Palabras que Contaminan

Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón.

El relato de Miriam, la hermana de Moshé, nos ofrece una de las lecciones más solemnes de las Escrituras sobre el poder de nuestras palabras. A menudo minimizamos el impacto de un comentario casual, una queja o una opinión sobre la vida de los demás, pero el episodio en Números 12 revela que, ante los ojos de Yehováh, la murmuración no es un pecado menor; es una afección espiritual destructiva con consecuencias visibles y profundas.

A continuación, desarrollamos este tema enfocando el problema de la crítica, sus implicaciones y su urgente aplicación para nuestros días.

La Raíz del Problema: Lashón Jará (La Lengua Mala)

El texto base nos aclara que la tzara’at —erróneamente traducida en muchas versiones como lepra— no era una simple afección médica contagiosa, sino la manifestación física de una crisis espiritual. Los sabios de Y’hudáh siempre han vinculado esta condición directamente con los pecados de la lengua, agrupados bajo el término lashón jará.

Miriam y Aharón hablaron contra Moshé usando como pretexto su matrimonio con una mujer cusita. Sin embargo, el texto bíblico deja ver que el verdadero trasfondo era el orgullo y el cuestionamiento de la autoridad espiritual que Yehováh le había otorgado a su hermano:

¿Solamente por Moshé ha hablado Yehováh? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Yehováh.

Números 12:2

La crítica casi nunca nace de un deseo genuino de corregir, sino de un corazón que busca elevarse a sí mismo rebajando al prójimo. Miriam, una profetisa respetada y líder en Israel, cayó en la trampa de la murmuración, demostrando que nadie está exento de este peligro si descuida la guardia de su boca.

Terribles Consecuencias de la Crítica

El juicio divino ante la murmuración de Miriam fue inmediato y drástico, dejándonos ver tres consecuencias principales que la crítica acarrea:

  • La pérdida de la presencia divina: Las Escrituras narran que cuando la ira de Yehováh se encendió, la nube que representaba su Presencia se apartó del Tabernáculo. Inmediatamente después, Miriam quedó cubierta de tzara’at, blanca como la nieve (Números 12:9-10). La murmuración ahuyenta la comunión con el Padre.

  • La exclusión y la vergüenza: Por orden divina, Miriam tuvo que ser expulsada del campamento y quedar aislada durante siete días (Números 12:14). El chisme y la crítica rompen el tejido social; separan a los amigos y aíslan a quien los practica, destruyendo la confianza comunitaria.

  • El estancamiento del pueblo: El relato señala un detalle muy significativo:
    Y el pueblo no partió hasta que se reunió Miriam otra vez. Números 12:15. 
    La crítica de una sola persona o de un pequeño grupo tiene el poder de detener el avance espiritual de toda una comunidad. Mientras haya murmuración en medio del pueblo, el viaje hacia las promesas del Padre se detiene.

Cómo enfrentamos hoy esa Epidemia Invisible

Hoy en día ya no vemos a las personas quedar cubiertas físicamente de tzara’at tras emitir un juicio, lo que ha provocado que perdamos el temor hacia este pecado. Sin embargo, la tzara’at moderna es invisible pero igualmente devastadora.

Al vivir en una cultura hiperconectada, la crítica se ha popularizado. A través de las redes sociales, los mensajes de texto o las conversaciones casuales, el lashón jará se propaga a la velocidad de la luz, con tan solo un clic. Juzgamos a los gobernantes, los ministerios, las decisiones familiares, los defectos físicos, y las caídas de nuestros hermanos con una ligereza alarmante.

Olvidamos con frecuencia la severa advertencia de las Escrituras respecto al poder de lo que hablamos:

La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

Proverbios 18:21

Cuando criticamos, manifestamos una profunda ceguera espiritual. Nos convertimos en jueces de los demás olvidando nuestra propia condición. Tal como nos recuerda el profeta Isaías, ante la santidad del Creador, ninguno puede jactarse de su propia rectitud:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Isaías 64:6

El Propósito del Aislamiento y el Camino a la Sanidad

El texto base resalta un punto crucial: el confinamiento de Miriam no fue solo un castigo, sino una oportunidad. Esos siete días de soledad forzada fuera del campamento le sirvieron para reflexionar, evaluar sus palabras y reenfocar su relación con Yehováh y con su prójimo.

Nosotros no deberíamos esperar a que una crisis, una enfermedad o una circunstancia extrema (una tzara’at moderna) nos obligue a detenernos. Necesitamos buscar voluntariamente momentos de quietud y aislamiento con nuestro Padre para examinar el estado de nuestro corazón. No se trata de volvernos ermitaños —pues Proverbios 18:1 advierte que el hombre esquivo busca su propio capricho— sino de buscar la intimidad con el Creador para ser limpios de toda amargura.

Si al examinarnos descubrimos que nuestra lengua ha sido contaminada por la murmuración y la crítica, la buena noticia es que hay provisión para una limpieza total. Así como el leproso se acercó en los evangelios reconociendo su necesidad, nosotros podemos acudir hoy mismo al Mesías:

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Yeshúa extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

Mateo 8:2-3

La restauración comienza cuando reconocemos que nuestras críticas hacia los demás son, en realidad, el reflejo de nuestra propia necesidad de sanidad interna. Pongamos un freno a nuestros labios y permitamos que sea el amor, la misericordia y la edificación mutua lo que guíe nuestras palabras en la comunidad.

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