Pastor corrupto 2

La Tragedia de Vender la Verdad

Bilam (Balaam) nos recuerda a aquellas personas que conociendo cuál es la verdad y qué es lo correcto, insisten en preguntar si de pronto hay una excepción, para ellas hacer lo que en realidad desean.

La historia de Bilam (Balaam) es más que un relato pintoresco sobre un profeta pagano y un asno que habla. Es un profundo estudio sobre la ambición, el autoengaño y las consecuencias de torcer la voluntad de Dios. En esta porción, Yehováh nos revela cómo incluso personas dotadas de habilidades espirituales —como Bilam, que hablaba con Elohim— pueden corromperse si su corazón se vende a intereses personales.

El poder de las palabras: bendición o maldición

Bilam sabía que las palabras tienen poder. Y hoy, como entonces, vivimos en una sociedad donde las palabras siguen moldeando destinos. En redes sociales, medios y gobiernos, se lanzan bendiciones o maldiciones culturales que forman identidades y decisiones.

Proverbios 18:21 dice:

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”

La bendición de Yehováh es irrevocable:

“No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Yehováh su Elohim está con él…”Números 23:21

Sin embargo, Bilam intentó maldecir por interés económico, aún sabiendo que no podía cambiar el decreto divino. ¿Cuántos hoy hacen lo mismo, vendiendo su influencia —espiritual o política— a cambio de honor, poder o dinero?

Preguntar lo que ya fue revelado: un camino peligroso

Bilam sabía que Yehováh no quería que fuera con los mensajeros de Balak, pero volvió a preguntar. Muchos hoy caen en el mismo error: en lugar de obedecer lo ya revelado en la Torá, buscan reinterpretarlo para justificar sus deseos. Pero la voluntad de Yehováh no está sujeta a consulta.

Yehováh no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Habla y no cumple?”
Números 23:19

Esta actitud recuerda a quienes, conociendo los mandamientos sobre moralidad, Shabbat, justicia o idolatría, preguntan: “¿Realmente esto es necesario hoy?” Buscan una “nueva revelación” que les permita transgredir sin sentirse culpables. Así fue el camino de Bilam… y terminó en muerte (Números 31:8).

Casos contemporáneos: Profetas por conveniencia

Hoy en día vemos muchos “profetas modernos” que, como Bilam, profetizan conforme al viento del momento. Promueven doctrinas atractivas pero torcidas, que complacen al pueblo y a sus patrocinadores, no a Yehováh.

Un caso claro: ministros que, para no incomodar, aprueban la ideología de género o el matrimonio entre personas del mismo sexo, ignorando la clara instrucción de las Escrituras (Levítico 18:22, Romanos 1:26-27).

También están quienes comercializan “bendiciones” o “palabras proféticas” por dinero, manipulando a los ingenuos para obtener ganancias. El N.T. habla de ellos:

“Por codicia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.”
2 Pedro 2:3

Yeshúa fue contundente:

“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre.”
Mateo 7:21

El Shabbat como ejemplo de un decreto eterno

Muchos argumentan que el Shabbat fue abolido o que es irrelevante en nuestros días. Pero fue establecido desde el principio (Génesis 2:2-3) y será observado en el Reino (Isaías 66:23). Preguntar si aún está vigente es como cuestionar si el sol sigue saliendo. Yeshúa mismo lo respetó (Lucas 4:16), y nunca enseñó su abolición.

“No penséis que vine a anular la Ley o los Profetas; no vine a abolir, sino a dar cumplimiento.”Mateo 5:17

¿Acaso no es claro? ¿Qué parte de esto necesita interpretación?

Aplicación práctica: ¿A quién servimos realmente?

En tiempos de confusión, el llamado es a tomar postura. ¿Seguiremos como Bilam, aparentando obediencia mientras anhelamos lo que el mundo ofrece? ¿O actuaremos como Pinjás, que con celo santo defendió la santidad de Yehováh?

“No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
Mateo 6:24

Esta época no es para ser neutrales ni cobardes. Estamos rodeados de corrupción moral, espiritual y cultural. ¿Guardaremos silencio mientras marchan los desfiles del orgullo, los falsos profetas se enriquecen y los valores bíblicos se pisotean?

Volvamos a la obediencia radical

Bilam fue un hombre dotado de dones, pero terminó en desgracia porque su corazón no fue íntegro ante Yehováh. Que no nos ocurra lo mismo. La obediencia no se negocia. Volvamos a los caminos antiguos, a la Toráh, y escuchemos al verdadero Mesías: Yeshúa, el Hijo obediente.

“Así dice Yehováh: paraos en los caminos y mirad, preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.”
Jeremías 6:16

Diezmo ayer y hoy

Del Diezmo a la Generosidad: Un Cambio de Enfoque

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo ó recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes.

Clases de diezmo y su destino

Los hijos de Leví fueron escogidos por Yehováh para atender las cosas relacionadas con el servicio a Él y para enseñar la Toráh al pueblo, donde quiera que estuviesen. Estos no tendrían herencia pues Yehováh era su herencia. Así fue que Dios mismo les concedió recibir parte de lo sacrificado como lo establece la Toráh, junto con las primicias de las cosechas para su sostenimiento.

El diezmo, la décima parte del producto del campo y de los ganados, estaba consagrado a Yehováh, pero tenía diferentes destinos.

Según Levítico 27:30-33 y Números 18:21-24, tanto el diezmo de las cosechas como el de los animales pertenecían a Yehováh, quien los asignó a los hijos de Leví como heredad por el servicio que prestaban en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo. A su vez, los Levitas debían entregar a los sacerdotes un “diezmo de los diezmos” según la instrucción de Números 18:26-28.

Al estudiar los pasajes relacionados con los diezmos, algunos investigadores concluyen que la Toráh menciona más de una clase de diezmo. El primero era entregado a los Levitas para su sustento. Otro diezmo era consumido por las propias familias delante de Yehováh durante las festividades, como se describe en Deuteronomio 14:22-27. Aunque existen diferentes interpretaciones sobre la relación entre estos pasajes, resulta evidente que no todo el diezmo tenía exactamente el mismo destino.

Conforme a Deuteronomio 12:17 y Deuteronomio 14:22-27, una parte de los productos apartados era llevada al lugar escogido por Yehováh para ser consumida delante de Él durante las Festividades establecidas. De esta manera, las familias aprendían a temer a Yehováh y a celebrar Su provisión.

Deuteronomio 14:28-29 enseña que cada tercer año se apartaba un diezmo destinado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda. De esta manera se atendían las necesidades de quienes carecían de herencia o recursos suficientes para sostenerse. Era algo parecido a lo que hoy conocemos como ayuda social, solo que no era responsabilidad del gobierno sino de la comunidad.

Pero… ¿qué sucede en el Nuevo Testamento?

Al morir y resucitar Yeshúa, abrió el camino para que todos pudiéramos tener acceso a nuestro Padre. De esta manera hizo de nosotros un pueblo de sacerdotes, es decir que todos los rescatados por Él tenemos acceso directo a Yehováh sin necesidad de intermediarios humanos para acercarnos a Su presencia.

Esto no significa que el Templo desapareciera inmediatamente, pues continuó funcionando durante varias décadas después de la resurrección de Yeshúa. Los mismos apóstoles continuaron visitándolo. Sin embargo, la obra redentora del Mesías señaló el cumplimiento del sistema sacrificial como medio de expiación y anunció el establecimiento de un nuevo pacto basado en Su sacrificio perfecto.

En cierto sentido podríamos afirmar que hoy todos podemos ofrecer sacrificios, pero ya no de animales sino de alabanza y adoración:

Ofrezcamos siempre por medio de Él sacrificio de alabanza a Yehováh, es decir, fruto de labios que confiesan Su Nombre.
Hebreos 13:15

Asimismo, las Escrituras describen a los creyentes como un “real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Sin embargo, esto no elimina las diferentes funciones que Yehováh ha establecido dentro de Su pueblo. Continúan existiendo responsabilidades específicas de enseñanza, liderazgo, exhortación y servicio, tal como ocurrió en la comunidad de los primeros discípulos.

Entonces, siendo que todos somos sacerdotes en ese sentido, ¿hay en el Nuevo Testamento siervos equivalentes a los Levitas? En cierto sentido, sí; pero sus funciones excluyen lo relacionado con los sacrificios del Templo por razones obvias y no están limitadas únicamente a la enseñanza de la Palabra.

Yeshúa llamó a doce discípulos para que estuvieran con Él durante el tiempo de Su ministerio y éstos fueron invitados a dejarlo todo para convertirse en pescadores de hombres. Posteriormente fueron confirmados como responsables de dirigir y expandir el mensaje entregado por el Mesías: las Buenas Noticias acerca de la proximidad del Reino de los Cielos.

Observamos que efectivamente estos discípulos abandonaron amigos, socios, profesiones, negocios y tradiciones para seguir y servir al Mesías. Cuando los envió en misiones locales les instruyó a no llevar nada consigo porque “el obrero es digno de su salario”, queriéndoles mostrar que Dios mismo se encargaría de proveer para ellos a través de las personas a quienes ministraban.

¿Y cómo habrían de sostenerse en el futuro cuando Yeshúa hubiese partido? El libro de los Hechos nos lo revela:

Todos los creyentes estaban unidos, y tenían en común todas las cosas. Vendían sus propiedades y sus pertenencias, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.
Hechos 2:44-45

Esto sucedió de manera espontánea. No parece que hubiese una reglamentación específica al respecto. La respuesta natural de corazones transformados fue cuidar unos de otros para que nadie padeciera necesidad; después de todo, esa había sido la medida del mandamiento dado por Yeshúa:

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15:12-13

La medida de ese amor era lo nuevo, pues el mandamiento ya existía en la Toráh:

No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yehováh.
Levítico 19:18

Vemos que Yeshúa llevó este mandamiento a otro nivel, al igual que hizo con muchos otros aspectos de la vida de obediencia. Entonces era natural que la nueva generación de discípulos siguiera Su ejemplo y quisiera compartirlo todo. Obviamente los apóstoles eran parte de esa comunidad.

Por esta razón, en las Escrituras Mesiánicas no encontramos un mandamiento que ordene entregar los diezmos a los apóstoles o a los líderes de las congregaciones. Hubiera sobrado ordenar tal cosa, porque lo natural y espontáneo era el fruto del Espíritu de Yehováh habitando en cada seguidor del Mesías, expresado en el deseo de velar por sus hermanos en necesidad y por aquellos que les servían enseñándoles y cuidándoles.

No obstante, esto no significa que quienes dedican su vida al servicio y a la enseñanza deban carecer de apoyo material. El apóstol Pablo enseñó claramente que quienes anuncian las Buenas Noticias tienen derecho a recibir sustento de aquellos a quienes sirven:

Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
1 Corintios 9:14

Asimismo escribió:

El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.
Gálatas 6:6

La diferencia es que Pablo nunca estableció un porcentaje obligatorio ni llamó diezmo a este apoyo. Su énfasis estuvo en la generosidad voluntaria y en el reconocimiento del valor de quienes sirven fielmente.

Resalto la palabra servían, porque ese fue el modelo dejado por Yeshúa:

El que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Mateo 20:28

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo o recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes. Claro está que muchos líderes religiosos de hoy dirían: “Qué desperdicio. Perdió la oportunidad de enseñarles a sembrar en su ministerio”.

Los siervos que hemos sido llamados al ministerio no estamos para suplantar a Yeshúa como la cabeza de todo varón ni para imponer nuestra autoridad manipulando o explotando económicamente a quienes desean acercarse al Padre, sino para servirles comunicándoles la Verdad, guiándoles a una comunión más íntima con Yehováh mediante Yeshúa y el caminar en obediencia a la Toráh.

Es nuestra responsabilidad ayudarles a desarrollar su fe para que puedan ser luz en un mundo sumido en tinieblas y, llegado el momento, sean capaces de sellar su testimonio entregando su vida si fuere necesario.

En resumen

Si definimos el diezmo exactamente como lo hace la Toráh, encontramos que estaba vinculado a la tierra de Israel, a las cosechas, al ganado, al sacerdocio levítico y al funcionamiento del Templo. En ausencia de estos elementos, resulta difícil aplicar hoy el sistema exactamente de la misma manera en que fue establecido originalmente.

Lo que permanece vigente es el principio que subyace detrás de aquellas instrucciones: reconocer que todo proviene de Yehováh, sostener a quienes sirven fielmente, ayudar al necesitado y practicar una generosidad sincera nacida de un corazón agradecido.

Quienes hemos sido llamados por Yehováh para servirle primero a Él y luego a Sus seguidores y discípulos dedicamos nuestro tiempo, talentos, recursos, experiencia y relaciones a proclamar Su mensaje, amar, modelar, discipular, instruir, apoyar y amonestar a todos aquellos que desean marchar por la senda estrecha de la obediencia a Yehováh tal como lo hizo Yeshúa.

Y si bien dependemos de la provisión de nuestro Padre, sabemos que ésta llegará de corazones que valoran lo que reciben de Él por medio de nosotros y que, al igual que los primeros discípulos, espontáneamente desearán compartir de sus recursos para que no haya necesidad entre sus hermanos.


Miriam critica a Moises 2

Palabras que Contaminan

Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón.

El relato de Miriam, la hermana de Moshé, nos ofrece una de las lecciones más solemnes de las Escrituras sobre el poder de nuestras palabras. A menudo minimizamos el impacto de un comentario casual, una queja o una opinión sobre la vida de los demás, pero el episodio en Números 12 revela que, ante los ojos de Yehováh, la murmuración no es un pecado menor; es una afección espiritual destructiva con consecuencias visibles y profundas.

A continuación, desarrollamos este tema enfocando el problema de la crítica, sus implicaciones y su urgente aplicación para nuestros días.

La Raíz del Problema: Lashón Jará (La Lengua Mala)

El texto base nos aclara que la tzara’at —erróneamente traducida en muchas versiones como lepra— no era una simple afección médica contagiosa, sino la manifestación física de una crisis espiritual. Los sabios de Y’hudáh siempre han vinculado esta condición directamente con los pecados de la lengua, agrupados bajo el término lashón jará.

Miriam y Aharón hablaron contra Moshé usando como pretexto su matrimonio con una mujer cusita. Sin embargo, el texto bíblico deja ver que el verdadero trasfondo era el orgullo y el cuestionamiento de la autoridad espiritual que Yehováh le había otorgado a su hermano:

¿Solamente por Moshé ha hablado Yehováh? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Yehováh.

Números 12:2

La crítica casi nunca nace de un deseo genuino de corregir, sino de un corazón que busca elevarse a sí mismo rebajando al prójimo. Miriam, una profetisa respetada y líder en Israel, cayó en la trampa de la murmuración, demostrando que nadie está exento de este peligro si descuida la guardia de su boca.

Terribles Consecuencias de la Crítica

El juicio divino ante la murmuración de Miriam fue inmediato y drástico, dejándonos ver tres consecuencias principales que la crítica acarrea:

  • La pérdida de la presencia divina: Las Escrituras narran que cuando la ira de Yehováh se encendió, la nube que representaba su Presencia se apartó del Tabernáculo. Inmediatamente después, Miriam quedó cubierta de tzara’at, blanca como la nieve (Números 12:9-10). La murmuración ahuyenta la comunión con el Padre.

  • La exclusión y la vergüenza: Por orden divina, Miriam tuvo que ser expulsada del campamento y quedar aislada durante siete días (Números 12:14). El chisme y la crítica rompen el tejido social; separan a los amigos y aíslan a quien los practica, destruyendo la confianza comunitaria.

  • El estancamiento del pueblo: El relato señala un detalle muy significativo:
    Y el pueblo no partió hasta que se reunió Miriam otra vez. Números 12:15. 
    La crítica de una sola persona o de un pequeño grupo tiene el poder de detener el avance espiritual de toda una comunidad. Mientras haya murmuración en medio del pueblo, el viaje hacia las promesas del Padre se detiene.

Cómo enfrentamos hoy esa Epidemia Invisible

Hoy en día ya no vemos a las personas quedar cubiertas físicamente de tzara’at tras emitir un juicio, lo que ha provocado que perdamos el temor hacia este pecado. Sin embargo, la tzara’at moderna es invisible pero igualmente devastadora.

Al vivir en una cultura hiperconectada, la crítica se ha popularizado. A través de las redes sociales, los mensajes de texto o las conversaciones casuales, el lashón jará se propaga a la velocidad de la luz, con tan solo un clic. Juzgamos a los gobernantes, los ministerios, las decisiones familiares, los defectos físicos, y las caídas de nuestros hermanos con una ligereza alarmante.

Olvidamos con frecuencia la severa advertencia de las Escrituras respecto al poder de lo que hablamos:

La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

Proverbios 18:21

Cuando criticamos, manifestamos una profunda ceguera espiritual. Nos convertimos en jueces de los demás olvidando nuestra propia condición. Tal como nos recuerda el profeta Isaías, ante la santidad del Creador, ninguno puede jactarse de su propia rectitud:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Isaías 64:6

El Propósito del Aislamiento y el Camino a la Sanidad

El texto base resalta un punto crucial: el confinamiento de Miriam no fue solo un castigo, sino una oportunidad. Esos siete días de soledad forzada fuera del campamento le sirvieron para reflexionar, evaluar sus palabras y reenfocar su relación con Yehováh y con su prójimo.

Nosotros no deberíamos esperar a que una crisis, una enfermedad o una circunstancia extrema (una tzara’at moderna) nos obligue a detenernos. Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón. No se trata de volvernos ermitaños —pues Proverbios 18:1 advierte que el hombre esquivo busca su propio capricho— sino de buscar la intimidad con el Creador para ser limpios de toda amargura.

Si al examinarnos descubrimos que nuestra lengua ha sido contaminada por la murmuración y la crítica, la buena noticia es que hay provisión para una limpieza total. Así como el leproso se acercó en los evangelios reconociendo su necesidad, nosotros podemos acudir hoy mismo al Mesías:

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Yeshúa extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Mateo 8:2-3

La restauración comienza cuando reconocemos que nuestras críticas hacia los demás son, en realidad, el reflejo de nuestra propia necesidad de sanidad interna. Pongamos un freno a nuestros labios y permitamos que sea el amor, la misericordia y la edificación mutua lo que guíe nuestras palabras en la comunidad.

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El Poder y la Profundidad de La Bendición Sacerdotal


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Esposo celoso

El Veneno de la Sospecha

Para Yehováh el matrimonio es un territorio sagrado. El ritual de los celos utilizado en la antigüedad, nos enseña que Él aborrece tanto la infidelidad que destruye el pacto en lo oculto, como los celos infundados que carcomen la paz del hogar.

La institución del matrimonio ha sido, desde el diseño original de la Creación, el núcleo de la estabilidad familiar y espiritual del pueblo de Yehováh. Sin embargo, la traición a este pacto —o incluso la sola sombra de la duda— tiene un poder altamente destructivo. En la sección de la Torá conocida como Parashá Nassó (Números 4:21 – 7:89), se aborda de forma directa el impacto de la infidelidad y el veneno de la sospecha, ofreciéndonos un espejo histórico que nos invita a reflexionar sobre la fidelidad en el matrimonio actual.

La Infidelidad y sus Efectos en la Vida Matrimonial

El texto sagrado describe la infidelidad no solo como una falta civil o un quiebre emocional, sino como una transgresión de carácter espiritual. El término hebreo utilizado en Números 5:12 es tisteh, que proviene de la raíz satah (desviarse o volverse loca). La infidelidad es retratada como una desviación del camino de la rectitud y la cordura.

Cuando una persona comete una falta contra su cónyuge, el texto señala que está cometiendo una ofensa (ma’al) directamente contra Yehováh (Números 5:12). Los efectos de la infidelidad y de los celos obsesivos descritos en esta sección son devastadores:

  • Destrucción de la confianza. El fundamento invisible del matrimonio se desmorona, dando paso a un espíritu de sospecha recurrente.
  • Aislamiento y alienación: El vínculo espiritual se quiebra, dejando a la pareja en un estado de desunión profunda.
  • Violencia emocional. Un “espíritu de celos” (ruaj quiná) puede consumir al cónyuge afectado, nublando su juicio y destruyendo la paz del hogar.

El Procedimiento Histórico: La Ley del Ritual de la Sotá

En los tiempos del Tabernáculo y, posteriormente, del Templo de Jerusalén, cuando un esposo sospechaba de la fidelidad de su esposa pero no tenía testigos ni pruebas tangibles para acusarla, se activaba un riguroso ritual conocido legalmente en la tradición hebrea como el procedimiento de la Sotá (la mujer sospechosa de desvío).

De acuerdo con Números 5:11-31, se llevaba a cabo un proceso que al final determinaría la culpabilidad o inocencia de la mujer bajo sospecha.

¿Por qué hoy no es aplicable este procedimiento?

El ritual de la Sotá dejó de aplicarse mucho antes de la destrucción del Segundo Templo. El propio Sanedrín (el tribunal supremo judío), liderado en el siglo I por el sabio Yojanán ben Zakai, abolió formalmente la práctica de las aguas amargas.

Las razones de su inaplicabilidad actual son claras:

Ausencia del Templo y del Sacerdocio Levítico. El ritual requería elementos específicos del santuario (polvo del suelo del Tabernáculo/Templo, vasijas sagradas) y la mediación del Cohen (sacerdote) en el lugar que Yehováh había escogido. Sin el Templo en Jerusalén, el rito es imposible de ejecutar.
Condición Moral Colectiva. La tradición histórica detalla que las aguas amargas solo surtían efecto milagroso si el esposo que exigía la prueba estaba completamente libre de pecado sexual. Al multiplicarse la infidelidad generalizada en la sociedad a finales del período del Segundo Templo, el procedimiento perdió su eficacia divina protectora.
La Obra Transformadora del Mesías. Tras la venida de Yeshúa y siendo habitados por el Espíritu de Santidad, ya no operamos bajo un sistema de juicios basados en rituales externos, sino bajo la ley del Espíritu (observancia de la Torá), el arrepentimiento y la guía del Espíritu de Yehováh.

¿Qué se debe hacer hoy? Cómo enfrentar la infidelidad en el presente

Aunque la amenaza del ritual de las aguas amargas ha desaparecido, el problema de la infidelidad y el dolor de los celos siguen destruyendo hogares. A continuación  sugerencias para enfrentar este tipo de situaciones:

Confrontación en Verdad y Transparencia

El ocultamiento sostiene el poder del engaño. La Escritura nos insta a abandonar la mentira y hablar con la verdad. Si existe una sospecha justificada o una falta cometida, debe salir a la luz mediante una comunicación honesta y frontal.

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

Efesios 4:25

Buscar Consejería y Arbitraje Espiritual

En la antigüedad se acudía al sacerdote; hoy, las parejas que enfrentan crisis de infidelidad o celos destructivos deben buscar la guía de líderes espirituales maduros o consejeros matrimoniales temerosos de Dios. El aislamiento solo empeora la dinámica destructiva.

El Camino del Arrepentimiento y el Perdón

El daño de la infidelidad es profundo, pero no irreparable si hay un cambio genuino de actitud. Yeshúa el Mesías nos enseñó que el corazón duro es la raíz del divorcio (Mateo 19:8). Si la parte ofensora muestra un arrepentimiento genuino (teshuvá), el cónyuge afectado es llamado a evaluar el difícil camino del perdón para sanar su propio corazón, reconstruyendo la confianza paso a paso.

Antes sed benignos unos con con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en el Mesías.

Efesios 4:32

Establecer Límites Claros (Salvaguardas)

Para sanar un matrimonio herido por la desconfianza, ambos deben estar dispuestos a rendir cuentas de forma voluntaria. La privacidad absoluta muere donde la confianza mutua necesita resucitar. Revisar agendas, finanzas y comunicaciones no debe verse como un castigo, sino como el andamio temporal necesario para reconstruir los muros derribados del hogar.


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Shavuot – Pentecostés

Shavuot es mucho más que una celebración antigua. Es el recordatorio vivo del día en que Yehovah reveló Su Torá en el Monte Sinaí y, siglos más tarde, derramó Su Espíritu sobre Su pueblo en Jerusalén.

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Tzvi ben Daniel

Shavuot – La Fiesta de Juramentos

La Fiesta de las Semanas, Shavuot y Pentecostés, son nombres con los que se denomina a una de las tres Fiestas de Yehováh en las que era mandatorio que todos los varones se presentaran ante Él en Jerusalén.

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