Abraham, el elegido de Yehováh

Muchos piensan que el llamado de Dios debe venir “desde la cuna“….

Dentro del judaísmo se dice que Abraham fue “el primer judío“. Si estudiamos la historia de manera técnica podemos aseverar que esta afirmación es incorrecta, dado que un “judío” es originalmente alguien nacido o proveniente de la tierra de Judea. Un judío es también alguien nacido dentro de una familia judía o que practica la religión judía. Abraham obviamente no se ajusta a ninguno de estos criterios. ¿Porqué entonces se dice que Avraham fue el primer judío?

Para responder eso vamos a revisar el entendimiento del apóstol Pablo, o Shaúl, otro judío que vivió en la segunda mitad del primer siglo. Esto nos dará una idea de cómo el judaísmo entendía el término ser judío en ese período.

Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.

Romanos 2:28-29

Sin entrar en la discusión acerca de la circuncisión, ya que no es el propósito de este artículo traer todo el contexto requerido para estudiar ese punto, podemos ver cómo Pablo hace un contraste entre la naturaleza interior del hombre y su apariencia externa. Además, hace alusión a un elemento importante aquí, que es la posibilidad de que una persona no judía (o, incircuncisa) pueda “ser judía” de acuerdo a su manera de obrar. En muchos casos superando a aquellos que son judíos en la carne pero que no obran en consecuencia con ello.

¡Esto es impensable incluso para el judaísmo moderno! Un “judío” hoy en día es aquel que nació de madre judía, o se convirtió de acuerdo a las regulaciones ortodoxas, punto. Y aún así este mismo judaísmo afirma que Abraham fue el primer judío.

Habiendo determinado que esa denominación esta basada en las obras y la naturaleza interior de la persona, quiero ahondar ahora en qué es lo que Abraham hizo, o cómo vivió él para merecer tal honor.

¿Qué hizo Abraham para merecerlo?

Abraham fue la vigésima generación desde Adán. Tenemos diez generaciones de Adán a Noé y diez más desde Noé a Abraham. No hay duda de que muchos de los patriarcas tuvieron un llamado especial y fueron los responsables de preservar el conocimiento del Creador para la posteridad. Enoc ascendió al cielo, y Noé tuvo que preservar la humanidad y los animales, una tarea y responsabilidad inigualables; pero Abraham fue el primero que recibió la promesa de la Tierra Prometida y el primero en hacer un pacto con el Creador, que incluiría a ¡todos sus descendientes!

Muchos piensan que el llamado de Dios debe venir “desde la cuna“, y una vez que tenemos 30 o 40 años de edad ya nos volvemos impacientes y terminamos resignándonos a una vida de mediocridad… ¡Abraham tenía 75 años cuando fue llamado por Yehováh! De más está decir que hoy en día no llegamos a esa edad en las mismas condiciones físicas que en ese entonces. Y no es necesario culpar a los cambios atmosféricos o al desgaste genético a través de las generaciones; no hace falta irse más lejos que nuestros estilos de vida sedentarios y nuestra dieta basada en alimentos procesados y comida basura.

Yehováh le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré.

[…]

Y Abram partió, tal como YHVH se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.

Genesis 12:1,4

Abraham era un hombre de acción. El fue llamado y sabía qué era lo correcto, y sin importar sus limitaciones, o la muy posible comodidad de la que el disfrutaba en las tierras donde vivía con todas sus riquezas, siguió aquel llamado hacia lo desconocido.

Lo interesante llegó cuando el resultado de aquel llamado no se tradujo en bendición inmediata y tribus cananeas dándoles la bienvenida en una tierra de abundancia, sino todo lo contrario. Casi inmediatamente después de llegar a la “Tierra Prometida”, Abraham tuvo que irse hacia Egipto a causa de una hambruna.

¿Somos llamados para bendición o… ?

Cuando hablamos de bendición en el sentido religioso siempre es asociado con recibir cosas buenas, abundancia material, prosperidad, etc. Y a pesar de que esas cosas pueden estar incluidas en el “paquete” (Abraham las poseía también), es importante darse cuenta de que ese no es el fin en sí mismo, sino una consecuencia o resultado de nuestro caminar fieles al llamado.

Tanto Abraham como cada uno de nosotros somos ‘llamados’ porque debemos convertirnos en aquella persona digna del llamado. Es decir, no somos llamados porque ya somos ese héroe perfecto de película hollywoodense que puede solucionar los problemas del mundo, sino porque tenemos ese potencial.

Y la manera en que se puede desatar este potencial, es a través de las pruebas y los desafíos. Los obstáculos. La mayoría de las personas se rinden cuando encuentran obstáculos o desafíos. Esta es la manera en que el Creador puede diferenciar a los “superhéroes” de la mediocridad. ¿Recuerdan la parábola de Yeshúa acerca de aquellos que llegan a dar fruto? Definitivamente no son todos. La mayoría de la semilla esparcida no llega a dar fruto, y mucha se “ahoga entre la cizaña”.

De acuerdo al famoso rabino Maimónides, Abraham tuvo que pasar por 10 pruebas principales durante su vida.

1 Debió abandonar su tierra.

2. La hambruna en la tierra de Canaan.

3. Sara es capturada por el Faraón.

4. La guerra contra los 4 reyes que capturaron a Lot.

5. ELa toma de Hagar como esposa.

6. La mitzvá de circuncidarse a si mimo.

7. Sara fue llevada al palacio de Avimelej.

8. La expulsión de Hagar.

9. La expulsión de Ishmael.

10. La Akedá (la prueba de sacrificar a Isaac).

Podemos decir con certeza que la gran mayoría de nosotros nunca pasó ni por una ínfima parte de lo que tuvo que pasar Abraham. Y sin embargo él salió victorioso de todos estos desafíos que, por cierto, ¡comenzaron a su edad de 75 años!

A la edad de 99 (!!!) la señal del pacto le fue dada en la circuncisión y, un año más tarde, ese hijo de la promesa nació.

¡Cuántas cosas podemos aprender de la vida de Abraham! El padre de nuestra fe no solamente lo fue de palabra, sino en cada una de sus obras y las decisiones que tuvo que tomar a lo largo de su vida. La fe de Abraham, la emunáh en hebreo, lo llevó a tomar decisiones drásticas en su vida sin tener evidencia alguna de lo que había “del otro lado”. Esto le consiguió un lugar especial entre los patriarcas del pueblo de Israel, además de una influencia que continúa viva después de 4000 años.

Abram creyó a Yehováh y le fue contado por justicia.
Genesis 15:6