Lider sin ego

El Liderazgo comienza donde termina el Ego

El verdadero éxito del liderazgo no se mide por tu presencia, sino por lo que
sobrevive sin ti.

Existe una idea profundamente arraigada en nuestra cultura corporativa y social:
mientras más indispensable sea una persona, mejor líder es. Es común escuchar
en los pasillos de las empresas o en los núcleos familiares frases cargadas de
admiración como: “Sin él, este lugar se cae a pedazos” o “Ella es el alma insustituible de la organización”. Solemos interpretar estas palabras como el mayor de los elogios posibles a la eficiencia y el carácter de un individuo.

Sin embargo, si nos detenemos a analizarlo con frialdad, ¿y si esas afirmaciones
fueran, en realidad, la evidencia más contundente de un liderazgo incompleto y
deficiente? Un líder cuyo proyecto o visión depende exclusivamente de su presencia física, de su última palabra o de su constante supervisión, no ha construido una obra sólida; ha edificado una estructura sumamente frágil, un castillo de naipes destinado a desmoronarse en el instante en que él falte.

Una estampa de la realidad: El síndrome del fundador

A principios de la década de los noventa, una prestigiosa firma de diseño arquitectónico creció exponencialmente bajo la genialidad de su director principal. Él revisaba cada plano, corregía cada línea y centralizaba las relaciones con todos los clientes importantes.

La firma era un éxito rotundo. No obstante, cuando el fundador sufrió un repentino problema de salud que lo apartó seis meses del negocio, la empresa se paralizó. Los diseñadores no sabían tomar decisiones sin su aprobación y los clientes perdieron la confianza. En menos de un año, la firma cerró. El fundador era un genio creativo, pero un líder fallido: creó dependientes en lugar de creadores.

Las escrituras hebreas nos presentan un contraste magistral frente a esta flaqueza
humana a través de uno de los momentos más conmovedores en la vida de Moshé.

Tras cuarenta arduos años guiando a una nación obstinada a través de los rigores del desierto, Yehováh le muestra la Tierra Prometida desde la cumbre del monte y le comunica con absoluta claridad una noticia desgarradora: él no será quien conduzca al pueblo hasta su destino final.

Humanamente, cualquiera de nosotros esperaría una reacción de queja o profunda amargura. Después de décadas de sacrificios personales, de soportar críticas injustas, rebeliones internas y una carga emocional que muy pocos seres humanos podrían tolerar, habría sido comprensible que Moshé cuestionara la decisión. Que expresara su profunda tristeza o que argumentara la aparente injusticia de no poder saborear los frutos de la tierra por la que había desgastado su vida entera. Pero su reacción rompe por completo el molde del egoísmo humano.

Su primera preocupación no se centra en lo que va a perder, sino en lo que el pueblo necesita, lo cual queda registrado en una oración extraordinariamente breve, pero de una densidad espiritual inmensa:

Ponga Yehováh, Elohim de los espíritus de toda carne, un varón sobre la asamblea, que salga y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Yehováh no sea como ovejas sin pastor.

Números 27:16-17

Es imposible pasar por alto la nobleza de este momento. Moshé acaba de recibir un golpe emocional definitivo y, aun así, no dirige la mirada hacia sus propias heridas. La dirige hacia el futuro de los suyos.

No le preocupa cómo su biografía registrará ese vacío; le aterra el vacío que podría quedar en el caminar de quienes dependen de su guía. Y esto revela que entiendió que el propósito era superior a su persona.

* * *

Es precisamente aquí donde este relato antiguo cobra una vigencia incómoda y se
transforma en un espejo para nuestra actualidad.

Vivimos en una época obsesionada con la marca personal y la visibilidad. Se invierten fortunas y años enteros en moldear una reputación, un perfil o una posición jerárquica desde la cual ser admirados y necesitados. Sin darnos cuenta, empezamos a medir erróneamente nuestro éxito por el nivel de dependencia que logramos generar en los demás.

Pero el verdadero liderazgo opera bajo una lógica inversa: nunca consistió en crear
dependencia, sino en desarrollar personas capaces de caminar con firmeza cuando el guía ya no esté. Quizá por ello somos testigos del colapso inmediato de tantas organizaciones cuando su fundador da un paso al costado.

Vemos empresas familiares robustas desaparecer de forma dramática en la segunda generación, proyectos comunitarios fragmentarse tras la jubilación de su director, e incluso dinámicas familiares que se quiebran por completo cuando los padres faltan.

Con frecuencia se piensa que el problema apareció súbitamente al final, pero la realidad es que comenzó muchos años antes, cuando el líder decidió sembrar su propia indispensabilidad.

El legado de la ausencia
El Líder que busca ser Indispensable (Jefe)El Líder que prepara un Sucesor (Verdadero Líder)
Acumula información y centraliza las decisiones para retener el control y el poder.Comparte conocimiento de manera abierta para multiplicar las capacidades ajenas.
Teme de forma encubierta que alguien con talento pueda llegar a reemplazarlo.Trabaja de manera intencional e invierte recursos para que otros lo superen.
Su éxito se mide por cuánta gente lo necesita hoy.Su éxito se mide por cómo funciona el equipo cuando él no está.

Moshé modeló la excelencia de la transición porque entendía una verdad fundamental: El liderazgo nunca es un derecho de propiedad adquirido, sino una responsabilidad prestada. El pueblo no le pertenecía, y la misión histórica tampoco. Ambos pertenecían a Yehováh. Por lo tanto, cuando llegó la hora de soltar el relevo, no intentó aferrarse, ni manipuló las circunstancias para extender su influencia un tiempo más, ni buscó sabotear el surgimiento de nuevas figuras. Simplemente veló por que la dirección continuara con limpieza y poder.

Aquí se esconde la verdad definitiva que redefine nuestra labor diaria: el éxito de un líder jamás se demuestra mientras ocupa el cargo. Es sumamente fácil simular orden, respeto y control cuando todas las directrices pasan obligatoriamente por nuestras manos y el temor o la costumbre cohesionan al grupo.

La verdadera evaluación, el examen de fuego de tu liderazgo, comienza el primer día en que dejas de estar presente. Ese día se revela si edificaste una obra con cimientos propios o si únicamente alimentaste tu ego a través de una estructura codependiente.

Ya sea que te encuentres al frente de una empresa, que coordines un equipo de
trabajo, que sirvas en una comunidad, o que ejerzas la altísima responsabilidad de
formar a tus hijos en el hogar, hay una pregunta crucial que el tiempo te obligará a
responder. No tiene que ver con cuántos aplausos recibes hoy, ni con cuántas personas se rinden ante tu autoridad, ni con el crecimiento estadístico que lograste bajo tu gestión.

La pregunta esencial y transformadora es: Si mañana tu presencia ya no
estuviera, ¿aquello que construiste tiene la madurez y la fuerza para seguir
avanzando con paso firme, o se desvanecerá contigo?

Porque al final del camino, el legado más alto de un líder no consiste en lograr que
todos recuerden con nostalgia su nombre y lamenten su ausencia. Consiste en
conseguir que aquellos que caminaron a su lado hayan aprendido a mirar al frente, a sostener los valores compartidos y a conquistar sus propias tierras prometidas sin necesidad de retener su mano.


Pastor corrupto

La Tragedia de Vender la Verdad

Bilam (Balaam) nos recuerda a aquellas personas que conociendo cuál es la verdad y qué es lo correcto, insisten en preguntar si de pronto hay una excepción, para ellas hacer lo que en realidad desean.

La historia de Bilam (Balaam) es más que un relato pintoresco sobre un profeta pagano y un asno que habla. Es un profundo estudio sobre la ambición, el autoengaño y las consecuencias de torcer la voluntad de Dios. En esta porción, Yehováh nos revela cómo incluso personas dotadas de habilidades espirituales —como Bilam, que hablaba con Elohim— pueden corromperse si su corazón se vende a intereses personales.

El poder de las palabras: bendición o maldición

Bilam sabía que las palabras tienen poder. Y hoy, como entonces, vivimos en una sociedad donde las palabras siguen moldeando destinos. En redes sociales, medios y gobiernos, se lanzan bendiciones o maldiciones culturales que forman identidades y decisiones.

Proverbios 18:21 dice:

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”

La bendición de Yehováh es irrevocable:

“No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Yehováh su Elohim está con él…”Números 23:21

Sin embargo, Bilam intentó maldecir por interés económico, aún sabiendo que no podía cambiar el decreto divino. ¿Cuántos hoy hacen lo mismo, vendiendo su influencia —espiritual o política— a cambio de honor, poder o dinero?

Preguntar lo que ya fue revelado: un camino peligroso

Bilam sabía que Yehováh no quería que fuera con los mensajeros de Balak, pero volvió a preguntar. Muchos hoy caen en el mismo error: en lugar de obedecer lo ya revelado en la Torá, buscan reinterpretarlo para justificar sus deseos. Pero la voluntad de Yehováh no está sujeta a consulta.

Yehováh no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Habla y no cumple?”
Números 23:19

Esta actitud recuerda a quienes, conociendo los mandamientos sobre moralidad, Shabbat, justicia o idolatría, preguntan: “¿Realmente esto es necesario hoy?” Buscan una “nueva revelación” que les permita transgredir sin sentirse culpables. Así fue el camino de Bilam… y terminó en muerte (Números 31:8).

Casos contemporáneos: Profetas por conveniencia

Hoy en día vemos muchos “profetas modernos” que, como Bilam, profetizan conforme al viento del momento. Promueven doctrinas atractivas pero torcidas, que complacen al pueblo y a sus patrocinadores, no a Yehováh.

Un caso claro: ministros que, para no incomodar, aprueban la ideología de género o el matrimonio entre personas del mismo sexo, ignorando la clara instrucción de las Escrituras (Levítico 18:22, Romanos 1:26-27).

También están quienes comercializan “bendiciones” o “palabras proféticas” por dinero, manipulando a los ingenuos para obtener ganancias. El N.T. habla de ellos:

“Por codicia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.”
2 Pedro 2:3

Yeshúa fue contundente:

“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre.”
Mateo 7:21

El Shabbat como ejemplo de un decreto eterno

Muchos argumentan que el Shabbat fue abolido o que es irrelevante en nuestros días. Pero fue establecido desde el principio (Génesis 2:2-3) y será observado en el Reino (Isaías 66:23). Preguntar si aún está vigente es como cuestionar si el sol sigue saliendo. Yeshúa mismo lo respetó (Lucas 4:16), y nunca enseñó su abolición.

“No penséis que vine a anular la Ley o los Profetas; no vine a abolir, sino a dar cumplimiento.”Mateo 5:17

¿Acaso no es claro? ¿Qué parte de esto necesita interpretación?

Aplicación práctica: ¿A quién servimos realmente?

En tiempos de confusión, el llamado es a tomar postura. ¿Seguiremos como Bilam, aparentando obediencia mientras anhelamos lo que el mundo ofrece? ¿O actuaremos como Pinjás, que con celo santo defendió la santidad de Yehováh?

“No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
Mateo 6:24

Esta época no es para ser neutrales ni cobardes. Estamos rodeados de corrupción moral, espiritual y cultural. ¿Guardaremos silencio mientras marchan los desfiles del orgullo, los falsos profetas se enriquecen y los valores bíblicos se pisotean?

Volvamos a la obediencia radical

Bilam fue un hombre dotado de dones, pero terminó en desgracia porque su corazón no fue íntegro ante Yehováh. Que no nos ocurra lo mismo. La obediencia no se negocia. Volvamos a los caminos antiguos, a la Toráh, y escuchemos al verdadero Mesías: Yeshúa, el Hijo obediente.

“Así dice Yehováh: paraos en los caminos y mirad, preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.”
Jeremías 6:16

Diezmo ayer y hoy

Del Diezmo a la Generosidad: Un Cambio de Enfoque

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo ó recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes.

Clases de diezmo y su destino

Los hijos de Leví fueron escogidos por Yehováh para atender las cosas relacionadas con el servicio a Él y para enseñar la Toráh al pueblo, donde quiera que estuviesen. Estos no tendrían herencia pues Yehováh era su herencia. Así fue que Dios mismo les concedió recibir parte de lo sacrificado como lo establece la Toráh, junto con las primicias de las cosechas para su sostenimiento.

El diezmo, la décima parte del producto del campo y de los ganados, estaba consagrado a Yehováh, pero tenía diferentes destinos.

Según Levítico 27:30-33 y Números 18:21-24, tanto el diezmo de las cosechas como el de los animales pertenecían a Yehováh, quien los asignó a los hijos de Leví como heredad por el servicio que prestaban en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo. A su vez, los Levitas debían entregar a los sacerdotes un “diezmo de los diezmos” según la instrucción de Números 18:26-28.

Al estudiar los pasajes relacionados con los diezmos, algunos investigadores concluyen que la Toráh menciona más de una clase de diezmo. El primero era entregado a los Levitas para su sustento. Otro diezmo era consumido por las propias familias delante de Yehováh durante las festividades, como se describe en Deuteronomio 14:22-27. Aunque existen diferentes interpretaciones sobre la relación entre estos pasajes, resulta evidente que no todo el diezmo tenía exactamente el mismo destino.

Conforme a Deuteronomio 12:17 y Deuteronomio 14:22-27, una parte de los productos apartados era llevada al lugar escogido por Yehováh para ser consumida delante de Él durante las Festividades establecidas. De esta manera, las familias aprendían a temer a Yehováh y a celebrar Su provisión.

Deuteronomio 14:28-29 enseña que cada tercer año se apartaba un diezmo destinado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda. De esta manera se atendían las necesidades de quienes carecían de herencia o recursos suficientes para sostenerse. Era algo parecido a lo que hoy conocemos como ayuda social, solo que no era responsabilidad del gobierno sino de la comunidad.

Pero… ¿qué sucede en el Nuevo Testamento?

Al morir y resucitar Yeshúa, abrió el camino para que todos pudiéramos tener acceso a nuestro Padre. De esta manera hizo de nosotros un pueblo de sacerdotes, es decir que todos los rescatados por Él tenemos acceso directo a Yehováh sin necesidad de intermediarios humanos para acercarnos a Su presencia.

Esto no significa que el Templo desapareciera inmediatamente, pues continuó funcionando durante varias décadas después de la resurrección de Yeshúa. Los mismos apóstoles continuaron visitándolo. Sin embargo, la obra redentora del Mesías señaló el cumplimiento del sistema sacrificial como medio de expiación y anunció el establecimiento de un nuevo pacto basado en Su sacrificio perfecto.

En cierto sentido podríamos afirmar que hoy todos podemos ofrecer sacrificios, pero ya no de animales sino de alabanza y adoración:

Ofrezcamos siempre por medio de Él sacrificio de alabanza a Yehováh, es decir, fruto de labios que confiesan Su Nombre.
Hebreos 13:15

Asimismo, las Escrituras describen a los creyentes como un “real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Sin embargo, esto no elimina las diferentes funciones que Yehováh ha establecido dentro de Su pueblo. Continúan existiendo responsabilidades específicas de enseñanza, liderazgo, exhortación y servicio, tal como ocurrió en la comunidad de los primeros discípulos.

Entonces, siendo que todos somos sacerdotes en ese sentido, ¿hay en el Nuevo Testamento siervos equivalentes a los Levitas? En cierto sentido, sí; pero sus funciones excluyen lo relacionado con los sacrificios del Templo por razones obvias y no están limitadas únicamente a la enseñanza de la Palabra.

Yeshúa llamó a doce discípulos para que estuvieran con Él durante el tiempo de Su ministerio y éstos fueron invitados a dejarlo todo para convertirse en pescadores de hombres. Posteriormente fueron confirmados como responsables de dirigir y expandir el mensaje entregado por el Mesías: las Buenas Noticias acerca de la proximidad del Reino de los Cielos.

Observamos que efectivamente estos discípulos abandonaron amigos, socios, profesiones, negocios y tradiciones para seguir y servir al Mesías. Cuando los envió en misiones locales les instruyó a no llevar nada consigo porque “el obrero es digno de su salario”, queriéndoles mostrar que Dios mismo se encargaría de proveer para ellos a través de las personas a quienes ministraban.

¿Y cómo habrían de sostenerse en el futuro cuando Yeshúa hubiese partido? El libro de los Hechos nos lo revela:

Todos los creyentes estaban unidos, y tenían en común todas las cosas. Vendían sus propiedades y sus pertenencias, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.
Hechos 2:44-45

Esto sucedió de manera espontánea. No parece que hubiese una reglamentación específica al respecto. La respuesta natural de corazones transformados fue cuidar unos de otros para que nadie padeciera necesidad; después de todo, esa había sido la medida del mandamiento dado por Yeshúa:

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15:12-13

La medida de ese amor era lo nuevo, pues el mandamiento ya existía en la Toráh:

No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yehováh.
Levítico 19:18

Vemos que Yeshúa llevó este mandamiento a otro nivel, al igual que hizo con muchos otros aspectos de la vida de obediencia. Entonces era natural que la nueva generación de discípulos siguiera Su ejemplo y quisiera compartirlo todo. Obviamente los apóstoles eran parte de esa comunidad.

Por esta razón, en las Escrituras Mesiánicas no encontramos un mandamiento que ordene entregar los diezmos a los apóstoles o a los líderes de las congregaciones. Hubiera sobrado ordenar tal cosa, porque lo natural y espontáneo era el fruto del Espíritu de Yehováh habitando en cada seguidor del Mesías, expresado en el deseo de velar por sus hermanos en necesidad y por aquellos que les servían enseñándoles y cuidándoles.

No obstante, esto no significa que quienes dedican su vida al servicio y a la enseñanza deban carecer de apoyo material. El apóstol Pablo enseñó claramente que quienes anuncian las Buenas Noticias tienen derecho a recibir sustento de aquellos a quienes sirven:

Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
1 Corintios 9:14

Asimismo escribió:

El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.
Gálatas 6:6

La diferencia es que Pablo nunca estableció un porcentaje obligatorio ni llamó diezmo a este apoyo. Su énfasis estuvo en la generosidad voluntaria y en el reconocimiento del valor de quienes sirven fielmente.

Resalto la palabra servían, porque ese fue el modelo dejado por Yeshúa:

El que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Mateo 20:28

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo o recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes. Claro está que muchos líderes religiosos de hoy dirían: “Qué desperdicio. Perdió la oportunidad de enseñarles a sembrar en su ministerio”.

Los siervos que hemos sido llamados al ministerio no estamos para suplantar a Yeshúa como la cabeza de todo varón ni para imponer nuestra autoridad manipulando o explotando económicamente a quienes desean acercarse al Padre, sino para servirles comunicándoles la Verdad, guiándoles a una comunión más íntima con Yehováh mediante Yeshúa y el caminar en obediencia a la Toráh.

Es nuestra responsabilidad ayudarles a desarrollar su fe para que puedan ser luz en un mundo sumido en tinieblas y, llegado el momento, sean capaces de sellar su testimonio entregando su vida si fuere necesario.

En resumen

Si definimos el diezmo exactamente como lo hace la Toráh, encontramos que estaba vinculado a la tierra de Israel, a las cosechas, al ganado, al sacerdocio levítico y al funcionamiento del Templo. En ausencia de estos elementos, resulta difícil aplicar hoy el sistema exactamente de la misma manera en que fue establecido originalmente.

Lo que permanece vigente es el principio que subyace detrás de aquellas instrucciones: reconocer que todo proviene de Yehováh, sostener a quienes sirven fielmente, ayudar al necesitado y practicar una generosidad sincera nacida de un corazón agradecido.

Quienes hemos sido llamados por Yehováh para servirle primero a Él y luego a Sus seguidores y discípulos dedicamos nuestro tiempo, talentos, recursos, experiencia y relaciones a proclamar Su mensaje, amar, modelar, discipular, instruir, apoyar y amonestar a todos aquellos que desean marchar por la senda estrecha de la obediencia a Yehováh tal como lo hizo Yeshúa.

Y si bien dependemos de la provisión de nuestro Padre, sabemos que ésta llegará de corazones que valoran lo que reciben de Él por medio de nosotros y que, al igual que los primeros discípulos, espontáneamente desearán compartir de sus recursos para que no haya necesidad entre sus hermanos.


Miriam critica a Moises 2

Palabras que Contaminan

Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón.

El relato de Miriam, la hermana de Moshé, nos ofrece una de las lecciones más solemnes de las Escrituras sobre el poder de nuestras palabras. A menudo minimizamos el impacto de un comentario casual, una queja o una opinión sobre la vida de los demás, pero el episodio en Números 12 revela que, ante los ojos de Yehováh, la murmuración no es un pecado menor; es una afección espiritual destructiva con consecuencias visibles y profundas.

A continuación, desarrollamos este tema enfocando el problema de la crítica, sus implicaciones y su urgente aplicación para nuestros días.

La Raíz del Problema: Lashón Jará (La Lengua Mala)

El texto base nos aclara que la tzara’at —erróneamente traducida en muchas versiones como lepra— no era una simple afección médica contagiosa, sino la manifestación física de una crisis espiritual. Los sabios de Y’hudáh siempre han vinculado esta condición directamente con los pecados de la lengua, agrupados bajo el término lashón jará.

Miriam y Aharón hablaron contra Moshé usando como pretexto su matrimonio con una mujer cusita. Sin embargo, el texto bíblico deja ver que el verdadero trasfondo era el orgullo y el cuestionamiento de la autoridad espiritual que Yehováh le había otorgado a su hermano:

¿Solamente por Moshé ha hablado Yehováh? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Yehováh.

Números 12:2

La crítica casi nunca nace de un deseo genuino de corregir, sino de un corazón que busca elevarse a sí mismo rebajando al prójimo. Miriam, una profetisa respetada y líder en Israel, cayó en la trampa de la murmuración, demostrando que nadie está exento de este peligro si descuida la guardia de su boca.

Terribles Consecuencias de la Crítica

El juicio divino ante la murmuración de Miriam fue inmediato y drástico, dejándonos ver tres consecuencias principales que la crítica acarrea:

  • La pérdida de la presencia divina: Las Escrituras narran que cuando la ira de Yehováh se encendió, la nube que representaba su Presencia se apartó del Tabernáculo. Inmediatamente después, Miriam quedó cubierta de tzara’at, blanca como la nieve (Números 12:9-10). La murmuración ahuyenta la comunión con el Padre.

  • La exclusión y la vergüenza: Por orden divina, Miriam tuvo que ser expulsada del campamento y quedar aislada durante siete días (Números 12:14). El chisme y la crítica rompen el tejido social; separan a los amigos y aíslan a quien los practica, destruyendo la confianza comunitaria.

  • El estancamiento del pueblo: El relato señala un detalle muy significativo:
    Y el pueblo no partió hasta que se reunió Miriam otra vez. Números 12:15. 
    La crítica de una sola persona o de un pequeño grupo tiene el poder de detener el avance espiritual de toda una comunidad. Mientras haya murmuración en medio del pueblo, el viaje hacia las promesas del Padre se detiene.

Cómo enfrentamos hoy esa Epidemia Invisible

Hoy en día ya no vemos a las personas quedar cubiertas físicamente de tzara’at tras emitir un juicio, lo que ha provocado que perdamos el temor hacia este pecado. Sin embargo, la tzara’at moderna es invisible pero igualmente devastadora.

Al vivir en una cultura hiperconectada, la crítica se ha popularizado. A través de las redes sociales, los mensajes de texto o las conversaciones casuales, el lashón jará se propaga a la velocidad de la luz, con tan solo un clic. Juzgamos a los gobernantes, los ministerios, las decisiones familiares, los defectos físicos, y las caídas de nuestros hermanos con una ligereza alarmante.

Olvidamos con frecuencia la severa advertencia de las Escrituras respecto al poder de lo que hablamos:

La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

Proverbios 18:21

Cuando criticamos, manifestamos una profunda ceguera espiritual. Nos convertimos en jueces de los demás olvidando nuestra propia condición. Tal como nos recuerda el profeta Isaías, ante la santidad del Creador, ninguno puede jactarse de su propia rectitud:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Isaías 64:6

El Propósito del Aislamiento y el Camino a la Sanidad

El texto base resalta un punto crucial: el confinamiento de Miriam no fue solo un castigo, sino una oportunidad. Esos siete días de soledad forzada fuera del campamento le sirvieron para reflexionar, evaluar sus palabras y reenfocar su relación con Yehováh y con su prójimo.

Nosotros no deberíamos esperar a que una crisis, una enfermedad o una circunstancia extrema (una tzara’at moderna) nos obligue a detenernos. Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón. No se trata de volvernos ermitaños —pues Proverbios 18:1 advierte que el hombre esquivo busca su propio capricho— sino de buscar la intimidad con el Creador para ser limpios de toda amargura.

Si al examinarnos descubrimos que nuestra lengua ha sido contaminada por la murmuración y la crítica, la buena noticia es que hay provisión para una limpieza total. Así como el leproso se acercó en los evangelios reconociendo su necesidad, nosotros podemos acudir hoy mismo al Mesías:

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Yeshúa extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Mateo 8:2-3

La restauración comienza cuando reconocemos que nuestras críticas hacia los demás son, en realidad, el reflejo de nuestra propia necesidad de sanidad interna. Pongamos un freno a nuestros labios y permitamos que sea el amor, la misericordia y la edificación mutua lo que guíe nuestras palabras en la comunidad.

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El Poder y la Profundidad de La Bendición Sacerdotal


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