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¿A cuántos de ustedes les ha pasado que no logran encontrar un momento de quietud y de reposo durante el día a causa de los quehaceres diarios?
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¿Aplica el mandamiento de Circuncisión para el creyente de hoy en día? ¿Es la Circuncisión necesaria para ser salvos? ¿Deben los gentiles circuncidarse o sólo los judíos? ¿Qué hay del Concilio de Jerusalén de Hechos 15 y las cartas de Pablo con respecto a la Circuncisión? ¿Cuándo se abolió el mandamiento de la Circuncisión? ¡Estas y otras preguntas más las abarcamos en este estudio de las Escrituras.
Muchos malentendidos se han generado e información errónea se ha difundido acerca del significado y origen del nombre de nuestro Mesías.
Sabemos que el nombre Jesús en español, proviene del latín y del griego, en los cuales su nombre se pronunciaba como Iesus. El sonido de la letra “J”, de hecho, no existió en español sino hasta comienzos del siglo XVII. Sin embargo, es importante aclarar que no hay ningún origen pagano en la versión griega del nombre, y la razón por la que suena de esa manera es simplemente debido a la gramática griega. El sonido de la “Shin” hebrea (ש) no existe en el griego por lo cual la “sh” de Yeshúa pasó a una simple “s”, y la “s” final fue agregada en el griego para marcar el género masculino del nombre.
Este, tal como todos los nombres hebreos, tiene un origen y un significado. Es importante conocer la lengua de origen de cada nombre ya que cada uno de ellos tiene un significado específico en el idioma en el cual se originó. En el caso del nombre del Mesías, el hebreo es la lengua de su origen, por lo cual le invito a que estudie conmigo la historia de este nombre desde su primera aparición en las escrituras.
Hoshea (הושע), mejor conocido como Oseas hijo de Nun, fue el israelita de la tribu de Efraín elegido para ir a espiar la tierra junto con otros once espías, según Números capítulo 13. Su nombre, proveniente de la raíz ישע, que significa salvación. En el mismo capítulo, y antes de salir en su arriesgada misión, Moshé cambia el nombre de Hoshea (Oseas) a Yehoshúa (Josué). Si bien el cambio parece significativo en el español, en el hebreo todo lo que Moshé hizo fue agregarle una letra, la Yud, la más pequeña de todas las letras hebreas, a su nombre; de הושע a יהושע. A pesar de ser la letra hebrea más pequeña, al agregarla al nombre de Hoshea, cambió su significado.
Y así, de significar simplemente “salvación” pasó a significar “la salvación de Yehováh” o “Yehováh salva”. Moshé sabía, proféticamente, que Hoshea necesitaría de Yehováh para emprender esta peligrosa misión; y posteriormente, para conquistar la Tierra de Israel junto con el resto del pueblo.
Luego del exilio en Babilonia, el nombre Yehoshúa (יהושע) fue acortado a Yeshúa (ישוע), teniendo el mismo significado, pero perdiendo la letra Hey y cambiando levemente su vocalización. Esto no ocurrió solamente con este nombre: Yehonatán fue acortado a Yonatán y Yehojanán a Yojanán, por nombrar solo algunos. En todos estos casos, la letra Hey (ה) es la que desaparece del nombre.
El nombre Yeshúa aparece (entre otros lugares) en: Ezr 2:2, 2:6, 2:36, 5:2, Neh 3:19, 7:11, 12:8. Interesantemente, el nombre Yeshúa aparece transliterado al español como “Jesúa”, no Jesús ni Josué. En el griego, aparece igual: Iesus.
En el período del segundo Templo Yeshúa era la forma de este nombre que seguía en uso, y este fue el nombre que el angel Gavriel le reveló a Miriam cuando le dijo que llamara a su hijo Yeshúa, porqué él yoshía (salvará) a su pueblo de sus pecados. Este juego de palabras tiene sentido sólo en la lengua hebrea, y es una de las pruebas que confirman que el evangelio de Mateo fue escrito originalmente en esa lengua.
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Hoy en día enfrentamos desafíos que nos invitan a desarrollar una relación más profunda con nuestro Creador.
A lo largo de la historia, el pueblo de Israel experimentó un proceso de entrenamiento divino diseñado para enseñarles dependencia, obediencia y confianza en Yehováh. A pesar de haber sido testigos de grandes milagros y provisiones sobrenaturales, su fe fue constantemente puesta a prueba.
De manera similar, hoy en día enfrentamos desafíos que nos invitan a desarrollar una relación más profunda con nuestro Creador. En este artículo, exploraremos las lecciones fundamentales que Israel aprendió en el desierto y cómo estos principios siguen siendo relevantes para nuestra vida espiritual. A través de pruebas, provisión y corrección, Yehováh nos guía en un proceso de transformación que requiere perseverancia y fidelidad.
Estamos en entrenamiento. Con facilidad olvidamos las grandes manifestaciones de Yehováh a nuestro favor y nos sentimos abandonados e impotentes. Pero Yisrael estaba en entrenamiento al igual que nosotros hoy; nuestros padres necesitaban aprender a vivir en dependencia total de su Elohim y Libertador; necesitaban aprender que también era Proveedor, Protector, Legislador y Juez. Yehováh tomó al pueblo de la misma manera que se adopta un hijo que requiere de amor, pero también de dirección y corrección.
“…sino que trato con severidad mi cuerpo, y lo reduzco a servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo quede descalificado.” 1 Corintios 9:27
Los momentos amargos, pueden tornarse dulces. Cuando en medio del dolor y las dificultades acudimos a Yehováh por medio de Yeshúa, nuestras amarguras son cambiadas recibimos fortaleza y la vida se torna más dulce por Su presencia.
“Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Yehováh vuestras peticiones con acción de gracias, y la paz de Yehováh, que sobrepuja a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Yeshúa HaMashíaj.” Filipenses 4:6–7
Ante la queja del pueblo por la falta de comida, Yehováh envió codornices e hizo provisión del maná. Las instrucciones fueron precisas respecto a lo que deberían recoger entre semana y en particular el sexto día, víspera del Shabbat. Nótese que para entonces el pueblo ya tenía conocimiento del Shabbat a pesar de que la Toráh (Ley) no había sido aún entregada.
Parte vital del entrenamiento es aprender a depender de Yehováh día a día. Observemos que la oración de Yeshúa conocida como el Padre Nuestro, incluye la petición de recibir la provisión de alimento diario del Padre:
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Lucas 11:3
La respuesta de nuestros padres yisraelitas a las duras pruebas que tuvieron durante su estadía en el desierto es un ejemplo y una advertencia para nosotros los seguidores de Yeshúa, el Camino. Ellos a pesar de haber sido sacados de Mitsráyim y de haber visto las maravillas de Yehováh, no pudieron entrar en la tierra prometida debido a su incredulidad; y la generación que fue testigo de todas esas manifestaciones, pereció en el desierto.
La salvación no la tenemos garantizada. Muchos, a pesar de haber hallado a Yeshúa, se quedarán por el camino, porque toman la senda ancha y evitan el sendero estrecho que conduce a la puerta estrecha. De tan gran multitud de personas mayores de 20 años que salieron de Egipto, solo dos: Josué (Yahoshúa) y Kaleb entraron en la Tierra Prometida. Así mismo, son muy pocos los perseverarán hasta el fin y entonces serán salvos.
“Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi Nombre, pero el que perseveró hasta el fin, éste será salvo.” Marcos 13:13
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