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El término “Terumah” en hebreo significa “ofrenda”. En este contexto, se refiere a las contribuciones voluntarias que los israelitas debían hacer para la construcción del Mishkán – Tabernáculo. Dios instruye a Moisés a invitar al pueblo a traer materiales específicos, como metales preciosos, tejidos, pieles de animales, madera y aceites, entre otros, para la construcción y los elementos del santuario.

También, se detallan los diseños y materiales necesarios para la construcción del Arca del Pacto, la Mesa de los Panes de la Proposición, el Candelabro – Menoráh de oro, el Altar de Incienso, el Altar del Holocausto y el recinto mismo del Mishkán. Cada uno de estos elementos tenía un propósito específico en el futuro servicio del Templo y simbolizaba en muchos aspectos la figura de Yeshúa y la relación de Yehováh con su pueblo, la cual entendemos ahora que no solo se trata de un espacio físico, sino también de una relación personal. 

Así como los israelitas contribuyeron en el pasado con sus recursos para la construcción del Mishkán, los creyentes somos llamados a ofrecer nuestros dones y talentos para la edificación del Reino de Yehováh en la tierra. Yeshúa mismo, a lo largo de su ministerio, enseñó y ejemplificó el valor de darse uno mismo en servicio a los demás y en la expansión del amor, la verdad y la justicia.

Reflexión

El Tabernáculo es el lugar de encuentro entre Yehováh y el pueblo de Israel, una figura de la presencia del Todopoderoso que se manifiesta plenamente en Yeshúa. Él es descrito como el “Tabernáculo” que habitó entre nosotros (Juan 1:14), siendo el lugar donde Yehováh y el hombre se encuentran en perfecta armonía. En otras palabras, Yeshúa es el camino a la reconciliación con nuestro Padre, y su sacrificio en la cruz representa el cumplimiento perfecto del sistema de sacrificios y ofrendas prescrito en la Torá. 


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