En un mundo donde fácilmente nos adaptamos a las fantasías y a vivir mediocremente, Yehováh establece mecanismos para ayudarnos a salir de tal apatía y despertar para entender la importancia de la vida.
Los seres humanos tendemos a adormecernos, a caer en la rutina y a bajar nuestros estándares morales y espirituales. Nuestros antepasados, los israelitas, no estaban exentos de estos riesgos; por ello, Yehováh estableció mecanismos para ayudarles a tomar conciencia de este problema. Cuando un israelita caía en la negligencia y se acomodaba a un mundo de fantasías que le permitía vivir mediocremente, necesitaba despertar.
La Toráh tiene ese propósito. Mediante la práctica de los sacrificios, busca sacudir al individuo. Le exige llevar un animal al Templo de Yerushaláyim, donde él mismo debe participar en el proceso y observar cómo se consume hasta quedar solo cenizas. De esta forma, el oferente obtiene una imagen nítida de la fragilidad de la vida. Esta experiencia busca sacudirlo de su apatía moral; si Yehováh se lo permite, logrará entender que la vida es corta, que hay mucho por hacer y que no puede permitirse vivir en un estado de letargo constante.
El sacrificio vivo en la renovación mental
Romanos 12 nos instruye a presentar nuestros cuerpos como un “sacrificio” para evitar la mediocridad espiritual:
Así que, hermanos, os exhorto por la gran misericordia de Elohim a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Yehováh, que es vuestro culto racional. No os adaptéis al mundo, sino sed transformados por la renovación de la mente, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Elohim: lo bueno, lo aceptable y lo perfecto.
Romanos 12:1-2
Es fundamental comprender que las ofrendas no fueron diseñadas para “compensar” a Yehováh de ninguna manera, ni para reparar pecados cometidos con plena intención.
La Toráh y el propósito de la obediencia
Entender esto es de suma importancia porque demuestra que la Toráh no fue dada para alcanzar la salvación. La evidencia es clara: no existe provisión ni sacrificio en la ley para los pecados que se cometen deliberadamente.
En otras palabras, la Toráh no se entregó para que el hombre ganara la salvación mediante su cumplimiento (como se enseña tradicionalmente). Esta idea errónea ha llevado a muchos a concluir que: “Como Yeshúa el Mesías cumplió la Ley, ya no es necesario que nosotros la obedezcamos hoy”.
Esa forma de pensar refleja una comprensión muy pobre de los propósitos de Yehováh. Debemos entender que la Toráh nos fue dada para enseñarnos cómo relacionarnos con Él, con nuestros semejantes y con Su Creación; por lo tanto, constituye el parámetro de vida para Su pueblo.
La idea de que Yehováh valora la obediencia por encima de las ofrendas es evidente cuando Shemuel reprende a Shaúl por su desobediencia:
¿Se complace Yehováh tanto en los holocaustos y víctimas como en que se obedezca a la Palabra de Yehováh? Ciertamente, el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
1 Samuel 15:22
Un pensamiento final…
Hoy en día, aunque no presentamos animales en un altar, el principio de la Toráh permanece vigente: Yehováh busca un corazón despierto y consciente. Nuestra “ofrenda” diaria consiste en no permitir que la rutina adormezca nuestra sensibilidad espiritual. Cada decisión de obedecer Sus mandamientos y cada esfuerzo por renovar nuestra mente es el sacrificio vivo que nos mantiene alejados de la mediocridad. Al final, no se trata de ritos externos para ganar la salvación, sino de una respuesta de amor y gratitud hacia Aquel que nos dio Su instrucción como una brújula de vida.