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Desde tiempos antiguos, Yehováh ha mostrado un gran deseo de estar cerca de su pueblo, Israel. Cuando los israelitas anduvieron por el desierto, después de haber sido liberados de Egipto, el Altísimo les dio instrucciones detalladas para construir un lugar especial donde Él pudiera habitar entre ellos. Este lugar era el tabernáculo, una especie de santuario portátil, que simbolizaba la presencia continua de Dios en medio de su pueblo. La idea era que, a pesar de estar en un viaje largo y difícil, los hijos de Israel siempre tendrían al Todopoderoso cerca, guiándolos, protegiéndolos y bendiciéndolos.

El Tabernáculo era más que una estructura; era un signo palpable del deseo de nuestro Padre de vivir en medio de su pueblo, de estar accesible para ellos. Este deseo se extendía más allá de simplemente ser adorado desde lejos; implicaba una relación cercana y constante con Israel. 

Incluso, siglos más tarde, este deseo divino de cercanía se reiteró a través de las palabras del profeta Ezequiel. En el capítulo 37, Yehováh promete que establecerá su santuario entre su pueblo para siempre, diciendo:

mi santuario estará en medio de ellos; Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

Esta promesa era una afirmación poderosa del compromiso eterno del Todopoderoso con Israel. A través de Ezequiel, Dios estaba recordando a su pueblo que, sin importar el tiempo o las circunstancias, su deseo de vivir en medio de ellos nunca cambiaría.

Tanto en esta sección del libro de Éxodo como en los Evangelios, se enfatiza la importancia de la generosidad y la colaboración comunitaria. En esta parashá, vemos cómo el pueblo de Israel se une en un mismo espíritu para sacar este proyecto adelante: El Tabernáculo. Esto va de la mano con las enseñanzas de Yeshúa durante su ministerio relacionadas con la instrucción del pueblo acerca de la importancia de compartir con los demás, especialmente con los más necesitados.

Una figura del Mesías: Esta porción nos hace recordar también que El Tabernáculo es un tipo de Yeshúa ya que era el lugar donde la presencia del Altísimo se manifestaba a su pueblo Israel. De la misma manera, el Padre manifestó su Presencia divina cuando…

“el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14

Además, la promesa que encontramos en el libro de Ezequiel no sólo reafirma la relación especial entre Yehováh e Israel, sino que también apunta hacia un futuro donde la presencia del Todopoderoso será aún más directa y personal para todas las generaciones venideras a través de la figura del heredero al trono: Yeshúa el Mesías.

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