En la Biblia hebrea, el nombre (shem) va más allá de una simple designación: expresa identidad, propósito, reputación y destino. Descubre cómo este concepto revela la esencia del ser humano y la responsabilidad de llevar el Nombre de Dios con honra.
Los pactos con Yehováh son voluntarios
Por: Miha'el -
Yitro. Exodo 18.1-20:23
Yehováh sacó a nuestros padres de Mitsráyim sin proponerles condición alguna. Fue después, de haber comprobado con sus propios ojos y experiencias el poder de Yehováh, que el pueblo tuvo la oportunidad de decidir entrar en el pacto con Él, cuando se hallaban en el Monte Sinay. Para entonces ya habían murmurado y se habían quejado de circunstancias que les incomodaban y Yehováh también les había mostrado su misericordia y bondad. Con todo y eso, nuestro Padre les propuso convertirse en Su pueblo especial; Él sabía las debilidades de éste, pero aún así lo amó y le dio la oportunidad.
De manera similar Yehováh nos da la vida, nos sostiene todo el tiempo proveyendo lo que necesitamos para crecer, madurar y organizar nuestra vida. Pero llegará un momento en el que seremos confrontados con la decisión más importante de la vida: la de entrar en pacto con Él o no hacerlo.
Poco importa que seamos de una familia religiosa o atea, o que hayamos participado en actividades religiosas, o que hayamos desarrollado programas de ayuda social y seamos tenidos por generosos y serviciales; porque aunque todas esas cosas son encomiables, no son suficientes para conocer realmente al Creador y entrar en una relación íntima con Él.
Entonces, así como tuvieron que hacerlo nuestros padres en Sinay, cada uno deberá decidir si acepta o no, el ofrecimiento de Yehováh para llegar a ser parte de la nación apartada, por medio de la cual Él va a cumplir sus propósitos eternos. Y una vez tomada tal decisión, habremos asumido la responsabilidad de vivir de acuerdo a las Reglas (Toráh) que Él ha establecido para todos aquellos que deciden pertenecer a Su Reino.
Haz la decisión correcta! porque quizás no haya una segunda oportunidad.
Señor, ¿son pocos los que se salvan?
Lucas 13:22-35
Semana 45-53
Por: Harold Calvo –
No hay duda de que el Elohim de Israel es un Dios de amor y misericordia. De hecho, encontramos en el libro de Lamentaciones una declaración preciosa acerca de la misericordia de nuestro Padre celestial, que dice:
“Por la misericordia de Yehováh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” Lamentaciones 3:22-23.
Sabemos también por los escritos de Kefa (Pedro) que, “Yehováh es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9) y así muchas otras promesas hermosas que nacen del corazón de nuestro Padre celestial hacia su pueblo.
Sin embargo esta semana, en la cronología de los evangelios, nos encontramos con un Yeshúa que responde a una pregunta que algunos nos hemos planteado en nuestro caminar: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23).
Lamentablemente y para sorpresa de muchos, la respuesta que Yeshúa provee no es la que la audiencia esperaba.
“…muchos procurarán entrar (al Reino de los cielos), y no podrán” (Lucas 13:24b).
Por lo tanto, no debemos mal interpretar la misericordia del Padre, porque aquí, Yeshúa nos exhorta diciendo que debemos “esforzarnos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24a).
Pero ¿cómo lograrlo? Él mismo nos da una clave, al hablar de quienes procurarán entrar y no podrán hacerlo, en ese mismo capítulo de Lucas 13:
“Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois… apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad”.
Entrar por la puerta agosta tampoco tiene nada que ver con “profetizar, echar fuera demonios y hacer muchos milagros” (Mateo 7:22-23), tiene que ver con hacer la voluntad del Padre: guardar sus mandamientos, obrar en justicia y en misericordia.
Shalom!
אֱמֶת (emet) – Verdad
Por: Tzvi ben Daniel -
La profundidad y riqueza de esta palabra en el hebreo necesitaría de un libro entero para poder expresarse.
Sabemos que la verdad no es algo subjetivo, a pesar de que cada uno tenga sus propias opiniones o interpretaciones de la vida y las escrituras, sabemos que la verdad es una sola.
La palabra emet (אֱמֶת) esta compuesta por 3 letras hebreas, la álef, la mem y la tav. La álef y la tav son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto hebreo. La mem por el otro lado, está entre las cuatro letras del centro del abecedario, y es una letra que está relacionada con el agua. Maim es la palabra hebrea para agua. De hecho, nuestra letra M tiene un gran parecido a la letra mem en el hebreo antiguo, asimilándose a olas de agua. Debido a esto, la mem se asocia con el fluir.
Unificando todo esto, observamos la imagen de que la verdad (emet), incluye el comienzo, “fluyendo” hasta el final.
Muchos no saben que la palabra emet esta relacionada también con la raíz del verbo amán, que es de donde proviene la famosa palabra amén, con la cual “sellamos” nuestras oraciones. Debido a esto, emet no es traducida al español siempre como verdad necesariamente. También la encontrará como firmeza, estabilidad, fidelidad, y probidad (integridad), por nombrar sólo algunas.
Generaciones -תֹולְדֹות
Por: Tzvi ben Daniel –
Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Yehováh Dios hizo la tierra y los cielos. Gen 2:4
La palabra “orígenes” es la misma palabra traducida en otros pasajes como “generaciones”.
Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Gen 5:1
Es interesante poner atención cómo incluso en español, ambas palabras, orígenes y generaciones, incluyen la raíz “gen”. Esto tiene que ver con la genética; la información almacenada en nuestro ADN que es transmitida a través de las generaciones.
La palabra hebrea es תֹולְדֹות (toldot), y de aqui es que provienen palabras hebreas como yalad (dar a luz) o yeled (un niño; alguien que fue ‘dado a luz’).
El concepto de la palabra toldot esta relacionado con la genealogía (otra vez el ‘gen’).
Ishac Abravanel en su comentario al Libro de Los Reyes afirmó que el más antiguo asentamiento judío tras la destrucción del primer Templo en España fue Toledo, siendo sus fundadores originarios de las tribus de Judá y Benjamín. Es de común conocimiento para los judíos de origen español, que el nombre de aquel pueblo proviene de la palabra hebrea para generaciones; toldot.