El Síndrome de Faraón: ¡Prometemos y volvemos a caer!

Cuando cometemos errores y, vemos sus consecuencias, nos sentimos acorralados; nos duele haber fallado y llegamos a avergonzarnos. Entonces vienen las promesas, juramentos o alianzas con tal de minimizar los daños.

No deja de sorprender cómo el Faraón, en reiteradas ocasiones, cambiaba su decisión de dejar partir a los hebreos. Cuando las plagas lesionaban su reino y no hallaba explicaciones, bajaba la cabeza, reconocía su error e ¡incluso llegó a pedir que oraran por él! En esos momentos, decidía sinceramente dejarlos ir. Pero, cuando todo se calmaba, su orgullo retornaba y permitía que su arrogancia tomara de nuevo el control.

En efecto, era una manera absurda de proceder. Pero… ¿acaso nosotros no hacemos lo mismo? Cometemos errores y, al notar las consecuencias, nos sentimos acorralados; nos duele haber fallado y llegamos a avergonzarnos. Es entonces cuando hacemos promesas, juramentos o alianzas con tal de minimizar los daños y evitar repetirlos. Es probable que seamos sinceros en ese instante y lamentemos nuestro comportamiento; al menos hasta la próxima vez cuando, una vez asimilado el dolor u olvidadas las consecuencias, volvemos a cometer la misma falta.

Así opera la naturaleza humana. Te quedas mirando la televisión hasta la 1a.m. un día de semana y prometes que mañana será diferente. Realmente lo deseas. Pero cuando el mañana llega, la culpa y la frustración han disminuido, no te sientes tan cansado y hay buenos programas… y a la 1 a. m. te prometes de nuevo que no volverá a ocurrir.

Volvamos al Faraón. ¿Estaba listo para otra plaga solo porque el dolor de la anterior había disminuido? ¡Es una locura! Nosotros hacemos lo mismo y es igualmente alocado. Sin embargo, puede haber una diferencia con el Faraón: reconocer que estamos actuando de forma irracional.

Si lo reconocemos, existe la posibilidad de cambiar, y esa decisión solo la podemos tomar nosotros. El problema es que, cuanto más la retrasemos, mayor será el control que aquello que deseamos abandonar ejercerá sobre nosotros.

¿Cuál es tu desafío? ¿Cuál es tu reto? El apóstol Shaúl (Pablo) afirma:

“Porque no nos ha dado Yehováh espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. (2 Timoteo 1:7)

Pensar —al igual que el Faraón— que esa manera errática de vivir finalmente nos traerá la solución es, simplemente, posponer lo inevitable. El momento es hoy; es ahora. Toma la decisión que has estado retrasando y, de una vez, modifica para bien tu vida y la de aquellos que te rodean.


Add a Comment

You must be logged in to post a comment