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Profecías del enfrentamiento israelí-palestino


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Prosperidad sin Dios

¿Puede el éxito alejarnos del Creador?

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Yehováh advierte a Su pueblo sobre un peligro silencioso que aparece cuando llegan las bendiciones… Pero, ¿qué podría ser? La respuesta es: Olvidarse de Él. Esto dice la Escritura:

“Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Yehováh tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Yehováh tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos… y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Yehováh tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas…” Deuteronomio 8:10,14,17-18.

Muchas veces, cuando luchamos y tenemos poco, clamamos al Creador cada día. Pero cuando llega la estabilidad económica, un ascenso laboral, un título universitario o una meta cumplida, el riesgo es pensar: “Yo lo logré por mi esfuerzo”.

Claro que el esfuerzo es importante, pero la Escritura nos recuerda que la capacidad para trabajar, aprender y tener éxito viene del Todopoderoso. Él abre las puertas, pone personas clave en nuestro camino y nos guarda de peligros que ni siquiera vemos.

Yosef, el hijo de Ya’akov, pasó de ser vendido como esclavo a ser el segundo en autoridad en Egipto (Génesis 41). Cuando el faraón le pidió interpretar sus sueños, Yosef pudo haber aprovechado la oportunidad para engrandecerse, pero dijo:

“No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” . Génesis 41:16

Yosef sabía que su inteligencia y habilidad eran regalos del Altísimo. En nuestros días, esta actitud nos enseña que cuando recibimos un ascenso, ganamos un premio o logramos algo importante, debemos reconocer públicamente que el Creador nos dio las capacidades y la oportunidad.

Cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo y los egipcios fueron derrotados, Miriam, la hermana de Moisés, tomó un pandero y cantó:

“Cantad a Yehováh, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete”. Éxodo 15:21

Ella no celebró la astucia humana ni la fuerza militar, sino que exaltó al Todopoderoso como el verdadero vencedor. Así también nosotros, cuando superamos una enfermedad, salimos de una crisis o vemos cumplirse un sueño, debemos reconocer que no fue casualidad ni por nuestra capacidad únicamente, sino la mano del Creador obrando a nuestro favor.

David fue perseguido durante años por el rey Saúl y luego por su propio hijo Absalón. Sin embargo, siempre reconoció que Yehováh lo libró. En 2 Samuel 22:2-4 dijo:

“Y dijo: Yehováh es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste. Invocaré a Yehováh, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.”

En el mundo actual, donde la gente suele atribuir sus logros solo a estrategias o contactos, este ejemplo nos recuerda que debemos reconocer la protección invisible del Altísimo en cada paso que damos.

El mismo Yeshúa, nos dio el ejemplo perfecto de humildad y dependencia. En Juan 5:19 dijo:

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…”

Aun teniendo poder para hacer milagros, Yeshúa siempre dio gloria al Padre. En nuestras vidas, esta actitud significa reconocer que cada idea brillante, cada cliente nuevo, cada oportunidad de negocio, viene de la provisión del Creador.

El apóstol Pablo pasó de ser perseguidor de los creyentes a uno de los más grandes predicadores del Evangelio. Él nunca se atribuyó el mérito de su cambio, sino que dijo:

“Pero por la gracia de Yehováh soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo”. 1 Corintios 15:10

Pablo nos enseña que incluso nuestras transformaciones internas, la capacidad de dejar malos hábitos o de enfrentar retos, provienen de la obra del Altísimo en nosotros.

La reina Ester no buscó gloria personal cuando salvó a su pueblo, sino que confió en que el Altísimo la había puesto en ese lugar “para un tiempo como este” (Ester 4:14). Ella arriesgó su vida sabiendo que la victoria final dependía de Yehováh. En nuestros logros, debemos entender que muchas veces el Creador nos posiciona con un propósito más grande que nosotros mismos.

Hoy, vivimos en una cultura que promueve el “tú puedes con todo” y el “si lo logras, fue por tu esfuerzo”. Pero la Escritura nos invita a vivir diferente: reconociendo que todo lo bueno que tenemos viene de Dios.

Esto no significa que no debamos trabajar duro, estudiar o esforzarnos. Significa que debemos reconocer que el Altísimo es quien nos dio la salud para levantarnos cada mañana, la mente para entender, la energía para perseverar y las oportunidades para avanzar.

Cuando alcanzamos un título universitario, debemos decir: “Gracias, Yehováh, porque me diste la capacidad y abriste las puertas”. Cuando nuestra empresa crece, debemos declarar: “El Todopoderoso ha sido mi proveedor”. Cuando superamos una etapa difícil, debemos proclamar: “El Creador me sostuvo”.

Enseñando a nuestros hijos a glorificar a Dios

Las Escrituras no solo nos habla a nosotros, sino que nos recuerda que debemos transmitir estas verdades a la siguiente generación. Si nuestros hijos ven que damos gloria a Dios en cada logro, aprenderán que la vida no se trata solo de acumular éxitos, sino de honrar al Altísimo con ellos.

Podemos enseñarles con acciones simples:

  • Orar en familia cuando se logra una meta.
  • Agradecer públicamente al Creador en una graduación o en un evento especial.
  • Contarles historias bíblicas de personas que reconocieron que su victoria venía de Dios.

Conclusión

Recordar que la victoria viene de Yehováh es vivir con gratitud constante. Es entender que sin Él, nuestros esfuerzos serían insuficientes, pero con Su favor, lo imposible se vuelve posible.

Como dice Proverbios 3:6:

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

El reto para nosotros es no dejar que el éxito nos haga olvidar al Todopoderoso Yehováh, sino que cada logro sea una oportunidad para decir: “A Él sea la gloria”.

¡Shalom!

Hombre haciendo un juramento

Cumple tus Promesas a Yehováh

Cumplir nuestras promesas también es una forma de adoración. Es decirle al Altísimo: “Puedes confiar en mí. Mi palabra vale”. Es vivir con temor reverente y con gratitud.

En la vida diaria, muchas veces hacemos promesas sin pensar: “Mañana empiezo a orar”, “Si me sanas, haré esto o haré lo otro”, “Voy a ayudar más a los demás”. Pero, ¿cuántas de esas promesas realmente cumplimos? En Números 30:2, el Todopoderoso nos da una enseñanza muy clara:

“Cuando alguno hiciere voto a Yehováh, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.”

Este verso nos recuerda algo muy importante: lo que decimos delante del Creador tiene peso. No se trata de hablar bonito, sino de ser personas íntegras, fieles y responsables con nuestras palabras.

En la Escritura encontramos varios ejemplos de personas que hicieron votos al Altísimo y los cumplieron, incluso cuando no fue fácil. Uno de los más hermosos es el de Ana, la madre del profeta Samuel.

Ana no podía tener hijos y estaba muy triste. Un día fue al Templo y oró con todo su corazón. Le hizo una promesa a Yehováh:

“Si te dignas mirar la aflicción de tu sierva… y me dieres un hijo varón, yo lo dedicaré a Yehováh todos los días de su vida” (1 Samuel 1:11).

¿Y qué pasó? El Creador escuchó su oración, y Ana quedó embarazada. Cuando nació su hijo, lo llamó Samuel y, tal como había prometido, lo llevó al Templo y lo dejó al servicio del Altísimo. ¡Qué mujer tan valiente y fiel!

Otro ejemplo está en la historia de la madre de Sansón. Aunque fue un ángel quien le anunció que tendría un hijo, también le dio instrucciones claras: el niño debía ser un nazareo desde el vientre, es decir, consagrado a Dios, sin beber vino ni cortarse el cabello (Jueces 13:5). Ella obedeció, y aunque Sansón cometió errores más adelante, su nacimiento fue el cumplimiento de un voto y un propósito especial.

También tenemos a Jacob, nieto de Abraham, quien hizo un voto cuando huyó de su hermano Esaú. Una noche tuvo un sueño con una escalera que llegaba al cielo, y al despertar dijo:

“Si Dios fuere conmigo y me guardare… y me diere pan para comer y vestido para vestir… de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20–22).

Jacob no olvidó esa promesa. A lo largo de su vida mostró fidelidad, y reconoció que todo lo que tenía venía del Todopoderoso.

¿Y nosotros? ¿Cumplimos lo que prometemos?

Vivimos en un tiempo donde muchas palabras se dicen al aire. Es fácil prometerle algo a Yehováh cuando estamos en problemas o cuando queremos algo, pero luego se nos olvida. Sin embargo, el Creador no olvida nuestras palabras.

Eclesiastés 5:4-5 dice:

“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, que prometas y no cumplas.”

Este es un llamado serio a la reflexión. No estamos hablando sólo de grandes promesas, como dar diezmos o servir en una misión. También incluye compromisos sencillos, como dedicar tiempo a la oración, leer la Palabra, perdonar a alguien, o ayudar a los necesitados.

Cuando no cumplimos nuestras promesas, nuestra relación con el Altísimo se daña y también con los demás. Pero cuando somos fieles, el Creador se agrada de nosotros y fortalece nuestro carácter.

El Todopoderoso es Fiel a sus promesas. Lo vemos en toda la Escritura: Él no miente, ni cambia de parecer. Como hijos suyos, estamos llamados a reflejar ese mismo carácter. Ser hombres y mujeres de palabra, que honran lo que dicen y que no usan el nombre de Yehováh en vano.

Cumplir nuestras promesas también es una forma de adoración. Es decirle al Altísimo: “Puedes confiar en mí. Mi palabra vale”. Es vivir con temor reverente y con gratitud.

Reflexión

Si alguna vez hiciste una promesa a Dios y no la cumpliste, no es tarde para corregirlo. El Creador es misericordioso y paciente. Arrepiéntete, vuelve a Él, y pídele ayuda para cumplir lo que prometiste. Y si estás por hacer un voto, hazlo con seriedad y responsabilidad.

Recordemos: Yehováh escucha, toma nota, y honra a los que le son fieles. Que nuestras palabras no sean huecas, sino reflejo de un corazón sincero.

“El que anda en integridad, será salvo” (Proverbios 28:18).

¡Shalom!

Moises golpeando la roca

Yehováh provee incluso cuando fallamos

Yehováh es bueno incluso cuando nosotros no lo somos. Él no actúa movido por caprichos, sino por amor fiel y constante.

Una de las verdades más hermosas de la Biblia es que Yehováh no deja de cuidar de nosotros, aun cuando no actuamos como deberíamos. Su fidelidad no depende de nuestro comportamiento perfecto, sino de Su amor y misericordia. A lo largo de la historia bíblica, vemos que Yehováh es un Dios que provee, incluso cuando Su pueblo se equivoca, duda o se queja.

En Números 20:7-11, el pueblo de Israel tenía sed y, como muchas veces antes, comenzó a quejarse con Moisés. Entonces el Todopoderoso le dijo a Moisés que le hablara a una roca, y de ella saldría agua. Pero Moisés, cansado de las constantes quejas del pueblo, golpeó la roca dos veces con su vara. Fue un acto de desobediencia, porque el Creador le había dicho que le hablara, no que la golpeara.

Aun así, el agua salió de la roca, y el pueblo bebió. Yehováh no los castigó en ese momento con sed, ni los abandonó por el error de Moisés. Él proveyó agua en el desierto, mostrando una vez más que Su compasión es más grande que nuestros errores.

“Y alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salió agua en abundancia, y bebió la congregación y sus bestias” (Números 20:11).

El pueblo de Israel se caracterizó por quejarse. A pesar de haber visto las plagas en Egipto, el mar rojo abierto, la columna de nube y de fuego, y el maná del cielo, seguían dudando y murmurando. En Éxodo 16, por ejemplo, se quejaron porque no tenían comida. En lugar de castigarlos, el Padre les dio maná cada mañana.

“He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy Yehováh vuestro Dios” (Éxodo 16:12).

Dios no respondió con ira inmediata, sino con provisión. Esto nos muestra Su gran paciencia. Él entiende nuestras debilidades y sigue supliendo nuestras necesidades, aunque muchas veces no confiemos plenamente en Él.

Yeshúa, en su enseñanza, también habló de esta bondad divina. Dijo que, aunque los seres humanos somos imperfectos, aún sabemos cuidar a nuestros hijos y darles lo que necesitan. ¿Cuánto más, entonces, nuestro Padre celestial cuidará de nosotros, que somos Sus hijos?

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan?” (Mateo 7:11).

Yeshúa nos invita a confiar, no en nuestro mérito, sino en el carácter de Dios. Yehováh es bueno, incluso cuando nosotros no lo somos. Él no actúa movido por caprichos, sino por amor fiel y constante.

En 2 Timoteo 2:13, el apóstol Pablo escribe algo que resume esta verdad:

“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.”

Esto no significa que podemos vivir como queramos y esperar que Yehováh nos dé todo. Lo que significa es que cuando fallamos sinceramente, cuando dudamos, cuando caemos pero volvemos arrepentidos, el Todopoderoso no nos abandona. Él sigue proveyendo, sigue sanando, sigue guiando.

Su provisión no es una recompensa por perfección, sino un regalo de gracia para quienes confían en Él.

Reflexión final

Tal vez en este momento sientas que no mereces nada de parte de Dios. Quizás has fallado, te has quejado, has dudado o has actuado mal. Pero aun así, el Padre no ha dejado de darte el aire que respiras, la comida que comes, la familia que tienes, el amor que te sostiene. A veces, nos olvidamos de cuán generoso es Él, incluso cuando estamos lejos de ser agradecidos.

Yehováh no cambia; aun en medio del desierto, Él sigue haciendo brotar agua de la roca. En medio de tus debilidades, Yehováh sigue proveyendo todo lo que necesitas para avanzar.

Solo tienes que volver a Él, con un corazón sincero y confiado. Su fidelidad no falla.

¡Shalom!

Alarm,Clock,Disintegrates

Yehováh establece tiempos y límites sabios

A veces queremos hacer todo, todo el tiempo, y no aceptamos que hay momentos para comenzar, momentos para descansar, y momentos para dejar que otros continúen lo que nosotros ya hicimos.

La Escritura nos habla de que Yehováh da instrucciones claras sobre el servicio de los levitas. Ellos debían comenzar su servicio en el Tabernáculo a los 25 años y retirarse a los 50. Después de esa edad, podían ayudar, pero no debían hacer el trabajo principal. Esta instrucción nos muestra algo muy importante: el Creador establece tiempos y límites sabios para cada etapa de la vida.

A veces queremos hacer todo, todo el tiempo, y no aceptamos que hay momentos para comenzar, momentos para descansar, y momentos para dejar que otros continúen lo que nosotros ya hicimos. Pero la Escritura nos enseña que vivir dentro de los tiempos de Dios es una forma de sabiduría.

Un tiempo para todo

El libro de Eclesiastés lo dice de manera muy clara:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1).

Después de esta frase, el capítulo continúa con una lista de ejemplos:

  • Tiempo de nacer y tiempo de morir,
  • Tiempo de plantar y tiempo de arrancar,
  • Tiempo de llorar y tiempo de reír,
  • Tiempo de guerra y tiempo de paz.

Estos versículos nos recuerdan que la vida no es estática. Siempre hay cambios, y cada momento tiene su propósito. Reconocer esto nos ayuda a vivir con más paz y menos ansiedad.

Volviendo a la porción de esta semana, podríamos preguntarnos: ¿por qué Yehováh les pidió a los levitas que dejaran de servir a los 50 años? ¿No podían seguir si tenían fuerzas? Tal vez sí. Pero el Todopoderoso estaba enseñando algo más profundo: hay sabiduría en saber cuándo es tiempo de retirarse de ciertas tareas.

Aceptar los límites no es señal de debilidad, sino de madurez. A veces, por orgullo, queremos continuar haciendo lo mismo. Pero Dios quiere que aprendamos a pasar la antorcha, a entrenar a otros, a dar espacio a nuevas generaciones. También quiere que sepamos descansar, reflexionar y servir de otras formas.

Hasta el mismo Maestro vivió de acuerdo con los tiempos establecidos. Yeshúa no comenzó su ministerio público hasta llegar a una edad madura, y su tiempo de enseñar, sanar y predicar duró aproximadamente 70 semanas. Luego vino su momento de morir y resucitar, y después de eso, regresó al Padre.

Yeshúa pronunció frases como:

“Mi hora aún no ha llegado” (Juan 2:4)
“El tiempo se ha cumplido” (Marcos 1:15)

Eso nos muestra que no debemos adelantarnos ni atrasarnos al plan del Altísimo. Cada etapa tiene un sentido dentro del propósito divino.

En Lucas 12:56, Yeshúa reprendió a las multitudes por saber reconocer el clima, pero no discernir los tiempos espirituales:

“¡Hipócritas! Saben distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocen este tiempo?”

Así es que Yehováh espera que prestemos atención a los tiempos que estamos viviendo, no solo en la parte física, sino también en la espiritual. ¿Es tiempo de sembrar? ¿de recoger? ¿de enseñar o de aprender? ¿de hablar o de callar?

Vivir con sabiduría en cada etapa

La vida tiene muchas etapas: infancia, juventud, adultez, vejez. Cada una tiene belleza y desafíos. Algunas personas viven frustradas porque quieren volver al pasado o apresurar el futuro. Pero nuestro Padre quiere que disfrutemos y aprovechemos el tiempo presente, sabiendo que Él nos guía con sabiduría.

Efesios 5:15-16 dice:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

Eso significa que debemos vivir con propósito y no desperdiciar el tiempo que Dios nos da.

Reflexión: Dejemos que Yehováh marque el ritmo

Yehováh no nos creó para correr sin descanso, ni para quedarnos estancados. Nos creó para caminar con Él, paso a paso, aprendiendo a reconocer sus tiempos y respetando los límites que Él ha establecido para nuestro bien.

Si estás en una etapa de comenzar algo nuevo, ¡hazlo con fe!
Si estás en una etapa de descansar o de dejar ir ciertas responsabilidades, ¡hazlo con paz!
Y si estás en una etapa de espera, confía: Nuestro Padre Celestial nunca llega tarde, ¡Shalom!


Poor people in Jerusalem

Tratando al prójimo compasiva y justamente

Desde Génesis hasta Apocalipsis, el Creador nos muestra que nuestra relación con los demás debe estar marcada por el amor, la misericordia y el respeto.

Vivimos en un mundo donde muchas veces las personas están más enfocadas en lo que pueden obtener que en cómo pueden ayudar. Sin embargo, la Escritura nos enseña que el corazón de Yehováh se mueve por la compasión y la justicia. Desde Génesis hasta Apocalipsis, el Creador nos muestra que nuestra relación con los demás debe estar marcada por el amor, la misericordia y el respeto.

Una de las enseñanzas más claras sobre este tema se encuentra en Levítico 25:35-36

“Si tu hermano empobreciere, y se acogiere a ti, tú lo ampararás… No tomarás de él interés ni usura, sino tendrás temor de tu Dios, y vivirá tu hermano contigo.”

Este pasaje nos recuerda que si alguien a nuestro alrededor está pasando necesidad, no debemos ignorarlo. Al contrario, nuestro Padre nos llama a ampararlo, a tratarlo con dignidad y a no aprovecharse de su debilidad.

Un hermoso ejemplo de compasión y justicia en acción es la historia de Booz y Rut. Rut era una mujer extranjera, viuda y pobre. No tenía derechos ni protección en la sociedad israelita. Pero Booz, al verla recogiendo espigas en su campo, no solo le permitió hacerlo, sino que también ordenó a sus trabajadores que dejaran espigas intencionalmente para ella (Rut 2:15-16). Además, más adelante, Booz actúa como redentor y se casa con ella, restaurando su dignidad y su futuro.

“Yehováh pague tu obra, y tu recompensa sea cumplida de parte de Yehováh Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.” – Rut 2:12

La historia de Rut y Booz nos enseña que la compasión va más allá de sentir lástima. Implica acciones concretas para levantar al que está caído.

Nadie mostró más compasión que Yeshúa. Él no solo predicó el amor al prójimo, lo vivió cada día de su ministerio. Uno de los momentos más impactantes fue cuando alimentó a más de 5,000 personas que lo seguían y escuchaban sus enseñanzas.

“Y salió Yeshúa y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.” Mateo 14:14

“Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.” – Mateo 14:19

Yeshúa vio la necesidad de la gente y no la ignoró. Sanó, alimentó, enseñó y abrazó a los que eran despreciados por la sociedad: leprosos, pecadores, mujeres marginadas y niños.

En el Sermón del Monte, Yeshúa enseñó:

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”  Mateo 5:7

La misericordia no es solo sentir pena, sino actuar con ternura, paciencia y perdón. Yeshúa prometió que aquellos que sean compasivos con otros también recibirán compasión de Dios.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6

Esto nos habla de tener un corazón que busca lo correcto, que se duele ante la injusticia y que desea que todos vivan con dignidad y esperanza.

La compasión y la justicia son temas repetidos en los Salmos y Proverbios. Veamos algunos ejemplos que nos pueden ayudar a reflexionar:

“Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos.” Salmo 82:3-4

Este pasaje nos recuerda que Dios nos llama a defender a los vulnerables y a usar nuestras palabras, recursos y posición para ayudar a otros.

“El que oprime al pobre, afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.” Proverbios 14:31

Cuando ayudamos al necesitado, estamos honrando a Dios mismo, porque cada ser humano fue hecho a su imagen.

“A Yehováh presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.” Proverbios 19:17

Este versículo nos muestra que cada acto de generosidad es una inversión en el cielo. El Todopoderoso ve y recompensa lo que hacemos con corazón sincero.

A veces pensamos que ayudar al prójimo es solo para los ricos o para los líderes religiosos. Pero la verdad es que todos podemos hacer algo. Un plato de comida, una palabra de ánimo, una oración, una llamada, una sonrisa… todo cuenta. Y en muchos casos, lo que damos puede cambiar el día o incluso la vida de alguien.

¿Nos hemos preguntado últimamente quién cerca de nosotros necesita un gesto de compasión? ¿Hay alguien que está solo, triste, enfermo o pasando por una crisis?

Conclusión

Tratar al prójimo con compasión y justicia no es una opción, es un mandato divino. Así como Yehováh nos trata con misericordia, nos llama a hacer lo mismo con los demás. Sigamos el ejemplo de Booz, de Yeshúa, y de tantos otros en la Escritura que entendieron que la verdadera fe se vive en el amor al prójimo.

Y nunca olvidemos lo que dijo el Señor:

“En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” – Mateo 25:40

¡Shalom!

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Importancia de la Presencia de Yehováh en nuestras vidas

“Es imposible gobernar correctamente al mundo sin Dios y la Biblia”.

George Washington

Desde la creación del mundo, la Presencia del Creador ha sido la clave para la vida de la humanidad. Cuando Yehováh está presente, las cosas cambian. Su Presencia transforma, guía y da propósito. Sin Él, todo se vuelve vacío e incierto. La Escritura nos muestra numerosos ejemplos de cómo la Presencia del Altísimo hizo la diferencia en la vida de muchas personas. Hoy reflexionaremos sobre esto y sobre cómo Su Presencia debe ser el centro de nuestra vida, familia y comunidad.

Uno de los momentos más significativos en la historia de Israel fue cuando la gloria de Yehováh llenó el Tabernáculo en el desierto. Éxodo 40:34-35 se nos dice:

“Entonces una nube cubrió el Tabernáculo de reunión, y la gloria de Yehováh llenó el Tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el Tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Yehováh lo llenaba”.

Este evento marcó el inicio de una nueva etapa para Israel. La Presencia del Todopoderoso era su guía y seguridad. Cuando la nube se movía, ellos se movían; cuando se detenía, ellos también lo hacían (Éxodo 40:36-38). Sin la Presencia de Dios, Israel habría caminado sin rumbo en el desierto.

De aquí aprendemos que la Presencia de Yehováh debe ser nuestra brújula en la vida. Sin Su dirección, corremos el riesgo de perder el propósito y la paz que solo Él puede dar.

Así, a lo largo de las Escrituras, vemos historias donde la Presencia del Altísimo marcó la diferencia en la vida de las personas. 

Moisés entendió que sin Dios, no valía la pena seguir adelante. En Éxodo 33:15, él dijo: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”. Moisés sabía que sin Yehováh, Israel no tendría identidad ni éxito. ¿Cuántas veces intentamos avanzar en la vida sin buscar primero a Dios? Este versículo nos recuerda la importancia de depender de Él.

Cuando José fue vendido como esclavo en Egipto, todo parecía estar en su contra. Sin embargo, Génesis 39:2 dice: “Mas Yehováh estaba con José, y fue varón próspero”. A pesar de la adversidad, Yehováh estaba con él, y eso lo llevó al éxito. La Presencia del Todopoderoso en la vida de José lo sostuvo en medio de injusticias y pruebas, llevándolo a ser gobernador de Egipto. Esto nos enseña que, aun en tiempos difíciles, si Dios está con nosotros, podemos prosperar.

Daniel fue llevado cautivo a Babilonia, pero nunca estuvo solo. En Daniel 6:22, cuando fue lanzado al foso de los leones, él testificó: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones”. La Presencia de Yehováh lo protegió. Este pasaje nos recuerda que cuando Él está con nosotros, nada puede destruirnos.

En el Nuevo Testamento, la Presencia de Yehováh se manifestó nuevamente a través del Ruaj (Espíritu Santo). En Hechos 2:4, los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y recibieron poder para predicar con valentía. La presencia de Yehováh les dio fuerza para transformar el mundo. Del mismo modo, hoy necesitamos Su Presencia para impactar nuestra comunidad.

No solo en la Escritura vemos cómo la Presencia de Yehováh cambia vidas. A lo largo de la historia, muchos líderes y personajes han reconocido la importancia de Dios en sus vidas.

Por ejemplo, George Washington, el primer presidente de Estados Unidos dijo en una ocasión “Es imposible gobernar correctamente al mundo sin Dios y la Biblia.” Él entendía que la Presencia de Dios debía guiar su liderazgo.

Los efectos de la Presencia de Yehováh

¿Es Yehováh el centro de nuestra vida? ¿O estamos viviendo de manera independiente, sin buscar Su presencia? Yeshúa dijo en Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer” .Esto significa que, sin el Padre, cualquier esfuerzo es en vano.

En nuestra vida personal: Si el Altísimo está con nosotros, tenemos paz y dirección. El Salmo 16:11 dice: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo”.

En nuestra familia: Un hogar donde Yehováh es el centro es un hogar bendecido. Josué 24:15 nos anima a tomar una decisión clara: “Yo y mi casa serviremos a Yehováh”. ¿Estamos edificando nuestra familia sobre la roca de Su Presencia?

En nuestra comunidad: La Presencia del Todopoderoso en nuestras comunidades transforma sociedades. Cuando los valores de Dios son el fundamento, hay justicia y paz. Proverbios 14:34 dice: “La justicia engrandece a la nación, mas el pecado es afrenta de las naciones”.

Conclusión

La Presencia de Yehováh es lo más valioso que podemos tener. Moisés, José, Daniel y los discípulos entendieron que sin Yehováh, la vida pierde sentido. La historia nos muestra que líderes que caminaron con Él dejaron huellas imborrables.

Hoy, tenemos la oportunidad de invitar a Yehováh a ser el centro de nuestra vida, nuestra familia y nuestra comunidad. No basta con saber de su existencia; debemos buscar Su Presencia diariamente. Como dice Santiago 4:8: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”.

Oremos como lo hizo Moisés: “Señor, si Tu presencia no va con nosotros, no nos saques de aquí”, pues solo con Él encontraremos verdadero propósito, paz y dirección.

¡Shalom!