Si se le pregunta a cualquier judío hoy en día, él le dirá que Yom Kipur{1} es el día más santo del año. En Israel, durante este día todo comercio está cerrado y no hay ni tráfico en las calles. Es hermoso ver a los niños jugando en medio de la avenida o a la gente caminando hacia los servicios en las sinagogas, que duran casi todo el día.
La santidad de este día viene de antaño. Este es el único día en que el sacerdote ingresaba al kodesh kodashim, el ‘Santo de los Santos’ en el Templo (traducido como ‘el lugar santísimo’ por Reina-Valera), y ponía la sangre del cabrito sacrificado sobre el lado Este del propiciatorio, entre los querubines. Esta acción exclusivamente, era el método provisto en la Torá, para expiar los pecados de Israel anualmente.
Yom Kipur no es un día festivo, de hecho es un día bastante sobrio. De introspección y meditación. De acuerdo al mandamiento de la Torá; un día de aflicción.
Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas… (Lev 23:32)
En ese mismo capítulo, dice incluso que “toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo”.
Para alguien que desea observar los mandamientos bíblicos, este se convierte en un asunto de suma importancia, ya que debemos comprender a qué se refiere este tema de la aflicción. ¿Debemos darnos latigazos en la espalda, como lo hacen algunos católicos? ¿Ir a dormir sin ver nuestro programa favorito en la tele? ¿O tal vez perdernos el partido de fútbol, que, tan desafortunadamente, cayó el mismo día que Yom Kipur? Todas estas cosas pueden sonar como aflicción, dependiendo de a quién se le pregunte. Pero como siempre, si intentamos ver este asunto y estudiar estos conceptos desde la perspectiva hebrea bíblica, puede que lleguemos a un acuerdo, o al menos recibamos más claridad, acerca de qué es lo que significa la aflicción bíblica.
Son dos las palabras que debemos analizar: afligir y alma. En otras palabras, debemos determinar qué es lo que debemos afligir y luego determinar qué significa el concepto de afligir.
וְעִנִּיתֶם אֶת־נַפְשֹׁתֵיכֶם
(ve’initem et nafshoteijem)
Afligiréis vuestras almas
Si lo leemos de la traducción al español de la versión Reina-Valera, vemos que debemos afligir el alma. Pero, ¿cómo se aflige un alma? ¿Tenemos el poder o la capacidad de afligirla? No se preocupe por responder a esas preguntas, ya que la palabra utilizada aquí no es neshamá, que es la palabra hebrea para alma, sino nefesh. La palabra nefesh no significa alma. Nefesh es traducido de distintas maneras en las escrituras: vida, criatura, alma, persona, apetito, ser, mente, deseo, pasión. A pesar de que ‘alma’ es una de las traducciones de la palabra, probablemente no sea la más adecuada, especialmente en este contexto de aflicción. Nefesh tiene que ver más con la vida física del ser, ya sea persona o animal.
En hebreo se dice por ejemplo “Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta” (Ex 1:5). La palabra hebrea para personas es nefesh. De igual manera cuando se realizaban los censos, se contaban los nefesh, etc. La palabra nefesh habla de la vida física misma de una persona.
Pasemos a la palabra para aflicción ahora. Esta palabra viene de la raíz ענה (aná) que tiene que ver con la aflicción, tristeza y opresión. Pero desde la perspectiva hebrea, esta palabra está relacionada con una raíz muy parecida, que es ענו (anav), que significa humildad.
Por definición, en el hebreo, una persona humilde es una persona afligida u oprimida, en el sentido de que una persona humilde debe ponerse por debajo de los demás.
Teniendo ahora un mejor entendimiento de estos términos, veamos que significan cuando aparecen juntos en las Escrituras.
Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se volvía a mi seno.
Salmo 35:13
Como pueden ver, el salmista nos da la respuesta de lo que significaba en el Israel antiguo. Ambas palabras que estamos estudiando aparecen aquí, y en adición vemos cómo el salmista afligía su nefesh; con ayuno.
El ayuno es la manera más simple de “afligir” nuestro cuerpo, y a la vez, tan difícil para tanta gente. Es la forma en que se priva al cuerpo del sustento más básico. Y cuando el cuerpo es privado de algo, lo hacemos en pos del espíritu.
La amplia mayoría de los pecados del ser humano son realizados con el cuerpo (hay excepciones, como por ejemplo, la codicia). Entonces es por esta razón que cuando meditamos en las cosas que debemos reparar de nosotros mismos, es un buen ejercicio quitarle al cuerpo (por medio del cual pecamos) el sustento más necesario.
Vemos la misma relación en el icónico pasaje de Isaías 58 (todo este capítulo habla precisamente de Yom Kipur):
¿Por qué, dicen, ayunamos y no hiciste caso?; ¿humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? (Is 58:3a)
No hay duda de que el ayuno es un requerimiento, para aquellos que deciden observar este santo día de Yom Kipur. Pero hay que poner atención: esto es necesario y requerido para todos aquellos que no tengan su salud comprometida.
Una persona nunca debería ponerse en riesgo para cuidar un mandamiento. Esto va precisamente en contra del principio bíblico de preservar la vida. Y por el otro lado, aquellos que sí ayunan, y van a la congregación todo acongojados, por la “difícil tarea” de no haber comido o bebido por 24 horas, es pertinente que lean la segunda parte del versículo de Isaías (en realidad les recomiendo leer todo el capítulo para su edificación):
He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. […]
¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (Is 58:3b, 6-8)
Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Yehováh será tu retaguardia.
En conclusión, el ayuno es importante y necesario para cumplir con la observancia de “afligir nuestras almas”, pero hay un ayuno aún más importante, que tiene que ver con nuestra teshuvá (arrepentimiento) y cambio de accionar en nuestras vidas.