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No todo el mundo está interesado realmente en seguir y obedecer las reglas del Reino.
Después de haberle predicado en parábolas a las multitudes desde una barca en el mar de Galilea (Kineret), Yeshúa revela aspectos importantes acerca del Reino de los Cielos a sus discípulos. Ante la pregunta de por qué Yeshúa les hablaba en parábolas a las gentes, él les respondió diciendo:
Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Mateo 13:11
El Evangelio de Marcos nos aclara un poco más el panorama con respecto a esta pregunta:
A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera del reino, por parábolas todas las cosas. Marcos 4:11
Muchas veces me frustraba tratando de encontrar una explicación a estos pasajes tan controversiales, donde Yeshúa claramente decía que le hablaba a las multitudes en parábolas para que ellos literalmente no entendieran; y esto para que se cumpliera la profecía de Isaías que dice:
Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Is 6:9-10
Es como si Yeshúa les hablara de una manera codificada para que el pueblo no pudiera entender el mensaje que él traía acerca del Reino, pero la pregunta es: ¿por qué?
La respuesta la encontramos unos pasajes más adelante cuando leemos acerca de la parábola del sembrador. Se nos dice que el sembrador salió a sembrar, y parte de la semilla cayó:
Para nadie es secreto que no todo el mundo está interesado realmente en seguir y obedecer las reglas del Reino. La mayoría de la gente está más interesada en los placeres de este mundo, los afanes y las riquezas.
Los misterios del Reino de los Cielos están apartados solamente para aquellos que atesoran la palabra con un “corazón bueno y recto y dan buen fruto”.
Shalom!
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La Palabra Septuaginta (abreviada simplemente LXX) se refiere a la cantidad de traductores involucrados en traducir la Torá al griego (redondeado a 70, aunque en realidad fueron 72).
Hoy en día la Biblia hebrea, la Torá, existe publicada en cientos de lenguas y dialectos alrededor del mundo. Pero hubo un tiempo cuando la Torá existía solamente en hebreo. Y no sólo eso, las autoridades religiosas judías hubieran considerado una aberración traducir la Torá a cualquier otro idioma, ya que hay innumerables palabras y expresiones hebreas que no pueden traducirse o entenderse fuera del contexto lingüístico y cultural del medio oriente antiguo.
Hay un pasaje en el Talmud que relata la historia del momento en que la Torá fue traducida por primera vez, hecho que ocurrió en el siglo III a. E. C. (Antes de la Era Común). Este evento fue considerado “tan funesto para Israel como el día en que se hizo el becerro de oro, pues la Torá no pudo ser traducida con precisión”. Esta historia guarda un paralelo con el relato contenido en la célebre Carta de Aristeas, que examinaremos más adelante.
Del Tratado de Sofrim, capitulo 1:
Sucedió que el rey Tolomeo reunió a setenta y dos ancianos y los colocó en setenta y dos habitaciones [separadas] sin decirles la razón por la que los había reunido. Luego fue a cada uno de ellos y les dijo: “Escribe para mí [una traducción de] la Torá de Moisés tu maestro”. El Omnipresente los inspiró y la mente de todos era idéntica, de modo que cada uno por su cuenta escribió la [misma traducción de la] Torá, introduciendo [las mismas] trece alteraciones de la siguiente manera […]
Esta, por supuesto, es la postura según la tradición judía. Pero es un hecho verificable que sí hay diferencias entre la Torá hebrea y la traducción griega.
La influencia del imperio griego y la Elenización del pueblo judío y el Mediterráneo es bien conocida. Además, había un gran porcentaje de judíos que vivía en Egipto, particularmente en la ciudad griega de Alejandría. A pesar de que no existen registros de censos en el período griego, es un hecho establecido que durante el período romano más del 30% de la ciudad era judía.
Todos estos judíos hablaban griego y lo utilizaban como una lengua primaria en esa cultura. La biblioteca de Alejandría (más tarde quemada por los Romanos), poseía cientos de miles de copias de manuscritos con toda la sabiduría del mundo conocido en la antigüedad. Muchos de los grandes pensadores judíos de esa época fueron instruidos en Alejandría, incluidos Flavio Josefo, Filón y Ben Sirá (autor del libro de Eclesiástico – Escuchar programa aquí).
Entre todas esas obras que contenían el conocimiento del mundo, existía una que no había sido traducida hasta el momento, pero era muy popular dentro de la cultura judía; La Torá. Y este es el contexto en el que se genera la famosa Carta de Aristeas.
Esta carta, a pesar de que sus manuscritos más antiguos datan del siglo XI, es citada en gran parte en las obras de Josefo y Filón, además de tener un paralelo con la historia talmúdica citada al comienzo de este artículo. Fue escrita supuestamente por Aristeas, un funcionario de la corte de Tolomeo II (285-246 a. C.) y fue dirigida a su hermano Filócrates.
De acuerdo con la carta, Tolomeo, deseando tener una versión griega de las leyes judías para la Biblioteca de Alejandría, pidió al sumo sacerdote de Jerusalén que le enviara expertos reconocidos para realizar la traducción. Este le respondió enviándole 72 eruditos.
De acuerdo a la carta, cuando los traductores llegaron a Alejandría, el rey lloró de alegría y durante siete días les planteó preguntas filosóficas, cuyas sabias respuestas se relatan en su totalidad en la carta. Los 72 traductores completaron su tarea en exactamente 72 días y los judíos de Alejandría, al oír leer la Ley en griego, solicitaron copias y maldijeron a cualquiera que cambiara la traducción. Luego, el rey recompensó generosamente a los traductores y los envió de regreso a casa.
A pesar de los relatos extraordinarios narrados en la Carta de Aristeas y en el Talmud y las disputas académicas al respecto, no cabe duda de que la Septuaginta es una de las traducciones más relevantes en la historia de las Escrituras, ya que fue la primera, y tuvo un increíble impacto cultural, no sólo en aquella época para toda la comunidad judía, sino también para el mundo gentil desde entonces, influenciando no sólo la manera en que el mensaje de Yeshúa se expandió por el mundo antiguo, sino también facilitando el conocimiento de la Torá y las Escrituras hebreas en el mundo actual.
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Deberíamos ordenar nuestras vidas por el calendario Lunar-Solar…
Quienes vivimos en Occidente, estamos familiarizados con el calendario Gregoriano, que es exclusivamente solar, aunque ni siquiera conozcamos su origen. Simplemente cumplimos nuestras rutinas de trabajo, estudio, vacaciones, cumpleaños y demás, siguiendo la manera de contar el tiempo que nos fue impuesta por la Iglesia Católica, cuando su dirigente Gregorio III determinó hacer ajustes al calendario romano.
Sin embargo debemos tener en cuenta que el libro de Bershit (Génesis) nos dice:
Y dijo ’Elohim: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para diferenciar entre el día y la noche, y sirvan por señales, y para solemnidades, y para días y años, y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la Tierra. Y fue así. Génesis 1.4
Es claro que el propósito original del sol y de la luna, las dos lumbreras, era:
Es decir que deberíamos ordenar nuestras vidas por el calendario Lunar-Solar; al hacerlo, estamos obligados a depender de Yehováh, porque para dar inicio a cada mes debemos esperar a que la luna sea avistada en el cielo, después de las noches de su ausencia.
Yehováh, administra su Creación y el desarrollo de la historia, de acuerdo a Su calendario, y no de acuerdo al que sigue el mundo.
Por ejemplo, al comienzo del invierno el mundo celebra la navidad, el año nuevo y las fiesta de los reyes magos; pero ninguna de estas cuenta con respaldo de las Escrituras y son más bien un pretexto comercial para mejorar los balances contables de finales del año fiscal. Por todo esto, quienes seguimos las Leyes del Reino – La Toráh, no estamos obligados a participar en tales cosas, y aunque sintamos la presión social y familiar para participar en ellas, sabemos que pertenecemos a una familia cuyos parámetros de vida son enteramente diferentes lo cual ¡nos hace libres!
El calendario Bíblico Restaurado, está disponible para ser consultado mes tras mes en esta página; basta que vayas al menú: Fiestas Bíblicas: El Calendario Bíblico, y allí podrás descargar una copia del mes correspondiente.
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Todos los años para este época, escucho personas decir que la celebración de Jánuca no aparece en la Biblia y que por tal razón no debemos de celebrarla; o también, que Jánuca es una fiesta que celebran sólo los judíos, lo cual sería otra razón por la que no debemos observarla.
¿Pero sabía usted que el libro de los Macabeos, de donde se deriva la historia de Januca, contiene toda una enseñanza de cómo un remanente de Israel fue librado de sus enemigos por la mano poderosa del Altísimo?
Permítame contarle lo sucedido…
Después de que Alejandro el grande reinara por doce años, murió y su reino quedó dividido en cuatro. De esa división surgió un rey malvado, llamado Antíoco Epífanes. Este no buscó inicialmente la muerte del pueblo de Israel, sino la destrucción de su fe, a saber de su Torá (su ley) y sus mandamientos, prohibiendo a los israelitas circuncidar a sus hijos, celebrar las Fiestas de Yehováh y profanando el Templo en Jerusalén.
Fueron tiempos muy duros para el pueblo de Israel, tanto así que los griegos construyeron un gimnasio en Jerusalén, donde también los varones israelitas corrían desnudos no solo deshonrando la integridad de sus cuerpos, sino que también se reconstruyeron sus prepucios para que no se les notara la circuncisión, rechazando de esta manera el pacto que Yehováh había hecho con sus padres.
Un gran sector de la población israelita había decidido renunciar a su fe, viviendo y actuando como los que no temen a Dios, haciendo toda clase de maldades incluyendo sacrificios de animales impuros a dioses paganos. El objetivo de Antíoco Epífanes era que los israelitas rechazaran la Torá y los mandamientos de Yehováh; y el que no obedeciera sería condenado a muerte.
Pero hubo un hombre y su familia que decidió no doblegarse ante las órdenes de este rey malvado, sino que tuvo la valentía de luchar por defender su fe, aunque esto les costara la vida. Su nombre era Matatías, un sacerdote de Israel.
“Aunque todas las naciones obedezcan a Antíoco Epífanes, yo, mis hijos y todos mis familiares seremos fieles al pacto que Dios hizo con nuestros padres”.
Estas fueron las palabras de ese valiente que se mantuvo fiel.
Después de su muerte, uno de sus hijos, Judas Macabeo quedó a cargo de lo que era ya un pequeño ejército que lideraba una rebelión contra el rey Antíoco. Judas logró vencer a los enemigos de Israel en muchas ocasiones, y el libro de Macabeos nos muestra la clave de su éxito:
“…pidámosle a Yehováh que acabe con este ejército enemigo que quiere destruirnos, para que todas las naciones reconozcan que el pueblo de Israel cuenta con un Dios que lo libra y lo salva” 1 Macabeos 4:10-11.
Eso mismo es lo que recordamos y celebramos en esta época de Januca. ¡Yehováh el Dios de Israel, el único Dios verdadero, es el que nos libra y nos salva de nuestros enemigos!