¿Fue realmente Yehováh, quien endureció el corazón del Faraón?

Está claro que Dios puede entenebrecer nuestro entendimiento para que no comprendamos cosas, tal como en el caso de la rebeldía del pueblo de Israel en tiempos del profeta Isaías…

…¿Acaso Dios no respeta nuestro libre albedrío?

 

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Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Éxodo 7:3

Previo a la celebración de Pésaj y la Fiesta de Panes sin Levadura, encontramos un detalle muy interesante en el relato bíblico acerca de cómo Yehováh le avisa con anticipación a Moisés que Él “endurecerá el corazón de Faraón” antes de que el pueblo de Israel pueda caminar libre de la tierra de Egipto.

Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Yehováh lo había dicho. Éxodo 7:13

Para ser específicos, ocho veces se nos dice que fue Yehováh quien endureció el corazón de Faraón, seis veces el corazón de Faraón se endureció sin una explicación de quién lo hace y finalmente tres veces Faraón endureció su corazón por cuenta propia. 

De esta manera vemos como una y otra vez se nos dice que Dios endureció el corazón de Faraón, razón por la cual no permitió que el pueblo de Israel saliera a celebrarle Fiesta y adorar al Altísimo (Ex 9:13). Pero, ¿es esto posible?, ¿puede Dios intervenir en nuestras decisiones de esa manera?, ¿acaso Dios no respeta nuestro libre albedrío?

Veamos un ejemplo al inicio del Génesis que nos puede ayudar a responder ese interrogante. En la historia de Caín y Abel sabemos que ambos trajeron una ofrenda a Yehováh; sin embargo, Yehováh no miró con agrado la ofrenda de Caín, y esto provocó eventualmente que Caín tomara la vida de su hermano. ¿Endureció Yehováh el corazón de Caín para que él presentara una ofrenda no agradable y luego matara a su hermano? Miremos por un momento la narración:

Entonces Yehováh dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” Génesis 4:6-7

En la lectura anterior está claro que Caín tuvo la oportunidad de escoger entre hacer lo bueno o lo malo y cualquiera que fuera su decisión, tendría una consecuencia. ¿Por qué a Faraón no se le dio la misma oportunidad de escoger? ¿Acaso Yehováh no es un Dios justo? Está claro que Dios puede entenebrecer nuestro entendimiento para que no comprendamos cosas, tal como en el caso de la rebeldía del pueblo de Israel en tiempos del profeta Isaías, el cual hizo enojar a Yehováh al punto que expresó su enojo al profeta diciéndole:

Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Isaías 6:10

En el caso de Faraón, lo que ocurrió fue algo distinto. Está claro que Yehováh respeta nuestra libre elección, por lo que no puede ser posible que Él haya “endurecido el corazón de Faraón”, sin embargo, lo que sí es posible es que Yehováh haya permitido que sucedieran cosas (circunstancias) que provocaran que el corazón de Faraón y sus siervos se endureciera.

Muy posiblemente la razón por la cual el corazón de Faraón se endureció fue por el hecho de haber sido expuesto y desafiado por Moisés y Aarón al ellos llevar a cabo señales y maravillas que sus magos y hechiceros no pudieron replicar, al punto que no permitió que Israel saliera de Egipto sino hasta después de haber experimentado las famosas diez plagas. Fue en ese momento que su orgullo fue quebrado, sin olvidar por supuesto que Yehováh tomó lo más preciado de su ser, su primogénito, tal como lo había prometido desde un principio (Éxodo 4:23).

El libro del profeta Samuel nos brinda otra referencia que demuestra que tanto Faraón como los egipcios fueron los que decidieron endurecer su corazón (1 Samuel 6:6).

Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Yehováh nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón… Salmo 95:6-8

Shalom!

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