de adoración. Es decirle al Altísimo: “Puedes confiar en mí. Mi palabra vale”. Es vivir con temor reverente y con gratitud.

En la vida diaria, muchas veces hacemos promesas sin pensar: “Mañana empiezo a orar”, “Si me sanas, haré esto o haré lo otro”, “Voy a ayudar más a los demás”. Pero, ¿cuántas de esas promesas realmente cumplimos? En Números 30:2, el Todopoderoso nos da una enseñanza muy clara:

“Cuando alguno hiciere voto a Yehováh, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.”

Este verso nos recuerda algo muy importante: lo que decimos delante del Creador tiene peso. No se trata de hablar bonito, sino de ser personas íntegras, fieles y responsables con nuestras palabras.

En la Escritura encontramos varios ejemplos de personas que hicieron votos al Altísimo y los cumplieron, incluso cuando no fue fácil. Uno de los más hermosos es el de Ana, la madre del profeta Samuel.

Ana no podía tener hijos y estaba muy triste. Un día fue al Templo y oró con todo su corazón. Le hizo una promesa a Yehováh:

“Si te dignas mirar la aflicción de tu sierva… y me dieres un hijo varón, yo lo dedicaré a Yehováh todos los días de su vida” (1 Samuel 1:11).

¿Y qué pasó? El Creador escuchó su oración, y Ana quedó embarazada. Cuando nació su hijo, lo llamó Samuel y, tal como había prometido, lo llevó al Templo y lo dejó al servicio del Altísimo. ¡Qué mujer tan valiente y fiel!

Otro ejemplo está en la historia de la madre de Sansón. Aunque fue un ángel quien le anunció que tendría un hijo, también le dio instrucciones claras: el niño debía ser un nazareo desde el vientre, es decir, consagrado a Dios, sin beber vino ni cortarse el cabello (Jueces 13:5). Ella obedeció, y aunque Sansón cometió errores más adelante, su nacimiento fue el cumplimiento de un voto y un propósito especial.

También tenemos a Jacob, nieto de Abraham, quien hizo un voto cuando huyó de su hermano Esaú. Una noche tuvo un sueño con una escalera que llegaba al cielo, y al despertar dijo:

“Si Dios fuere conmigo y me guardare… y me diere pan para comer y vestido para vestir… de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20–22).

Jacob no olvidó esa promesa. A lo largo de su vida mostró fidelidad, y reconoció que todo lo que tenía venía del Todopoderoso.

¿Y nosotros? ¿Cumplimos lo que prometemos?

Vivimos en un tiempo donde muchas palabras se dicen al aire. Es fácil prometerle algo a Yehováh cuando estamos en problemas o cuando queremos algo, pero luego se nos olvida. Sin embargo, el Creador no olvida nuestras palabras.

Eclesiastés 5:4-5 dice:

“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, que prometas y no cumplas.”

Este es un llamado serio a la reflexión. No estamos hablando sólo de grandes promesas, como dar diezmos o servir en una misión. También incluye compromisos sencillos, como dedicar tiempo a la oración, leer la Palabra, perdonar a alguien, o ayudar a los necesitados.

Cuando no cumplimos nuestras promesas, nuestra relación con el Altísimo se daña y también con los demás. Pero cuando somos fieles, el Creador se agrada de nosotros y fortalece nuestro carácter.

El Todopoderoso es Fiel a sus promesas. Lo vemos en toda la Escritura: Él no miente, ni cambia de parecer. Como hijos suyos, estamos llamados a reflejar ese mismo carácter. Ser hombres y mujeres de palabra, que honran lo que dicen y que no usan el nombre de Yehováh en vano.

Cumplir nuestras promesas también es una forma de adoración. Es decirle al Altísimo: “Puedes confiar en mí. Mi palabra vale”. Es vivir con temor reverente y con gratitud.

Reflexión

Si alguna vez hiciste una promesa a Dios y no la cumpliste, no es tarde para corregirlo. El Creador es misericordioso y paciente. Arrepiéntete, vuelve a Él, y pídele ayuda para cumplir lo que prometiste. Y si estás por hacer un voto, hazlo con seriedad y responsabilidad.

Recordemos: Yehováh escucha, toma nota, y honra a los que le son fieles. Que nuestras palabras no sean huecas, sino reflejo de un corazón sincero.

“El que anda en integridad, será salvo” (Proverbios 28:18).

¡Shalom!

Cruce del mar rojo

La Conexión del Libro de Números con el Apocalipsis

Cuarenta y dos meses equivale a tres años y medio, y este es el período entendido en profecía bíblica, que durará “La Gran Tribulación“. ¿Podría haber alguna conexión de este pasaje con el Apocalipsis?

El libro de Números tiene en hebreo el nombre de baMidbar, que significa “en el desierto”. La mayor parte de la narrativa Bíblica dentro de la Torá (el Pentateuco) sucede de hecho, en el desierto. 

Desde el momento en que el pueblo de Israel salió de Egipto, comenzó el viaje. El Todopoderoso deseó llamar a su pueblo al desierto. Son tan sólo unos días de viaje hasta llegar a la “Montaña de Dios”. Hay una narrativa en un Midrash que dice que el Creador deseó entregar la Torá en el desierto porque es un lugar ajeno a cualquier territorio delimitado de una nación. Para que no dijesen “la Torá pertenece a este país” o “la Torá pertenece a este otro país”.

Y el plan original no era permanecer 40 años en el desierto. Este fue un castigo adjudicado a todo el pueblo de Israel luego de creer en el testimonio negativo de los espías enviados a Canaan y de las continuas quejas desde el comienzo.

Habiéndose decretado que “toda aquella generación debía morir” (menos Josué y Caleb), el viaje se tornó de lo que hubiesen sido tan sólo unas semanas de caminata, a 40 años de desafíos y obstáculos hasta llegar a la Tierra que debían conquistar.

Todo el libro de Números detalla no sólo las historias que sucedieron durante ese período, sino también los nombres de cada lugar en donde acamparon, y la duración de su estadía (detallados en la tabla al final de este artículo).

Lo interesante es que la suma total de los lugares en donde se detuvieron es 42. ¿Escuchamos este número en algún otro lugar? 

También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.. — Apocalipsis 13:5

Cuarenta y dos meses equivale a tres años y medio, y este es el período entendido en profecía bíblica, que durará “La Gran Tribulación“. 

Otra equivalencia son los 1260 días que los dos testigos testificarán y el tiempo que la mujer escapa y permanece en el desierto. en Apocalipsis 11 y 12.

A continuación, las 42 estaciones en donde los Israelitas acamparon y la referencia en el libro de Números (muchos de estos lugares se mencionan también en el libro de Éxodo:

RamesésNum. 33:3  
SucotNum. 33:5-6  
EtamNum. 33:6-8  
Pi-HahirothNum. 33:7-8  
MaraNum. 33:8-9  
ElimNum. 33:9-10  
Junto al Mar RojoNum. 33:10-11  
Desierto de SinNum. 33:11-12  
DofcaNum. 33:12-13  
AlusNum. 33:13-14  
RephidimNum. 33:14-15  
Sinai WildernessNum. 10:12, 33:15-16  
Kibrot-HataavahNum. 11:35, 33:16-17  
HazerotNum. 11:35, 12:16, 33:17-18  
RitmaNum. 33:18-19  
Rimón-peresNum. 33:19-20  
LibnaNum. 33:20-21  
RissaNum. 33:21-22  
CeeletaNum. 33:22-23  
Monte de SeferNum. 33:23-24  
HaradaNum. 33:24-25  
MacelotNum. 33:25-26  
TahathNum. 33:26-27  
TahatNum. 33:27-28  
MitcaNum. 33:28-29  
HasmonaNum. 33:29-30  
MoserotNum. 33:30-31; Dt. 10:6  
Bene-JaacánNum. 33:31-32  
Monte de GidgadNum. 33:32-33  
JotbataNum. 33:33-34  
AbronaNum. 33:34-35  
Ezión-GeberNum. 33:35-36  
KadeshNum. 20:1,22, 33:36-37  
Monte HorNum. 20:22, 21:4, 33:37-41  
ZalmonaNum. 33:41-42  
PunónNum. 33:42-43  
ObotNum. 21:10-11, 33:43-44  
Ije AbarimNum. 21:11, 33:44-45  
Dibón GadNum. 33:45-46  
Almón DiblataimNum. 33:46-47  
Montes de Abarim Num. 33:47-48  
Campos de MoabNum. 22:1, 33:48-50  

El viaje en el desierto como una especie de Tribulación

Las peripecias del pueblo de Israel en el desierto representan un período que separa el tiempo en que ellos fueron esclavos en Egipto y posteriormente liberados, y el tiempo en que llegan a la redención total, representada por la ocupación de la Tierra Prometida, una especie de “el Reino de Dios en la Tierra”.

Interesantemente, este período se caracterizó por grandes pruebas y no todos aquellos que fueron inicialmente liberados llegarían a formar parte de esa gran redención y cumplimiento de las promesas de antaño.

Similarmente, cuando leemos acerca de la Gran Tribulación y los engaños que sucederán en los últimos días, nos damos cuenta de que incluso “los escogidos”, aquellos que ya “fueron salvos”, estarán sujetos a los mismos desafíos y obstáculos antes de aquella redención final, al tiempo de la llegada de la Era Mesiánica.

Como Josué y Caleb, debemos ser persistentes y mantenernos firmes en la fe, especialmente en los tiempos de incertidumbre y desafíos. El transitar por esta vida como creyentes y seguidores del Altísimo no significa que no hayamos de pasar por dificultades, al contrario, estas refinarán nuestra fe, y tal como dijo Yeshúa “aquel que persevere hasta el fin, este será salvo”.


Sacrifiicios para Sukot 2

Sukot: 70 Toros por 70 Naciones

Israel, al presentar sacrificios durante Sukkot, actuaba en el rol sacerdotal original que le había sido originalmente asignado (Éxodo 19:6), aunque este fue limitado tras la rebelión en el monte Sinaí y la adoración del becerro de oro.

¿Ha tenido Yehováh interés solamente por Israel? ¿O acaso Su plan también incluye al resto de las naciones?

En Números 29 encontramos una descripción detallada de los sacrificios que Israel debía presentar durante la Fiesta de Sukot. Estos no eran simples rituales: muchos sabios han entendido que se ofrecían también en representación de las naciones. Israel, al presentar estos sacrificios, actuaba en el rol sacerdotal original que le fue asignado (Éxodo 19:6), aunque este fue limitado tras la rebelión en el monte Sinaí y la adoración del becerro de oro.

Aun así, el propósito de Yehováh de alcanzar a todas las familias de la tierra seguía en pie, y se manifestaba proféticamente en estas instrucciones de sacrificios.

Durante los siete días de la Fiesta de Sukot (los Tabernáculos), las tribus de Israel debían presentar ante Yehováh una impresionante cantidad de ofrendas, conforme a un orden divinamente establecido. En Números 29 se enumeran minuciosamente los sacrificios que debían ser presentados cada día, comenzando con 13 novillos el primer día, y disminuyendo en uno cada jornada, hasta llegar a 7 el séptimo día, sumando 70 novillos en total.

¿Por qué Yehováh ordenó exactamente 70 novillos? ¿Simple coincidencia? Las Escrituras y la tradición hebrea nos dan una pista profunda.

El número 70: Un símbolo de las naciones

En Génesis 10, se enumeran 70 descendientes de Noé, conocidos tradicionalmente como las 70 naciones. Esta cifra se ha mantenido como símbolo representativo del mundo gentil. A la luz de esto, muchos sabios y estudiosos del judaísmo han interpretado que los 70 toros ofrecidos durante Sukot no eran solo por Israel, sino por las naciones del mundo.

Esto nos revela algo sorprendente: Israel, el pueblo escogido, intercedía delante de Yehováh también por el bienestar y redención de las naciones. Aun en tiempos antiguos, los sacrificios no eran una acción egoísta o tribal; eran parte de un plan mayor.

Una sombra profética

El apóstol Shaúl (Pablo) escribió que las Fiestas de Yehováh son “sombra de las cosas por venir” (Colosenses 2:17); así, Sukot apunta proféticamente al Reino Milenial del Mesías, cuando las naciones vendrán a Jerusalén para rendir homenaje al Rey.

Y acontecerá que todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra Jerusalén subirán de año en año para adorar al Rey, al Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los tabernáculos. Zacarías 14:16

En ese futuro glorioso, todas las naciones serán llamadas a reconocer a Yehováh y participar de esta Fiesta, no como forasteros, sino como adoradores del Dios verdadero.

Sukot hoy: Recordando nuestra misión

Aunque el templo ya no está en pie y no hay sacrificios animales hoy, el mensaje de Sukot sigue vivo:

🔹 Yehováh no se ha olvidado de las naciones.

🔹 Israel fue llamado a ser luz para ellas.

🔹 La redención final incluirá a los de todas las lenguas y pueblos que se vuelvan al Creador.

Reflexión final

Durante esta Festividad, no solo recordamos la fidelidad de Yehováh al proteger a Israel en el desierto, sino también Su plan universal de restauración. Cada día de Sukot es una invitación a orar por las naciones, a interceder por su regreso al Creador, y a prepararnos para el Reino venidero bajo la autoridad de Yeshúa el Mesías.


Fineas

Silencio ante la inmoralidad: ¿complicidad o cobardía?

¿Qué hay de orgullo en pervertir el orden de la Creación? ¿acaso hemos visto algo en los desfiles LGBT+, algo que sea digno de admiración o imitación?

Después de leer y reflexionar sobre el evento de Números (Bemidbar) 25, cuando Pinjas (Finees), en su celo por la santidad del campamento de Yisrael, dio muerte a la pareja que osó entrar públicamente a fornicar en medio del pueblo, justo cuando todos se lamentaban por el juicio de Yehováh, no podemos menos que detenernos y preguntarnos:

¿Y nosotros… cómo reaccionamos hoy frente a la inmoralidad sexual que nos rodea y se nos impone cada día?

La Escritura relata que por causa de la fornicación y el desenfreno con las hijas de Moab y la idolatría a Baal Peor, la ira de Yehováh se encendió contra Yisrael y 24,000 personas murieron por aquella plaga (Números 25:9). Fue el celo de Pinjas lo que detuvo el juicio de Elohim y trajo expiación al pueblo. Su acción no fue simple violencia: fue un acto de justicia dentro de un contexto de rebelión abierta y corrupción moral que amenazaba la identidad y el pacto del pueblo de Yehováh.

Ahora bien, no se trata de que nosotros hoy salgamos a ejecutar juicio físico. Eso no nos corresponde en este tiempo ni bajo estas circunstancias. Pero sí debemos preguntarnos:

¿Nos mostramos indiferentes ante la creciente inmoralidad? ¿Nos callamos por miedo al rechazo? ¿Estamos cediendo terreno, permitiendo que se normalice lo que la Torah condena claramente?

En el presente, vemos cómo los valores bíblicos son ridiculizados y considerados como instigadores del odio, mientras la perversión es exaltada como virtud. Las marchas del “orgullo” LGBT+, financiadas y promovidas incluso por gobiernos y grandes empresas, no solo buscan visibilidad: buscan imponer una ideología que trastoca el orden divino establecido desde la Creación, donde Yehováh creó “varón y hembra” (B’reshit / Génesis 1:27), y santificó el matrimonio como unión entre hombre y mujer (B’reshit / Génesis 2:24).

Lejos de ser manifestaciones de respeto o igualdad, muchas de estas marchas se han convertido en escenarios de desnudez pública, actos sexuales simulados, y burlas descaradas hacia la fe y la moral tradicional. En algunas ciudades año tras año, los niños son llevados a presenciar estos “espectáculos” como parte de una supuesta “educación inclusiva”, cuando en realidad son formas de adoctrinamiento moral y perversión. ¿Dónde están los padres que alzarán la voz? ¿Dónde está el pueblo santo que no puede tolerar que se profane lo sagrado?

La Torah nos llama a ser un pueblo apartado (Vayikrá / Levítico 20:26), no conformados a los caminos de este mundo (Romanos 12:2), sino obedientes en todo. No basta con enseñar a nuestros hijos a “ser buenos”; debemos formar en ellos un temor reverente a Yehováh, enseñarles a discernir entre lo santo (kadosh) y lo profano, entre lo puro y lo impuro (Levítico 10:10).

Porque si no lo hacemos nosotros, el mundo los formará a su imagen. Y no será la imagen del Mesías.

Nuestros hogares deben ser baluartes de verdad, donde se viva, se enseñe y se defienda la Torah sin vergüenza ni tibieza. Como dice el Shemá:

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos… y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”
Devarim – Deuteronomio 6:6-7

La única protección real que nuestros hijos tendrán es aprender de nosotros la obediencia sin condiciones a la Torah de Yehováh. ¡No hay nada más!

Y tú…

¿Qué legado estás dejando? ¿Estás dispuesto a ser como Pinjas, celoso por la santidad del campamento? ¿O te conformas con mirar desde lejos mientras se desintegra todo lo que es bueno y justo?


Hemodialisis

Yah escuchó, Yah sanó, Yah llamó: Testimonio desde Jalisco

Cuando me dieron el alta del hospital, oré a Yah, pidiéndole que me enseñara más de Su Palabra… y así fue como encontré su canal. Por esto, doy gracias por su trabajo.

Karla, desde Jalisco, nos comparte cómo Yehováh (Yah), actuó en su vida y luego la condujo a un rudo despertar en su vida:

Hola, Michael:

Quiero agradecerle sinceramente por su video y por la bendición que me dio. Significa mucho para mí que pronunciara una bendición en el verdadero nombre del Todopoderoso. Cuando vi su video, no pude contener las lágrimas; lloré y di gracias a nuestro Abba en oración.

Tengo 32 años y he pasado 12 años en hemodiálisis. Comencé a estudiar la Toráh en octubre del año pasado.

Luego, en enero de este año, recibí una llamada que cambiaría mi vida: habían encontrado un riñón compatible de un donante fallecido. Hubo complicaciones durante la cirugía, pero oré con todo mi corazón al Dios de Israel durante tres días, y Él obró un milagro. Hace seis meses que tengo mi nuevo riñón, y mi deseo es vivir el resto de mi vida para el Dios que me sanó: el Dios de Israel.

Cuando me dieron el alta del hospital, oré a Yah, pidiéndole que me enseñara más de Su Palabra… y así fue como encontré su canal. Por esto, doy gracias por su trabajo.

Gracias, Michael, por enseñarme la verdad acerca del Mesías.

Gracias por revelarme la Toráh de Yah.

Gracias por enseñarme acerca del Shabat y las fiestas de Yah.

Gracias por ayudarme a volver al camino de la verdad y la justicia.

Quiero que sepan que, aunque pasan los años, su trabajo sigue dando frutos para Yah. No escucho sus enseñanzas solo por escuchar, lo hago para aprender y para vivirlas. El primer vídeo que vi fue su explicación de Romanos 11, y fue entonces cuando comprendí verdaderamente que la salvación viene de los judíos. Desde ese momento, he seguido aprendiendo de usted.

Aunque hablo inglés, cada vez que comparto sus vídeos con mi familia, siempre busco las versiones traducidas porque ellos no hablan ese idioma. Gracias, desde lo más profundo de mi corazón, por ayudarme a recuperar la paz y la alegría que solo se pueden encontrar en Yahshua.

Con mucho respeto,

Karla, de Jalisco, México.


Moises golpeando la roca

Yehováh provee incluso cuando fallamos

Yehováh es bueno incluso cuando nosotros no lo somos. Él no actúa movido por caprichos, sino por amor fiel y constante.

Una de las verdades más hermosas de la Biblia es que Yehováh no deja de cuidar de nosotros, aun cuando no actuamos como deberíamos. Su fidelidad no depende de nuestro comportamiento perfecto, sino de Su amor y misericordia. A lo largo de la historia bíblica, vemos que Yehováh es un Dios que provee, incluso cuando Su pueblo se equivoca, duda o se queja.

En Números 20:7-11, el pueblo de Israel tenía sed y, como muchas veces antes, comenzó a quejarse con Moisés. Entonces el Todopoderoso le dijo a Moisés que le hablara a una roca, y de ella saldría agua. Pero Moisés, cansado de las constantes quejas del pueblo, golpeó la roca dos veces con su vara. Fue un acto de desobediencia, porque el Creador le había dicho que le hablara, no que la golpeara.

Aun así, el agua salió de la roca, y el pueblo bebió. Yehováh no los castigó en ese momento con sed, ni los abandonó por el error de Moisés. Él proveyó agua en el desierto, mostrando una vez más que Su compasión es más grande que nuestros errores.

“Y alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salió agua en abundancia, y bebió la congregación y sus bestias” (Números 20:11).

El pueblo de Israel se caracterizó por quejarse. A pesar de haber visto las plagas en Egipto, el mar rojo abierto, la columna de nube y de fuego, y el maná del cielo, seguían dudando y murmurando. En Éxodo 16, por ejemplo, se quejaron porque no tenían comida. En lugar de castigarlos, el Padre les dio maná cada mañana.

“He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy Yehováh vuestro Dios” (Éxodo 16:12).

Dios no respondió con ira inmediata, sino con provisión. Esto nos muestra Su gran paciencia. Él entiende nuestras debilidades y sigue supliendo nuestras necesidades, aunque muchas veces no confiemos plenamente en Él.

Yeshúa, en su enseñanza, también habló de esta bondad divina. Dijo que, aunque los seres humanos somos imperfectos, aún sabemos cuidar a nuestros hijos y darles lo que necesitan. ¿Cuánto más, entonces, nuestro Padre celestial cuidará de nosotros, que somos Sus hijos?

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan?” (Mateo 7:11).

Yeshúa nos invita a confiar, no en nuestro mérito, sino en el carácter de Dios. Yehováh es bueno, incluso cuando nosotros no lo somos. Él no actúa movido por caprichos, sino por amor fiel y constante.

En 2 Timoteo 2:13, el apóstol Pablo escribe algo que resume esta verdad:

“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.”

Esto no significa que podemos vivir como queramos y esperar que Yehováh nos dé todo. Lo que significa es que cuando fallamos sinceramente, cuando dudamos, cuando caemos pero volvemos arrepentidos, el Todopoderoso no nos abandona. Él sigue proveyendo, sigue sanando, sigue guiando.

Su provisión no es una recompensa por perfección, sino un regalo de gracia para quienes confían en Él.

Reflexión final

Tal vez en este momento sientas que no mereces nada de parte de Dios. Quizás has fallado, te has quejado, has dudado o has actuado mal. Pero aun así, el Padre no ha dejado de darte el aire que respiras, la comida que comes, la familia que tienes, el amor que te sostiene. A veces, nos olvidamos de cuán generoso es Él, incluso cuando estamos lejos de ser agradecidos.

Yehováh no cambia; aun en medio del desierto, Él sigue haciendo brotar agua de la roca. En medio de tus debilidades, Yehováh sigue proveyendo todo lo que necesitas para avanzar.

Solo tienes que volver a Él, con un corazón sincero y confiado. Su fidelidad no falla.

¡Shalom!