Entre Líneas

Del Sinaí al Libro del Pacto

Cuando la revelación se convierte en nación

Hay algo que siempre me ha parecido profundamente incómodo en Mishpatím.

Después del momento más sublime de la historia bíblica, la voz divina en el Sinaí, el fuego, el sonido del shofar, los Diez Mandamientos pronunciados directamente por Dios, uno esperaría que la Torá continúe elevándonos hacia algo todavía más espiritual.

Pero no. Lo siguiente que aparece son leyes civiles.

Daños por animales, pozos abiertos, fuego por negligencia, regulación de préstamos, prohibición de soborno.

Eso no es un descenso de nivel. Es el punto central.

La parashá comienza con una palabra que no es casual. Ve-eleh. “Y estos son los mishpatím”.

Rashi observa que esa pequeña letra vav conecta esta sección con el Sinaí. Así como los Diez Mandamientos fueron dados en el monte, también estos mishpatím fueron dados allí. No son legislación posterior. No son desarrollo humano. Son parte de la misma revelación.

Eso nos obliga a replantear nuestra idea de espiritualidad.

La espiritualidad bíblica no termina en la experiencia del monte. Desciende al mercado. Entra al tribunal. Se involucra en la economía. Regula el poder.

Los Diez Mandamientos establecen principios. No matarás. No robarás. No darás falso testimonio. Pero los principios por sí solos no sostienen una sociedad. Necesitan aplicación concreta.

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